Opinión / Desde mi escaño

‘Spanoverla’

Telecirco, Telemorbo, Teleca.. y otra serie de apodos y nombretes que ha recibido el canal de Paolo Vasile en estas últimas horas tras la emisión de la primera parte de Vuelo IL 8714 reflejan el enfado y la indignación monumentales que existe en la sociedad española y, muy en particular, en la canaria.

La trivialización de los hechos, centrarse en aspectos que no pueden quedar demostrados y que sólo llevarán a la confusión final, ha sido la línea argumental de la productora a la que le da lo mismo si hubo 4, 54 o 154 fallecidos. Lo importante, lo relevante, era poner sobre la mesa que la cadena de Fuencarral podía emitir una cinta capaz de jeringar la seriedad de una investigación que sigue en curso.

Un avispado lector me hacía llegar un oportuno comentario. Si el famoso accidente del Concorde ha tardado una década en conocerse los primeros resultados de la investigación, ¿cómo es posible que en dos se conozcan las causas de un siniestro aéreo que se produjo en 2008¿ ¿Seremos en España unos craneos privilegiaos, que diría Valle Inclán? Mucho me temo que no, pero en la sede de Fuencarral se han querido pasar de listos.

La chapuza de Telemorbo fue tal (y ellos lo sabían) que a continuación de la serie colocaron lo que sí debió haber sido emitido en prime time, el documental sobre las voces de la tragedia. Pero no, la investigación en esa cadena sólo está especializada en sacar a flote toda la porquería fecal de los más bajos fondos. Hacer un espacio riguroso, serio, de investigación como Dios manda supone quedar relegado a horas intempestivas.

Supongo que a estas horas ya habrá presentadas en los juzgados varias denuncias por la emisión de un film que sólo ha contribuido a generar confusión entre la audiencia y, lo más importante, entre quienes tendrán que tomar una decisión judicial y técnica.

Se ha contaminado sobremanera cualquier pesquisa, aunque siempre están los listos que arguyen a que tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, rápidamente surgieron al amparo de la actualidad películas sobre el hecho.

Cierto. Lo que sucede es que las producciones fueron más bien relatos documentales y no hay que olvidar un hecho claro y meridiano. Se supo a los pocos minutos que el secuestro y posterior estrellamiento de las aeronaves había sido obra de un atentado perpetrado por las huestes de Bin Laden. Claro que había que investigar, pero la existencia del documento visual permitía un hilo conductor sobre el que basarse.

Aquí no. Aquí nos hemos centrado en lo anecdótico, en datos sueltos, deslavazados y la conclusión es que todo fue obra de un mecánico chapuzas, que encimo tuvo los santos testículos de apagar el móvil y de un piloto que estaba pensando más en el ERE de la compañía.

Por favor, seamos serios. La vida de 154 personas no puede quedar tratada así, como si no importase el dolor de los familiares. Todos esperan una explicación, pero desde luego esta no va a venir de la sede de Fuencarral.

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