Excelso Fausto Neoclásico, por J.C.Deus

Otra vez el mito de Fausto. Otra vez esta periclitada travesura romántica del mortal que vende su alma al diablo a cambio de una buena amante. Decenas, quizás centenares de versiones en todos los géneros musicales y artísticos nos contemplan. Es un mito muy gastado a estas alturas, porque quien no haya vendido su alma (opinión, criterio) al diablo (al jefe, a los amigotes, al vecino) a cambio de algo (dinero, halagos, comodidad) que tire la primera piedra. Esta vez es el Fausto de Jean-Christophe Maillot, con los Ballets de Monte Carlo en Los Teatros del Canal dentro del festival Madrid en Danza. Una disculpa, un guiño, para montar un espectáculo excelso, una demostración de que algo llamado el ballet neoclásico existe, y puede ser superior a todo lo que se imagina, ópera y cine incluidos.

Maillot primero se atrevió con la ópera del mismo título y el mismo tema de Charles Gunod, que presentó en 2006 en el Théâtre National de Wiesbaden. Y luego se ilusionó con llevarlo a su terreno, Les Ballets de Montecarlo que dirige desde hace quince años, y creó esta coreografía a su exacta medida, un ballet argumental que se ciñe como un guante a una partitura romántica que relata la tragedia de Fausto con tonos soberbios, y que presentó en Mónaco en diciembre de 2007 obteniendo otro de sus continuados éxitos, no en vano se trata de quien es considerado como «uno de los más importantes coreógrafos de la historia de la danza» en afirmación nada arriesgada del director de los nuevos teatros madrileños, el catalán Albert Boadella.

Considera Maillot el relato del ‘Fausto’ de Goethe, «una historia extraordinaria, un texto profundo que es preciso abordar con humildad». Tras plasmar la verisón operística de Gunod, comenzó a preparar un ballet con una música de estreno. Pero a sólo cuatro meses del estreno, el compositor contratado cayó en profunda depresión y se dio por vencido, y entonces nuestro hombre se acordó de Franz Liszt.

A su música, tres movimientos dedicados consecutivamente a cada uno de los protagonistas del drama -Fausto, Margarita y Mefistófeles-, con arreglos posmodernos de chirridos y rugidos telúricos, ha incorporado una coreografía excelsa, que fluye al unísono, que describe y amplía, y que -lo que es bien difícil de lograr-, narra de forma convicente y mantenida, aunando forma y contenido.

En realidad, los personajes son cuatro, pues Maillot aporta el de la Muerte, lo que le permite convertir el triángulo en dos parejas, y crear un dueto tenebroso y sarcástico con el señor de los infiernos y la dama de las tinieblas, tan magistral que a punto está de eclipsar a la pareja protagonista. Si Mefistófeles es genial en su presentación y desempeño, la Muerte le supera. El rictus de la sonrisa permanente del primero y los largos dedos hipnóticos de la segunda dominan la obra con acierto descomunal.

Es difícil contemplar una coreografía que aún siendo bella y lograda no tenga meandros y disgresiones en los que la magia se interrumpe. En ésta, no ocurre ni una sola vez. La coreografía es una narración exacta y al mismo tiempo compleja, en la que siempre existen dos o tres discursos paralelos que llenan el escenario y exigen al máximo del maravillado espectador, y en la que los personajes principales continuamente viven desdoblados en su sombra, en su grupo, en su antitesis, desdoblamientos que no son miméticos, que son variaciones sobre el mismo tema, intentando plasmar la complejidad psicológica humana con este juego de espejos en movimiento.

Junto a ello, este ballet apellidado neoclásico funde los principios magistrales del ballet tradicional con la explosión libertaria de la danza contemporánea, y el cóctel resulta superior a sus componentes. Si uno quiere saber lo que hay detrás de esta etiqueta de ‘neoclásico’, basta con ver este ejemplo paradigmático para comprenderlo sin necesidad de malditas las palabras. La técnica procede de la académica, pero las formas y pasos adquieren una dimensión expresiva menos encorsetada y con mayor fluidez en torso y extremidades. A diferencia del ballet clásico, donde el movimiento se encuentra totalmente codificado (respeto absoluto por las cinco posiciones básicas, las puntas, pliés y grand battement, etc.), el ballet neoclásico rompe con este corsé creativo.

La historia de Les Ballets de Montecarlo tiene un siglo tormentoso de cierres, traslados y refundaciones, hasta que en 1985, Carolina de Mónaco inició su patrocinio demostrando visión más allá de su atribulada vida privada, pues la compañía es itinerante una parte del año y recorre los grandes escenarios internacionales, contribuyendo a crear una buena imagen a un Principado no poco necesitado de la misma. En 1993, se incorpora a dirigirla Jean-Christophe Maillot (1960, Tours, Francia) y desde entonces suman aciertos, tanto en sus estrenos (Dové la luna, Recto-Verso, Vers un pays sage, Entrelacs, Opus 40, Men’s Dance, D’une rive à l’autre y Miniatures) como en sus versiones de los clásicos del género, ya sea Romeo y Julieta o El Cascanueces.

Hay que destacar la presencia en la compañía de siete bailarines españoles. El protagonista es Asier Uriagereka, que encarna el papel de Fausto. Ha estado solamente tres días en Madrid pero le han bastado para afirmarse como uno de los mejores espectáculos de este año, a pesar de la falta de programa de mano y de traducción de las partes líricas finales. Nos ha hecho recordar con pena la versión fallida de Arrabal y Balada del mismo tema, la ópera Faust-bal que inauguró la temporada en el Teatro Real. Si entonces tuvimos que lamentar, hoy tenemos que celebrar sin reparos lo que hemos visto.

FESTIVAL INTERNACIONAL MADRID EN DANZA
FAUSTO
LES BALLETS DE MONTECARLO
Estreno en España
Duración: 1 hora y 50 minutos (con intermedio)
Género: neoclásico
País: Principado de Mónaco
Teatros del Canal. Sala A
17 y 18 de abril a las 20.00 horas
19 de abril a las 19.00 horas

Coreógrafo director Jean-Christophe Maillot
Dirección artística y coreografía Jean-Christophe Maillot
Música Franz Liszt (Sinfonía Fausto)
Escenografía Rolf Sachs
Vestuario Philippe Guillotel
Iluminación Jean-Christophe Maillot, asistido por Jean-Pascal Alouges
Vídeo Gilles Papain
Asistente a la dramaturgia Josu Zabala

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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