‘Agitpro’ para un mundo nuevo, por J.C.Deus

Luibov Popova y Aleksandr Rodchenko entregaron su vida y su arte al constructivismo, una de las muchos movimientos artísticos que el siglo XX ha visto. ¿Qué les hizo pensar a estos artistas revolucionarios que la mejor forma de ponerse a la altura de la revolución bolchevique era este frío geométrico, e incluso posteriormente ni siquiera eso, abandonar la pintura y dedicarse al diseño aplicado a la producción industrial? Su ‘sacrificio’ en aras del proletariado ni siquiera fue reconocido y en una década el partido comunista los arrinconó en nombre del realismo socialista.

La historia del grupo de artistas del que la pareja forma parte, ha sido evocada numerosas veces, como la de los poetas, literatos, músicos e intelectuales en general que les acompañaron en su inmolación a un utopía que se convertiría en pesadilla infame. Su obra es relativamente bien conocida en Occidente y en España. Por tanto, debe ser producto de carambolas favorables el que el ‘Reina’ la programe esta temporada, por más que su director intente convencernos de la actualidad de la propuesta.

Una propuesta cargada de tristeza. El arte al servicio de la revolución sólo ha producido frustraciones personales y tragedias colectivas. El constructivismo viene a significar en la historia de las ideas, el arte al servicio de una causa social, el abandono del arte por el arte. El Comisariado del Pueblo para la Educación (o Narkompros) del gobierno bolchevique suprimió la academia de Bellas Artes de Petrogrado y la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú en 1918. Su oficina artística dictó las normas del arte soviético: ‘golpea a los blancos con la cuña Roja’ decía la consigna, y Mayakovsky añadía: «las calles, nuestros pinceles; las plazas, nuestras paletas». La obra de arte debía apuntalar el nuevo orden social, y el artista era un ingeniero visual, alguien que colaboraba en formar conciencias adaptadas al socialismo.

Popova tuvo la suerte o la desgracia -nunca se sabe- de morir a los 35 años de difteria, junto a su pequeña hija. Rodchenko llegó a ser todo un intelectual del régimen, no conoció purgas aunque sí marginación, y murió en 1956, el año en que Kruschov condenó el culto a la personalidad de Stalin e inició una etapa menos sangrienta. Ambos artistas habían renunciado a la pintura en 1921 en pos de una transición desde ese medio tradicional a otros como el diseño gráfico, la moda, el teatro, la fotografía y el cinematógrafo. Industrialización+soviets, el poder de las masas.

El corazón del recorrido es la sala “5×5 = 25”, que rememora la exposición que Rodchenko y Popova realizaron en Moscú en 1921 junto a Varvara Stepanova (esposa del primero), Aleksandr Vesnin y Aleksandra Exter. Un acontecimiento lleno aún hoy de significado planteado en dos fases: la primera, como un acto de despedida a la pintura en el que cada uno de los cinco artistas expuso cinco obras. La segunda, un mes más tarde, para demostrar que el arte podía progresar y desempeñar un papel en el mundo real. En lugar de exponer pinturas se mostraron dibujos y maquetas. Aquí encontramos Construcción dinámico-espacial nº 80 de Popova y el tríptico de Rodchenko Color rojo puro, color amarillo puro y color azul puro, algunas de sus creaciones más representativas.

En la primera parte de la exposición podremos contemplar los experimentos que los artistas llevaron a cabo en el ámbito de la pintura, el dibujo y la escultura entre 1917 y 1921. En la segunda parte se muestra el trabajo que desarrollaron a partir de ese momento, cuando aplicaron las ideas constructivistas a la publicidad, al diseño de libros, los carteles propagandísticos, la industria textil, el teatro y el cine.

La exposición arranca en 1917, año de la Revolución de Octubre, con una colección de lienzos y obra gráfica que reflejan la aplicación primera de su vocación abstracta. Continúa con una sala dedicada a la escultura, donde aparecen construcciones tridimensionales; esculturas colgantes concebidas entre 1920 y 1921; prosigue en una sala dedicada a la influencia de Wassily Kandisky; continúa con la transición desde
la pintura a otros medios como el diseño gráfico o la moda; con los carteles propagandísticos; con la «novyi byt», «nueva vida cotidiana», la campaña para transformar la vida doméstica con ideas para el diseño y la fabricación de muebles, ropa, vajillas y otros enseres domésticos, incluidos los trajes y telas realizados por Popova, tazas de café y hasta cajetillas de tabaco.

