Del antiguo Islam a Richard Rogers subiendo un solo piso, por J.C.Deus

Arte secular islámico y arquitectura de vanguardia: es la doble propuesta con la que Caixaforum atraerá visitantes este verano como complemento a la exposición de Sorolla en el Prado y la de Matisse en el Tyssen. ‘Los mundos del Islam en la colección del Museo Aga Khan’ es la primera oferta, y ‘Richard Rogers + Arquitectos. De la casa a la ciudad’, la segunda.

El líder político y espiritual de la tercera corriente del Islam además de los conocidos sunitas y chiitas, el Aga Khan ha dedicado no pocos fondos en las dos últimas décadas a juntar una colección de arte islámico que pronto dispondrá de sede propia en la ciudad canadiense de Toronto. Junta valiosas y significativas piezas de la práctica totalidad de las dinastías históricas del mundo musulmán, vestigios de los abasíes, fatimíes, safavíes o mogules, que combinando elementos procedentes de tradiciones culturales dispares, -de lo romano a lo persa, de lo turco a lo chino, de lo magrebí a lo hindú, produjeron un monumento de personalidad propia a lo largo de 1.400 años y tres continentes. Un conjunto de 190 objetos en madera, piedra, oro, bronce, marfil, vidrio, cerámica, tejido, pergamino y papel intenta ofrecernos una introducción a universo tan complejo, extendido desde la antigua Al Ándalus hasta la India, de Mongolia a Turquía.

En el piso superior nos presentan a quien aspira a ser ‘el último humanista’, el arquitecto Richard Rogers que se tiene por benefactor de la sociedad civil y adalid de la inclusión social a través de sus realizaciones en las últimas cuatro décadas, un enorme legado que ha crecido desde viviendas individuales a rediseños de enormes áreas metropolitanas, que incluye edificios y complejos singulares convertidos en símbolos de las ciudades donde se levantan, y cuya obra viene a ser paradigma de la importancia que han adquirido actualmente los grandes arquitectos globales, dos decenas de diseñadores de la realidad cuyo poder e influencia es inaudito, sensacional y discutible.

Así que el azar y el destino han juntado este verano en Madrid dos oportunidades remarcables de reflexionar sobre el pasado y el presente, sobre lo que ha supuesto el Islam en la historia de la humanidad, y lo que han supuesto los grandes arquitectos en la compleja sociedad planetaria del cambio actual de milenios. Relacionando ambas propuestas, nos encontramos primero con una religión convertida en civilización dominante de enormes dimensiones espacio temporales, comparables a las del cristianismo. Sus grandes y poderosas dinastias, aquellos Omeyas, Fatimíes, Otomanos y Mogules, caben ahora en unas salas de este centro cultural, quedan reducidas a puertas, vigas y papiros, a vasijas y herramientas, a unos pocos restos del mayor cataclismo de todos, el paso del tiempo. Objetos sueltos, esparcidos por lejanas regiones y tiempos vastísimos que contrastan con el impacto concentrado del trabajo de este arquitecto, que junto a sus colegas forma una élite cuya influencia e impacto en el mundo de hoy deja pequeño el que tuvieron sus antecesores, que aunque levantaran las Pirámides, el Coloseo o el Escorial, no disponían de las capacidades técnicas concentradas que hoy permiten a Richard Rogers trabajar en una docena de megaproyectos simultáneamente en cinco continentes.

VESTIGIOS DEL PASADO ISLÁMICO

Su Majestad el Rey de España y Su Alteza el Príncipe Aga Khan inauguraron la exposición de los mundos del Islam, dentro de la serie que la Obra Social ”la Caixa” dedica a las culturas de la antigüedad para mostrar las distintas formas en diversos lugares y épocas de enfrentarse a las grandes cuestiones universales, como las dedicadas a la escultura figurativa india o a la civilización etrusca. Muestra un conjunto de 190 objetos de arte islámico que abarcan catorce siglos de historia, y según sus organizadores pretende cuestionar los tópicos actuales sobre la polaridad entre Oriente y Occidente, y acercar puntos de vista sobre la cultura musulmana, parte integral de la herencia histórica española. A través de obras de arte de distintas
épocas y orígenes geográficos, la exposición refleja el esplendor de la cultura musulmana en toda su diversidad, poniendo de manifiesto su pluralismo uniforme o su uniformidad plural, tanto en las interpretaciones de la fe coránica como en la variedad de estilos,
materiales y técnicas que forman sus expresiones artísticas.

