Kontakthof, la despedida radical de Pina Bausch, por J. C. Deus

Estrenada en 1978 con los bailarines de la troupe del Tanztheater Wuppertal, la pieza Kontakthof (en alemán, lugar de encuentro) fue retomada en el año 2000 por Pina Bausch (1940-2009) con un elenco compuesto por gente corriente de más de sesenta y cinco años reclutados por medio de anuncios en la prensa, en su mayoría sin experiencia alguna en el mundo de la danza profesional. Una sala de ensayo, un piano, algunas sillas, mucha nostalgia y todo corriente y moliente. Dicen sus creadores que Kontakthof es una pieza sobre la relación entre realidad y el teatro, ‘un universo de tensiones suavizado por el humor, al mismo tiempo cruel y emocionante’. La danza en manos de gente corriente y jubilada, hombres y mujeres banales. Con un experimento arriesgado se despide de este mundo la gran Pina Bausch. Buena manera de hacerlo.

Estamos ante una pieza no exactamente de baile, tampoco de teatro en sentido estricto. Se diría más bien una larga ‘performance’ en la que intervienen 26 actores amateur, todos de más de 65 años. Inicialmente, la Bausch –fallecida el 30 de junio pasado a los 68 años- la pensó para sus bailarines. Pero en 1999, al parecer, se le ocurrió esta ‘vuelta de tuerca’. Nada de belleza profesional, sino la retorcida autenticidad de la vida.

En el escenario, un amplio salón de baile, se nos muestra al grupo sentado. Hombres (trece actores de aspecto más bien torpe pero precisamente por eso, gracioso y convincente) y mujeres (trece). Ellos vestidos con trajes en diversas gamas del gris. Ellas, vestidas con trajes de raso en colores brillantes. Alguna con zapatos rojos de tacón. El vestuario femenino, años cincuenta, es precioso.

Los actores dan un paso al frente uno tras otro, y repiten ante los espectadores unos cuantos gestos. Se colocan de frente, de perfil, se ponen de espaldas y regresan después a sus sillas. ¿Qué quiere contarnos Pina Bausch con este desfile de normalidad humana más bien poco diestra y poco agraciada?

Algún entendido asegura que estamos en una especie de casa de citas, y que Bausch pretende a través de las evoluciones de este grupo en el escenario, reírse un poco de la vanidad y fragilidad del bailarín. Efectivamente, los actores se cambian de traje (ellas), y ejecutan además de pasos de baile elementales, en grupo, cruzando el escenario en diagonal, pequeñas demostraciones de sus habilidades personales.

Pero lo que trasciende es, sobre todo, la ingenuidad, la torpeza casi, de las relaciones hombre-mujer, particularmente ridícula a la edad de los actores-bailarines.

Hay humor. Dos de las bailarinas más diestras critican en un español dificultoso e hilarante a uno de los hombres, al que han intentado seducir sin éxito, y que acaba yéndose con otra. “Fíjate, que calcetines, ugh, imagina si tuvieras que besarlo”. También critican a la afortunada seductora, por su aspecto y por su indumentaria. Uno de los actores se dedica a perseguir a su eventual pareja con un falso ratón. Les vemos correr por el escenario, gritando (ella), y riendo (él) como niños.

Al final, después de muchas evoluciones por el escenario, llegamos al intermedio, tras el que nos espera una extraña proyección en alemán. Una película; mal iluminada y casi indescifrable, sobre el comportamiento de las aves acuáticas, cuyo significado se nos escapa.

Tras el filme, llega uno de los momentos mejores del espectáculo: lo actores se sientan en sus sillas, a un palmo del patio de butacas y en distintos idiomas (ruso, alemán, francés, español e inglés) dicen un fragmento de un monólogo que se presume largo, caótico, incomprensible. Cada uno a su ‘bola’, que diríamos en castizo. Hombres, mujeres, listos, tontos, guapos, feos, en una completa torre de Babel.

