Lulu a palo seco, por J.C.Deus

Una joven, rescatada del arroyo por un rico padrino abusador, remonta la escala social sirviéndose de hombres sumisos a los que seduce friamente hasta asesinar a uno de ellos, ir a la cárcel y escapar gracias a la ayuda de una condesa también enamorada de esta implacable Lulu. A partir de ese momento, cambia su sino, y obligada a prostituirse por hombres malvados, termina siendo víctima de un criminal de los bajos fondos. Un argumento que en 1937 era un revulsivo para una ópera, pero que hoy apenas impresiona, cediendo paso a lo verdaderamente importante: la tempestad musical que consumió a Alman Berg en sus últimos años de vida.

El Teatro Real de Madrid abre la temporada con el eje conductor de los papeles femeninos operísticos, y elege una de las óperas fundamentales del siglo XX. La protagonista es una ‘femme fatale’ que, al igual que una mantis religiosa, provoca la destrucción de todas las personas atraídas por su fatal encanto, e incluso desata su propia aniquilación. Basada en las tragedias Espíritu de la Tierra y La caja de Pandora de Frank Wedekind, que supo plasmar el desencanto de la burguesía de su tiempo, la ópera quedó incompleta a la muerte de su autor y se estrenó así en la Ópera de Zúrich el 2 de junio de 1937. Lulu fue completada por Friedrich Cerha tras la muerte de la viuda, Helene Berg. Ésta se había opuesto a que se terminara el Acto III por contener alusiones más que evidentes a la relación adúltera de su esposo. Esta versión completada se estrenó en la Ópera de París el 24 de febrero de 1979, bajo la dirección de Pierre Boulez.

El director de escena alemán Christof Loy, -tras Ariadne auf Naxos de Richard Strauss en la apertura de la temporada 2006-07-, repite en el Real con este montaje, coproducido con la Royal Opera House de Londres, donde se estrenó en junio pasado. Loy ni siquiera vino a Madrid, y delegó en sus ayudantes, Herbert Murauer y Thomas Wilhelm. Total, para tal montaje daba lo mismo todo.

Un montaje mínimo, que no es lo mismo que minimalista sino cercano a escaso, a insuficiente, carente de referencias que orienten en la compleja trama, y que por desgracia en vez de cumplir el objetivo sagrado de todo director artístico, es decir, facilitar la comprensión de la obra para así permitir al espectador centrarse en las voces y la música, complica enormemente la situación. Con razón los responsables del teatro recomiendan muy vivamente estudiarse el libreto antes de la representación.

Un libreto ya de por sí algo fallido, porque Berg era un gran músico que no debió meterse en otras camisas de once varas. Más vale prescindir de seguirlo a través de los exasperantes subtítulos. Hay que elegir concentrarse en la música, que es un inmenso vagar por los filones de la música universal, un ecléctico muestrario de maravillas, situado más allá de las posibilidades de un aficionado, incluso de muchos expertos.

Las indicaciones de Berg sobre el decorado y ambientación de los tres actos y sus muchas escenas, han sido ignorados. Sólo la destacada iluminación de Reinhard Traub intenta establecer ambientes diferentes en un escenario prácticamente vacío habitado por cantantes que interpretan hasta cuatro personajes diferentes, vestidos todos de forma indistinta, indistinguible.

Casi tres horas de duración a las que sumar dos descansos. Una ópera en alemán con subtítulos a menudo incomprensibles. Una partitura difícil incluso para veteranos amantes del género. Y todo ello en un escenario absolutamente vacío en el que nada ayuda a saber quién es quién. El mismo Berg introducía la obra con un listado de personajes, consciente de su dificultad. Porque tenemos además de Lulu, ‘joven alegre’, y de la condesa Geschwitz, ‘lesbiana, enamorada de Lulu’, tres esposos consecutivos más cuatro pretendientes, el supuesto padre y el asesino ritual. Esposos y pretendientes transmutados en opresores son interpretados a pares por los cantantes. Demasiadas complicaciones para empeorarlas sin la menor ayuda escenográfica.

La ación se desarrolla en Alemania y Londres, a finales del siglo XIX. Y Berg da instrucciones muy precisas para los diversos actos y para cada escena y situación. En la escena primera del acto primero, por ejemplo: ‘Un estudio espacioso pero humilde. Al fondo, una puerta. En el medio, un estrado, y entre éste y la puerta, un biombo. Al frente, en un costado, un caballete sobre el cual hay un retrato de Lulú sin terminar. Al fondo, una escalera plegable y una escultura. Lulú, vestida de Pierrot, se encuentra posando sobre el estrado sosteniendo en su mano un cayado de pastora. El Pintor, frente al caballete, la está pintando. El Dr. Schön, se encuentra sentado en el extremo de un sofá con el sombrero en la mano y el abrigo puesto’.

