Barreda fomenta la deshumanización de la Sanidad

Desgarradora y doble negligencia médica en Castilla-La Mancha

Falta de médicos y de recursos en la sanidad pública de la región

Luego viene el presidente Barreda y nos dice que tenemos la mejor sanidad púbica. ¿Para quién?. Para el que tiene dinero. ¿Para los demás qué somos?. Como si fuéramos caballos. Nos olvidan ahí en un rincón y nos dicen espere usted ahí

El ejemplo de Francisco Javier, vecino de la localidad guadalajareña de Yunquera de Henares, es tan sólo uno de los muchos casos de graves problemas médicos y sanitarios que a diario se dan en esta región, debido a la falta de medios materiales y de profesionales, a las circulares dirigidas a los jefes de servicio recomendando la reducción de algunos fármacos, y, también, a las largas listas de espera que tienen que sufrir los castellano manchegos, ya que la tan cacareada Ley de Garantías en Atención Sanitaria Especializada está demostrando una nula eficiencia.

Si la Sanidad de Castilla-La Mancha es como para salir un día sí y otro también a enviar mensajes triunfalistas, como hacen José Mª Barreda y su cohorte de propagandistas, que venga Dios y lo vea. Claro que, la realidad es la que es, y de eso los castellano manchegos saben un rato. Lo peor no es que lo sepan, sino que lo sufran a diario.

La mujer de Francisco Javier, diabética, ingresó en el Hospital Universitario de Guadalajara con unos niveles de azúcar en sangre muy altos y se le diagnosticó una parada facial externa, cuando lo que tenía era una parálisis cerebral que acabó degenerando en una trombosis cerebral que le ha dejado unas secuelas de por vida.

Francisco Javier explica públicamente las graves secuelas que su mujer y toda su familia sufren como consecuencia de esta actuación médica:

«La han dejado -en la juventud de su vida- paralizada». Tiene 36 años. Le dictan un tratamiento de cortisona, cuando es diabética y para un diabético eso es «veneno».

«Todos los días hay que estar atendiéndola. No se puede atar los cordones de las zapatillas, ni hacer la cama, ni preparar la comida.»

La desgracia no termina ahí. El hijo de Francisco Javier, de 14 años, es ingresado en el mismo Hospital con una herida en el ojo. No fue bien tratada y pudo perder el ojo. Finalmente lo salvó, porque le han reconstruido el lagrimal con una prótesis, eso sí sufriendo una pérdida de visión del 40 por ciento.

Francisco Javier clama alto y claro, diciendo «luego viene el presidente Barreda y nos dice que tenemos la mejor sanidad púbica. ¿Para quién?. Para el que tiene dinero. ¿Para los demás qué somos?. Como si fuéramos caballos. Nos olvidan ahí en un rincón y nos dicen espere usted ahí».

Su queja va más allá. Pide un mínimo de humanidad en la actuación pública de los gobernantes. Francisco Javier ha perdido el trabajo y solo le queda esperar que prosperen las denuncias que han presentado porque ningún responsable del gobierno regional se ha preocupado del estado de estas dos personas a día de hoy.

La Consejería de Salud y Bienestar Social, que dirige el citado Fernando Lamata, tiene nada más y nada menos que cinco directores generales (con su correspondiente sueldazo público, coche oficial, chofer, secretaria, y personal de asesoramiento).

Manuel Gallego Palomo (Coordinación de Salud y Bienestar Social). Francisco Javier Pérez Fernández (Atención de Personas Mayores y con discapacidad). Berta Hernández Fierro (Salud Pública). José Luis López Hernández (Ordenación y Evaluación). Esther Padilla Ruiz (Acción Social y Cooperación Internacional). Eugenio Hugo Muñoz Claver (Familia)

Lamata también cuenta en su equipo con un Delegado sólo para él y para cada una de las cinco provincias de Castilla-La Mancha. En el caso que nos ocupa, la ineficacia personificada se encarna en Juan Pablo Martínez Marqueta, Delegado provincial de la Consejería de Sanidad en Guadalajara. A tenor de lo visto, aún está a tiempo de explicar a los ciudadanos a qué dedica su jornada laboral.

Por si fuera poco, y específicamente para gestionar el SESCAM (Servicio de Salud de Castilla-La Mancha), el «solitario» Consejero, cuenta con otros cinco responsables -por supuesto con su suculento sueldo público- que tampoco han tenido a bien interesarse por la familia de Francisco Javier.

Se trata de los «eficientes» Ramón Gálvez Zaloña, José Antonio del Ama Manzano, Álvaro Santos Gómez, Javier Alonso Cogolludo, y Mª Esther Fernández González.

Los resultados, como vemos, son, en muchos casos, desgarradores y, a veces, no sólo arruinan la vida del paciente afectado, sino que también destrozan la vida de todos aquellos a los que tiene alrededor.

Consecuencias de la deshumanización a la que ha sometido Barreda a esta área de la que tanto presumen los socialistas y a la que, sin embargo, le vuelven a meter la tijera, usurpándoles más de 150 millones de euros para el próximo año, dentro del Plan de Ajuste Financiero 2010-2012, que supone el mayor atentado de la democracia al bienestar social, además de los 37 millones de euros que se destinarán a facturas que tenían sin pagar antes de este 2010, y el 10 por ciento que se recortará en los Presupuestos de 2011 en todas las Consejerías de la Junta.

Así es. El único objetivo que se ha marcado el Gobierno del socialista Barreda, en el área competencial de su Consejero de Sanidad, Fernando Lamata, ha sido el de recortar, como ha hecho este verano con las sustituciones y peonadas en todos los hospitales de la región. Evidentemente, en sus cálculos no entra ahorrar ni recortar en coches oficiales, en asesores, en cargos de libre designación, en comisarios políticos, en el altísimo presupuesto de la Radio Televisión de Castilla-La Mancha, …

Está claro que no importan las personas. Con su gestión, los dirigentes socialistas de Castilla-La Mancha demuestran que para ellos se trata sólo de números y cifras, pero las consecuencias que están sufriendo los pacientes de esta región son escandalosas.

Las víctimas: los de siempre. Los profesionales que ven cómo no pueden desarrollar su labor como desearían y los pacientes que sufren a diario una desatención que no se merecen, a pesar de pagar religiosamente sus impuestos.

Unos impuestos, que, por cierto, van a dónde van. Lo dicho, una vergüenza.

 

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