Para su exhibición en España, se ha planteado una nueva organización de los fondos de la colección, teniendo en cuenta que se celebra en un país que ha tenido su propia cultura musulmana. Entre las obras expuestas, destaca un rico grupo de manuscritos y miniaturas con representaciones figurativas que se hallan entre las mejores realizaciones no únicamente del ámbito islámico, sino del arte universal. Vienen a rebatir el
difundido tópico de la prohibición de las imágenes en el arte islámico, pues si bien es cierto en la esfera de lo religioso, no lo es en el ámbito civil, oficial o privado.

Los primeros seguidores del islam fueron tribus nómadas que carecían de
tradición artística. Por ello, una de las características del arte islámico es su capacidad de absorber los principales rasgos del arte de los pueblos que conquistaron. Uniendo distintas influencias lograron crear un estilo artístico propio, fácilmente reconocible aún hoy en día.

La exposición presenta las distintas dinastías islámicas, con su respectivo radio de influencia territorial, aparecidas a raíz de la desarticulación del califato abasí a finales del siglo IX: omeyas (Al Ándalus), fatimíes y mamelucos (Egipto), otomanos (Turquía), safavíes y qayaríes (Irán) y mogules (India).

Destaca la corte fatimí, que se caracterizó por su opulencia y de la que son testimonio algunas de las piezas de joyería expuestas. Los rasgos esenciales de la cultura cortesana islámica se trazan a partir del retrato genérico del perfil de sus soberanos. Se hace hincapié en el elevado nivel cultural de las cortes islámicas, responsables de la difusión de los conocimientos de la antigua Grecia en Occidente a través de sus traducciones en árabe.

También se reflejan en la muestra algunos de los rasgos fundamentales de la arquitectura islámica, como por ejemplo un capitel de tradición romana pero con motivos ornamentales islámicos, así como vigas y puertas de madera labrada.

Los ejemplos más destacados de pintura se encuentran en los libros ilustrados con miniaturas y en retratos de reyes y sultanes.

Las obras expuestas se distribuyen a lo largo de tres grandes secciones. La parte central se ha denominado La fe coránica, y las otras dos proponen un recorrido cultural por las distintas cortes islámicas a través de la metáfora del viaje en dos etapas geográficas: De Córdoba a Damasco y De Bagdad a Delhi.

El Corán es la omnipresente fuente de inspiración, y se expone una espléndida colección de coranes de todo el arco geográfico representado en la exposición, desde algunos folios de los siglos IX y X escritos en oro, procedentes del norte de África, hasta un corán indonesio del siglo XIX, junto a piezas de porcelana, cerámica pintada, oro o madera tallada donde se inscribe el texto sagrado.

Las inscripciones coránicas se incorporaron a la arquitectura, talladas en piedra o en forma de friso, en ladrillos y azulejos. Una serie de puertas y de vigas con leyendas coránicas, supervivientes del terremoto de los siglos, es el punto de máxima emoción de la muestra. A destacar también, representaciones diversas de místicos sufíes o derviches, que en algunas obras de arte aparecen junto a sus señores conversando sobre temas religiosos, y diveros planos y representaciones de la Meca.

La variada selección de piezas únicas alude a una historia tan desconocida como impresionante, a los Omeyas, derrocados en Siria, refugiados en Al Ándalus en el 756. Los abasíes que desplazan el centro cultural y político de Damasco a Bagdad. Los fatimíes que llegaron a dominar la Meca y Medina, Yemen y algunas zonas de Palestina y Siria, hasta sucumbir en el año 1171 a manos de Saladino. A su muerte,
el gobierno pasó a manos de la casta militar de esclavos de élite, los
mamelucos. En los siglos XV-XVIII, los estados otomano, safaví y mogul
dominaban un amplio territorio entre Oriente Medio, África y la India, y
obtenían enormes ganancias a través del comercio.

Los conquistadores arabomusulmanes del siglo VII invadieron la totalidad de los territorios de su antiguo rival, el imperio persa, y crearon una sola unidad territorial entre el Tajo y el Indo. En el año 651 se produce la conquista islámica de Irán. El Gran Irán —que en distintos momentos de la historia llegó a englobar Irán, Irak, Armenia, zonas de Turquía, Siria, Afganistán, Pakistán y algunas regiones costeras de la Península Arábiga— se convirtió en parte del califato abasí. Los musulmanes recibieron en Irán el influjo de China. Los selyuquíes y los
janes mongoles derrocaron al califato abasí en 1258. La dinastía qayarí reinó en Irán desde 1779 hasta 1925.