En el acto segundo, Berg anota: ‘Magnífico salón en estilo renacimiento alemán, con techo de roble profusamente decorado. Maderas talladas a lo largo de la mitad inferior de las paredes; encima, sobre ambas paredes, tapices desteñidos. Al fondo, una galería con cortinas que al principio de la escena están entreabiertas. Una monumental escalera, a la izquierda, desciende desde la galería hasta la mitad del escenario. Debajo de la galería, puerta de entrada con columnas y frontispicio. Sobre la pared de la derecha, una gran chimenea y frente a ella un biombo; más adelante, una ventana cerrada con cortinas. A la izquierda, frente al pie de la escalera, una puerta cerrada, forrada de terciopelo genovés. En la galería, sobre un caballete, un retrato de Lulú como Pierrot con marco dorado antiguo. A la izquierda, en primer término, un gran sofá; frente a él, a la derecha, un sillón. En el centro del salón, una mesa cuadrada cubierta con un tapete; alrededor de la mesa, tres sillas tapizadas. Sobre la mesa, un ramo de flores blancas. Lulú con un vestido de mañana, está sentada en el sillón. Schön de pie, en primer plano, a la izquierda.

Y así sucesiva y pormenorizamente. ¿Por qué ignorarlo, por qué enmendar la plana al autor? Quizás puede y debe hacerse con óperas muy conocidas, pero no en la presentación de esta compleja Lulu. A la que además se ha cambiado el final para que la condesa lesbiana no muera.

Empuña la batuta el israelí Eliahu Inbal, y lo hace con autoridad y pericia. La emergente soprano sueca Agneta Eichenholz, que se alterna en dos funciones con la danesa Susanne Elmark, canta el papel titular, el de esa “serpiente del paraíso, un animal salvaje y bello que ha sido creado para hacer el mal, para atraer, tentar, envenenar, para matar sin que uno lo perciba”, como se la define en el prólogo de la obra, una mujer fría y calculadora a la que la vida hará pagar caro su implacable comportamiento.

La mezzo norteamericana Jennifer Larmore (que vuelve tras una larga ausencia al Teatro Real, donde defendió el papel titular de Giulio Cesare de Händel) encarna a la Condesa Geschwitz, enamorada de Lulu. Y Gerhard Siegel, a quien hemos podido ver recientemente en Faust-bal de Leonardo Balada, interpreta con altura tres papeles, príncipe, mayordomo y marqués, respectivamente.

Destaca por encima de todos Paul Groves en su papel de Alwa y resulta llamativo el naufragio actoral de Sten Byriel, al que tocan ni más ni menos que cuatro papeles -director del teatro, consejero médico, banquero y catedrático- entre los que nos perdemos sin solución.

Puede que sea cierto que el arte necesita esfuerzo y sufrimiento no sólo para crearlo sino para comprenderlo. Pero no hay que aumentarlo cruel y sádicamente hasta los extremos de esta producción, quizás la que menos nos ha satisfecho en muchos años en el Teatro Real. Casi todas las quince mil localidades están ya vendidas. Ojalá la gran acogida del público no termine en desilusión.

Lulu
Alban Berg (1885-1935)
Ópera en un prólogo y tres actos
Orquestación del tercer acto de Friedrich Cerha

Libreto del compositor basado en El espíritu de la tierra y La caja de Pandora, de Frank Wedekind
Edición musical de Universal A.G. (Viena)
Nueva producción del Teatro Real en coproducción con la Royal Opera House, Covent Garden, de Londres
Orquesta Titular del Teatro Real
(Orquesta Sinfónica de Madrid)

Septiembre
29, 30
Octubre
2, 5, 8, 10, 12, 14, 16
Emisión en radio: 10/10/2009 20:00 horas. RNE (Radio Clásica)
Duración aproximada: 3 horas y 40 minutos

Equipo artístico:
Dirección musical: Eliahu Inbal
Dirección de escena: Christof Loy
Escenografía y figurines: Herbert Murauer
Iluminación: Reinhard Traub
Coreografía: Thomas Wilhelm

REPARTO
Lulu Agneta Eichenholz * (28, 2, 5, 8, 10, 14, 16)
Susanne Elmark * º (30, 12)
Condesa Geschwitz Jennifer Larmore
Encargada del camerino de un teatro /estudiante de bachillerato /mozo
Heather Shipp *
El director del teatro / Un consejero médico / El banquero / El catedrático Sten Byriel * º
El pintor / El comisario de policía / Un negro Will Hartmann *
Dr. Schön / Jack el Destripador Gerd Grochowski * º
Alwa Paul Groves * º
Schigolch Franz Grundheber
El domador / El forzudo Paul Gay * º
El príncipe / El mayordomo / El marqués Gerhard Siegel º
Una quinceañera Ruth González º
Su madre Itxaro Mentxaka º
Una artista María José Suárez º
Un periodista David Rubiera º
Un criado Josep Ribot º

* Por primera vez en el Teatro Real
° Por primera vez en este papel

Duración aproximada de las representaciones:
•Prólogo y Acto I: 1 hora y 5 minutos
•Pausa: 20 minutos
•Acto II: 55 minutos
•Pausa: 20 minutos
•Acto III: 1 hora

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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