La aparente hilaridad queda rota. Las bailarinas se visten con trajes oscuros, y el baile recomienza con un tono más formal. La mujer que gritaba, horrorizada por el falso ratón, ya no se inmuta ante él. Los hombres, en grupo, se dedican a abusar de ella, y, finalmente, el cuadro se recompone unos instantes antes de que caiga el telón. Damen und Herren, sea cual sea el idioma, no tienen arreglo. El coreógrafo Norbert Servos, en su libro Pina Bausch: Tanztheater, dice: ‘Dos dimensiones se fusionan en esta pieza: una situación
de clase de danza en la que hombres y mujeres se encuentran buscando intimidad y afecto y la realidad del escenario con su constante presión para mostrarse y venderse a uno mismo. Todo esto se explora mediante una dramaturgia de estilo de revista de turnos sucesivos. Bausch establece un vínculo entre sus condiciones de trabajo reales y las expectativas tácitas del público, que los bailarines deben satisfacer. En Kontakthof la realidad y el teatro se encuentran y están condicionados por la misma
presión. El Kontakthof, normalmente un lugar de encuentro para prostitutas y sus clientes, un lugar en el que el cuerpo se
vende, se convierte en una referencia a la prostitución de los bailarines sobre el escenario. La pieza comienza con un sencillo ritual de presentación. Uno tras otro, los intérpretes dan un paso al frente, seguidos de pequeños grupos y finalmente la compañía entera, colocándose de perfil, desde el frente y desde atrás, tendiéndose las manos,
pasándose las dedos por los cabellos, enseñando los dientes antes de volver a su lugar. Todos ponen a prueba su valor de mercado, tanto los hombres como las mujeres…’

Pina Bausch se formó en Alemania con Kurt Jooss. Tras una temporada en la Juilliard School de Nueva York, volvió a su país y comenzó a trabajar en el Tanztheater de Wuppertal, que dirigió desde 1973 hasta su muerte, el pasado 30 de junio. Ya lejos de los movimientos de ballet tradicionales, impulsó un género pionero de teatro-danza que fusionaba la danza con fragmentos de diálogo y canciones. Desde los años ochenta realizó junto a todos sus bailarines estancias de varias semanas en ciudades elegidas, experiencias de las que siempre surgía un nuevo espectáculo. Roma, Palermo, Hong Kong o Estambul -origen de Nefés, presentada
en la edición 2006 del Festival de Otoño de Madrid- han sido algunas de sus sedes. Entre sus montajes destacan Café Müller (1978), Palermo Palermo (1989), Água (2001), Ten Chi (2004),
Rough Cut (2005), Vollmond (2006) -estrenado en España en la anterior edición del Festival de Otoño- y Bamboo Blues (2007), una coproducción con el Instituto Goethe de la India. Pina Bausch participó también en proyectos cinematográficos como E la nave va (1982), de Federico
Fellini y en Hable con ella (2001), de Pedro Almodóvar. Descanse en paz.

Tanztheater Wuppertal Pina Bausch
festival de otoño 09
ESTRENO EN ESPAÑA
KONTAKTHOF Mit Damen und Herren ab ´65`
Alemania, 3 horas (con intermedio)
Madrid. Teatros del Canal, Sala A
Tel. 91 308 99 99
www.teatrosdelcanal.org
4, 5 y 7 de noviembre a las 20 horas
8 de noviembre a las 18 horas

Puesta en escena y coreografía: PINA BAUSCH
Escenografía y vestuario: ROLF BORZIK
Colaboración artística: ROLF BORZIK, MARION CITO y HANS POP
Asistentes para el reestreno: JOSEPHINE ANN ENDICOTT y BEATRICE LIBONATI
Dirección de ensayos: BÉNÉDICTE BILLIET y JOSEPHINE ANN ENDICOTT
Vestuario según el proyecto de Rolf Borzik: MARION CITO
Músicas: CHARLIE CHAPLIN, ANTON KARAS, JUAN LLOSSAS, NINO ROTA y JEAN SIBELIUS. entre otros.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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