Y PRESENTE DE LA ARQUITECTURA POSMODERNA

El veterano y prolífico Richards Rogers, nacido en Florencia en 1933, es presentado de forma avbrumadoramente laudatoria, con un discurso que pretende demostrar que sus proyectos son beneficiosos para la sociedad y fomentan la inclusión social. Estuvo presente en la inauguración de este detallado, y sin duda espectacular y soberbio resumen de su trabajo en los últimos cuarenta años, lo que permite hacerse una idea apabuillante de su obra arquitectónica y urbanística, así como aproximarse a la valoración del impacto e influenciam que han tenido en las últimas décadas estos superaraquitectos globales, que uno duda de calificar de artistas, pero que sin duda lo son a una escala inimaginable en el pasado. Ya no construyen edificios sueltos, levantan megasímbolos, diseñan megalópolis, modifican paisajes.

Desde el Centro Georges Pompidou (1971-1977) a la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, desde la casa Zip-up de 1968 hasta la propuesta para el desarrollo urbano de la zona Lu Jia Zui en Shanghai, se depsliega en una sala diáfana un catálogo de realizaciones realmente impresionante. Quince o mas proyectos se ilustran con maquetas, dibujos, fotografías, filmaciones y escritos del arquitecto.

La muestra se inauguró en noviembre de 2007 en el Centro Pompidou de París, coincidiendo con el trigésimo aniversario del complejo cultural, y luego viajó al Design Museum de Londres, donde se pudo ver durante la primavera y el verano de 2008. Después de su exhibición en CaixaForum Barcelona, la muestra llega a Madrid antes de continuar su periplo internacional por Europa, Asia y Norteamérica.

Presenta un mural de cincuenta metros con su producción arquitectónica por orden cronológico, una revisión de cuarenta años de teoría y práctica arquitectónicas. Dedica una especial atención a los proyectos españoles actuales y de futuro, desde el Centro Tecnológico Palmas Altas en Sevilla, al tren de alta velocidad en Valladolid y el puente de la Expo de Zaragoza.

Se organiza en siete secciones, cuyos títulos ya son un manifiesto laudatorio: Transparentes, Legibles, Ecológicos, Públicos, Urbanos, Ligeros y Sistemas, y en cada una destacan uno o varios
proyectos que son clave en cada ámbito. De este modo, el visitante conocerá los hitos más importantes del arquitecto en todo el mundo, como, por ejemplo, el edificio Lloyd’s (Londres), el Centro Pompidou (París), el Tribunal de Burdeos, la Asamblea Nacional de Gales (Cardiff), la Cúpula del Milenio (Millennium Dome, Londres), el plan urbanístico de Pudong (Shangai), la Terminal 4 de Barajas
(Madrid) y el edificio 88 Wood Street (Londres). La exposición se completa con otros dos ámbitos, Primeros Proyectos y Proyectos Actuales.

El Lloyd’s of London s epresenta como exponente del concepto de «legibilidad», el intento de hacer
visibles las actividades que tienen lugar dentro del edificio, de darles identidad, en vez de considerarlas funciones anónimas dentro de bloques uniformes.

El estudio de Rogers defiende firmemente la ligereza y siempre procura lograr la máxima economía de medios: la Cúpula del Milenio, en Londres, no es sino una gran carpa de estructura mínima
sostenida por unos cables de gran longitud.

La utilización de recursos naturales para el control térmico de los edificios es ilustrada con el Tribunal de Burdeos, que usa sistemas pasivos de refrigeración y ventilación que minimizan el consumo de energía generadora de dióxido de carbono. En Cardiff, la Asamblea Nacional de Gales es presentada como ‘ejemplo de la unión entre la
transparencia democrática y una estrategia ecológica avanzada’. El espacio público que rodea la sala de sesiones dispone de ventilación natural y el suelo sobre el que se asienta el edificio funciona como un depósito de refrigeración.

En cuanto a los procesos de producción innovadores y el uso de materiales de alta tecnología, inconcebibles hace dos décadas, se muestra un sistema industrializado de viviendas para ser producido en Corea del Sur basado en unidades prefabricadas a un
coste del 20 % del de un apartamento convencional.

