Opinión / Pasajes

Buenas maneras y Zapatero

Buenas maneras y Zapatero
Pitada a Zapatero en el Día de la Hispanidad.

Como durante el desfile del pasado 12-O, la ciudadanía abucheó y pidió la dimisión del presidente Zapatero, y el otro día le montaron una buena pitada al vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves, en Sevilla; el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, se ha enfadado mucho y ha pedido, además de un protocolo para el desfile del Día de la Hispanidad, un manual de educación para evitar agresiones verbales a autoridades del Estado durante actos públicos. Pues claro, ¡faltaría más!

Las palabras textuales de Bono fueron: “Ej” que, ‘sería bueno que además de un protocolo hubiera un manual de educación para quien no la tiene’”. Sí, tienen razón: el “’ej’ que” no lo dijo en esta ocasión, me lo inventé. O a lo mejor no. Pero lo del manual de educación sí que es verdad.

Y entonces pues resulta que me encontré con una cosa de urbanidad de George Washington, de 1745, titulado: “Cimientos de una sólida educación del carácter de un joven del siglo dieciocho”. Cuya norma número tres dice lo siguiente: “…no permanezcas sentado cuando otros están de pie…”. ¿Les recuerda esto algo…?  A un servidor sí: cuando Zapatero se quedó sentado en el desfile de la Hispanidad del 2003, antes de llegar a presidente de España, al paso de la bandera de Estados Unidos. Y todos los demás políticos a su alrededor estaban de pie en señal de respeto.

De forma que el primero de todos los españoles en reventar las normas de urbanidad de tal desfile resulta que fue Zapatero. Siendo además en ese momento líder del PSOE y candidato presidencial por tal partido. ¿Te enteras, Bono…? Así que deja de comprar pisos de a millón de euros un ratito, aparca tus caballos, y le mandas a tu señorito las normas de educación en cuanto las tengas.

¡Zapatero, dimisión! ¡Pero ya! Por ser el primer maleducado reventador de desfiles del Día de la Hispanidad. Además de por todo lo demás; que no me voy a poner ahora a desgranar porque se me harían las tantas. O las tantas y tres cuartos. Y eso sí que no. ¡Hasta ahí podría llegar el folclore!

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