Un baile que se queda en poco, por J.C.Deus

‘El baile’ es una buena producción de una obra sin el menor interés. Apena tanto esfuerzo de tan buenos profesionales para llevar a la escena una historia tan trivial y superficial. O la novelita original ha sido horriblemente traducida, o la adaptación teatral la ha desfigurado, o sencillamente no merecía la pena. La pobre autora, Irène Némirovsky, murió en el campo de concentración de Auschwitz en 1942, sin cumplir los 40 años de edad, después de haber conocido de adolescente la huída de la revolución soviética junto a su familia, la de un banquero ucraniano. Una biografía corta y tremenda que no la impidió escribir varias novelas, casi todas publicadas póstumamente, entre ellas en 1930 la que nos ocupa -El baile-, ya adaptada en su época al teatro, que narra las difíciles relaciones de una mujer madura con su hija adolescente, a la que no quiere, y la venganza de ésta a sus continuas humillaciones y desamores.

El director Sergi Bebel explica que la idea partió de la actriz que interpreta a la madre: ‘Fue la propia Anna Lizaran quien me hizo leer esta extraordinaria novela, y me hizo comprender que era fácilmente dramatizable. La idea de que la adolescente reprimida a quien su madre no deja asistir al «baile», no fuera una actriz sino una bailarina, surgió cuando Sol Picó me comunicó sus ganas de participar en algún espectáculo teatral. Así, el duelo literario se transforma en un combate escénico entre una actriz y una bailarina. La mente retorcida y compleja de Antoinette podría ser interpretada perfectamente a través de la danza y el movimiento’.

Pero el camino del infierno está empedrado de buenas ideas. No basta con contar con una veterana actriz en busca de papel maduro y una atrevida coreógrafa en busca de nuevos horizontes. El argumento es banal: nuevos ricos que tiran la casa por la ventana con una gran fiesta para así ser admitidos en la alta sociedad, intento que fracasa estrepitosamente boicoteado por la hija en venganza de que sus padres no la dejen asistir al acontecimiento. El texto es una sucesión de lugares comunes y frases hechas sin profundidad psicológica ni matices. La interpretación es tan convencional como los personajes. Anna Lizarán lucha con un fuerte acento catalán y no pocos trastabilleos al final de las frases. Sol Picó todo lo dice con movimientos coporales que nos parecerieron un tanto impropios de la señorita de alto copete a la que da vida. Está previsto que sea sustituida tras las cuatro primeras funciones por otra bailarina, ya que tiene que atender otros compromisos. Una tercera actriz, Francesca Piñón, hace sin más los otros tres personajes secundarios. La vimos en el Boris Godunov de La Fura dels Baus, y entonces estuvo bien de terrorista chechena.

El director ensarta las seis escenas consecutivas mediante introducciones a base de simulados combates de boxeo entre madre e hija. La escenografía recrea un salón que descubriremos rodeado de agua y formado por banquetas que la Picó arroja por los aires en la escena cumbre de la obra. Iluminación y vestuario son buenos. La presentación es muy superior al contenido. Poco más puede decirse.

La novela fue publicada en español en 2006 y al parecer recibió opiniones admirativas: «Una estremecedora pequeña joya literaria» se escribió en ABC. «Un prodigio de exactitud, una maquinaria narrativa que funciona con impecable determinación» dijeron en Babelia. No la hemos leído. Insistimos en la mala costumbre de no detallar en las adaptaciones teatrales que modifican en profundidad el original tal como lo escribió y concibió su autor, hasta que punto llegan los cambios, pues a veces destruyen con la disculpa de actualizar y las ínfulas de adaptadores pretenciosos. No tenemos pistas de lo ocurrido en este caso, pero el resultado no nos parece bueno.

El baile dice ser en boca de su director ‘un experimento escénico que quiere explorar los límites de la teatralidad para explicaros la historia terrible, cómica y trágica, de dos mujeres fatalmente enfrentadas a sus propios tormentos’. El resultado nos decepcionó hasta el aburrimiento a pesar de la muy respetable trayectoria de sus protagonistas.

EL BAILE
de Irène Némirovsky
Dramaturgia y dirección de Sergi Belbel
Coreografía de Sol Picó

Equipo artístico
Dramaturgia y dirección Sergi Belbel
Coreografía Sol Picó
Música original Oscar Roig
Escenografía Max Glaenzel, Estel Cristià
Iluminación Kiko Planas (aai)
Vestuario Mercè Paloma
Sonido Roc Mateu
Caracterización Toni Santos
Ayudante de dirección Cristina Clemente

Reparto
Madame Kampf (Rosine), la madre, Anna Lizaran
Antoinette, la hija, Sol Picó / Xaro Campo
Monsieur Kampf (Alfred), el padre/Miss Betty, la institutriz/Mademoiselle Isabelle, la profesora de piano Francesca Piñón

Producción: Centro Dramático Nacional y Teatre Nacional de Catalunya

Teatro Valle-Inclán | Sala Francisco Nieva
Plaza de Lavapiés s/n
28012 Madrid
Funciones: 14 de enero al 14 de febrero de 2010
De martes a sábados, a las 19 h
Domingos, a las 18 h

Más información en la página web del Centro Dramático Nacional: http://cdn.mcu.es/

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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