Seguidamente una sala dedicada al cine y al teatro muestra el compromiso de Rodchenko con el cine, que le llevó a trabajar con algunos de los cineastas rusos más destacados, como Dziga Vertov (1896-1954) o Lev Kuleshov (1899-1970), así como la prolongada relación de trabajo de Popova con el director teatral Vsevolod Meyerhold y sus dos diseños para las revolucionarias producciones El cornudo magnánimo y La Tierra en confusión. El decorado que diseñó Popova para la primera obra era una representación esquemática de una fábrica con poleas y cintas transportadoras que se ponían en funcionamiento durante la representación, y el vestuario ideado por ella era de estilo
geométrico, reinterpretando el cuerpo humano como el elemento abstracto de una composición constructivista.

La temprana muerte de Popova, en 1924, no le permitió entrar en la siguiente fase del constructivismo. Se documenta la relación entre Rodchenko y su amigo el poeta futurista Maiakovsky (1893-1930) y cómo juntos se convirtieron en «constructores-publicistas», combinando palabras e imágenes con el fin de promocionar los productos de las industrias estatales.

Liubov Popova procedía de una familia de comerciantes culta y acomodada. Durante su estancia en París en 1912-1913, se adhiere primero al cubismo para posteriormente interesarse por el futurismo. Vuelve a Moscú y participa en diversas exposiciones uniéndose a los suprematistas de
Kazimir Malevich. Tras diseñar la campaña de propaganda soviética, entre 1918 y 1919 participa en varias exposiciones estatales. También trabaja en diseños textiles y da clases. Realiza diseños textiles y de moda para la primera fábrica textil estatal entre 1923 y 1924. Si de algo estaba orgullosa Popova era de las telas y los vestidos que
había diseñado, uno de los pocos proyectos constructivistas que llegó a un público verdaderamente popular. Su marido, el historiador de arte Boris Von Eding, muere de tifus repentinamente, y eso la convierte en símbolo de la proclamación bolchevique de la independencia de la
mujer, que supuestamente implicaría la abolición del ámbito privado, doméstico, de la vida cotidiana en el que la mujer se encontraba tradicionalmente atrapada.

Alexander Rodchenko una vez estalla la revolución, juega un papel
importante en la creación y organización de los museos de arte contemporáneo que surgieron en toda la Unión Soviética. En los años veinte piensa que incluso el arte estético e individualista era demasiado
poco revolucionario y, con otros colegas, centra sus esfuerzos en los fotomontajes (muy útiles para la propaganda política y que él utilizó desde perspectivas poéticas que tuvieron gran influencia). En 1927 Rodchenko afirma: “Cuando contemplo todos los cuadros que he pintado a veces me pregunto qué debería hacer con ellos. Quemarlos sería una lástima, pues representan más de diez años de trabajo. Pero son tan inútiles como una iglesia. No sirven para nada en absoluto”. Rodchenko experimenta también con la tipografía, el grafismo, la publicidad y la fotografía, campo en el que fue uno de maestros más influyentes del siglo gracias a sus perspectivas forzadas, su fascinación por la diagonal y sus famosos
contrapicados.

La exposición se cierra con una reconstrucción idealizada de lo que fue ‘El club obrero’, un espacio de ocio colectivo que fue diseñado para la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas de París, en 1925. Con mesa de ajedrez, sala de lectura, vitrinas expositivas y pantallas extensibles en diseño práctico y compacto, una especie de mini bilioteca pública entre futurista y decadente, en la que a alguien se le ha ocurrido colocar cuatro diarios españoles del día a un lado de la pantalla que proyecta ininterrumpidamente imágenes de Lenin agitando a las masas. A nuestros esforzados artistas no les hubiera parecido bien la sustitución del Pravda y del Izvestia por El País y el ABC. Ellos vivieron otros tiempos por más que Borja Villel cite a Toni Negri y Vicente Todolí se jacte de haber urdido este adulterio artístico, ‘casar’ a Rodchenko con su amiga Popova en vez de con Varvara, su legítima esposa, con la que siempre aparecía hasta ahora en las retrospectivas.

RODCHENKO Y POPOVA
Definiendo el constructivismo
FECHAS: 20 de octubre 2009 – 11 de enero 2010
LUGAR: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Edificio Sabatini, Sala A1
ORGANIZACIÓN: Tate Modern de Londres en colaboración con el Museo Reina
Sofía
COMISARIOS: Margarita Tupitsyn y Vicente Todolí
COORDINADOR: Rafael García
ITINERARIO: – Tate Modern, Londres (12-2-09 / 17-5-09)
– Greek State Museum of Contemporary Art,
– Museo Nacional Reina Sofía (20-10-09 / 11-1-10)

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído