El presidente reconoce que la ayuda de la Iglesia es un alivio para su gobierno

Barreda y la maratón de inauguraciones preelectorales

Hoy continuará cortanto cintas por la región

Con tanta inauguración, Barreda apenas podrá pisar por su domicilio madrileño

El presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, ha agradecido esta tarde en Alovera (Guadalajara) el compromiso de la Iglesia católica con la asistencia social de hombres y mujeres, sin distinción de ninguna clase y el papel «fundamental» que juega dicha institución en este ámbito.

Si la estrategia de ZP es desvincular su imagen de la Iglesia, el manchego Barreda pretende estrechar lazos de unión con los católicos, con el convencimiento de captar votos en dicho terreno. El titular del gobierno regional no para de hacer actos para inaugurar cada ladrillo que se ha construido con dinero público durante la presente legislatura.

Barreda, que ha inaugurado hoy en Alovera la residencia de mayores Juan Pablo II, ha destacado que en cuestiones de asistencia social la Iglesia llega donde no pueden llegar las administraciones, bien directamente o de organizaciones como Cáritas o Manos Unidas.

Asimismo, el presidente castellanomanchego ha expresado su confianza en la «gran capacidad transformadora» de la Iglesia católica.

Con motivo de la inauguración del centro, ha asegurado que el objetivo de su Gobierno siempre ha sido no escatimar recursos en materias como la educación, la sanidad y los servicios sociales, lo que ha dado como resultado que «Castilla-La Mancha sea hoy la comunidad autónoma líder en estas áreas».

En este sentido, se ha comprometido a concertar plazas en el centro inaugurado hoy, «porque es bueno para la propia residencia y para el conjunto de la sociedad».

De esta forma, Barreda ha respondido a las peticiones que han hecho el vicario episcopal de Sigüenza-Guadalajara, Braulio Carlés, y el alcalde de Alovera, David Atienza, quienes han reclamado a la Junta un compromiso para el concierto de plazas dentro de la Residencia Juan Pablo II.

Se trata del primer edificio de este tipo de Cáritas Diocesana, promovido y construido por la Fundación Juan Pablo II.

La residencia cuenta con 122 plazas repartidas en 41 habitaciones dobles y 38 individuales, dirigidas a mayores válidos y dependientes en estancias puntuales o prolongadas, y cuenta con una plantilla de 22 trabajadores que tiene previsto aumentarse hasta unas 60 personas cuando esté en su máximo rendimiento.

 

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