El aeropuerto de Barajas es ejemplo de fusión entre diseño y producción en serie; la estructura del edificio se basa en un sistema constructivo racional y repetitivo, producto de las necesidades de la ingeniería. El imponente resultado final se deriva de su funcionalidad y de la utilización de materiales modernos. Otro caso parecido, incluido en este ámbito de la exposición, es la Terminal 5 del aeropuerto londinense de Heathrow.

Una fachada acristalada puede parecer una masa sólida durante el día. Pero la iluminación, tanto natural como artificial, consigue que el edificio sea transparente. La iluminación del interior de las oficinas acentúa la expresividad de las fachadas del proyecto 88 Wood Street. El atrio del edificio de Channel 4 recibe luz natural durante el día, y por la noche se convierte en el centro de actividad de la cadena de televisión.

Para este constructor de mundos, la única forma sostenible de desarrollo
urbano para las generaciones futuras son las ciudades compactas y con más de un centro urbano. Deben combinar vida y ocio. Los peatones, las bicicletas y el transporte público tienen prioridad sobre el coche. En vez de expandirse por los valiosos espacios verdes, las ciudades deberían
utilizar suelo abandonado y edificios vacíos en desuso. Los centros comerciales de las afueras de las ciudades, los polígonos empresariales y las urbanizaciones suburbanas, a los que se accede con vehículo privado, son los enemigos de una ciudad próspera.

El plan urbanístico que el estudio de Rogers diseñó para el distrito de Lu Jia Zui de Pudong, en Shanghai, una de las ciudades con el crecimiento más acelerado del planeta, ofrecía la posibilidad de conseguir una ciudad verdaderamente sostenible, compacta, abierta las 24 horas del día, donde el sistema de transporte público llegara a todas partes y donde las viviendas estuvieran cerca de los lugares de
trabajo. Se basaba en una retícula urbana, pero la ciudad finalmente optó por otra solución. Sus planes urbanísticos para otras ciudades, como Florencia, Viareggio, Berlín, Manchester y Londres, se han basado en un enfoque parecido.

Los espacios públicos activos reflejan una sociedad próspera, actúan como un catalizador: genera energía y entusiasmo, y aporta la calma y la tranquilidad necesarias para descansar del ruido y el caos inherentes a las ciudades. Hay una tradición urbana continuada, que enlaza el Partenón de Atenas con la Piazza del Campo de Siena y la Trafalgar Square de Londres, y que refleja el equilibrio entre la vida colectiva y el privilegio privado.

‘El mayor reto al que se enfrenta un arquitecto es diseñar edificios que activen la vida de las ciudades en las que se construyen’, dice, y en ningún otro proyecto es tan evidente como en la Place Beaubourg de
París. ‘una mezcla entre el British Museum y Times Square’. Otros ejemplos del trabajo de Richard Rogers en este sentido son los proyectos para el Centro de Congresos de Roma (2000) y el complejo artístico South Bank (Londres, 1994).

Entre los muchos proyectos que ha desarrollado o está ejecutando en España, se pueden observar al detalle la reforma de la plaza de toros Las Arenas, las bodegas Protos de Valladolid, el Centro
Tecnológico Palmas Altas para el Grupo Abengoa en Sevilla, el Hotel Hesperia de L’Hospitalet de Llobregat, el proyecto de plan urbanístico en Valladolid y el Campus de la Justicia de Madrid.

En fín, entre la viga tallada de roble toledano del siglo XIII, procedente de un palacio moro, y la bodega vallisoletana que Rogers ha levantado para la marca Protos, hay mucho de lo que maravillarse y cavilar en estas dos facetas tan dispares, el antiguo imperio mahometano y la megarquitectura del futuro. Sin olvidar que además de todo lo bueno que puede decirse de ambos, el exacto tono es siempre el claroscuro.

La exposición Richard Rogers + Arquitectos. De la casa a la ciudad se podrá ver en CaixaForum Madrid (Pº del Prado, 36) del 9 de julio al 18 de octubre.

La exposición Los mundos del Islam en la colección del Museo Aga Khan, comisariada por Benoît Junod, director de Museos y Exposiciones del The Aga Khan Trust for Culture, podrá verse del 5 de junio al 6 de septiembre, y posteriormente viajará a CaixaForum Barcelona.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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