Opinión / Pasajes

El sol es de una gallega

El sol es de una gallega

Según nos acabamos de enterar de fuentes solventes en agua de borrajas, pongamos por caso, el Sol, alias Astro Rey, pertenece de doña Angustias Celemín. Nombre supuesto, por si después nos pone una querella la auténtica. Efectivamente doña Angustias, gallega de toda la vida, tiene en su poder un acta notarial que así lo sostiene. Sus vecinos, y sobre todo sus vecinas, no dan crédito a esto; pero es porque en el país hay mucha envidia, no por otra cosa.

Doña Ángeles, digo doña Angustias, se levantó un día de buen humor, se lavó la cara, exoneró lo pertinente, y mientras hacía su habitual tabla de gimnasia se pegó una costalada de mucho cuidado, por pretender hacer el pino con una sola mano. Y en ese preciso momento se percató de que era la propietaria del Sol: “Consio, pero si el Sol es mío. ¿Qué necesidad tengo yo de estar haciendo el pino, si soy la propietaria del Sol?”. Y ni corta ni perezosa se acercó al notario don Simeón Cifuentes, que también es nombre supuesto. Conectamos con el despacho notarial:

–Buenas, don Simeón; que quiero que me declare propietaria del Sol, alias Astro Rey, por “no conocerse en 5.000 millones de años propietario alguno”. Algo de lo que me acabo de dar cuenta esta mañana, a eso de las 7:30. Así que ya me está preparando el acta notarial correspondiente. Y rapidito, que tengo peluquería a las doce.

Naturalmente el señor notario dio un respingo, se restregó los ojos, se ajustó el nudo de la corbata, una corbata preciosa de color fucsia con lunares verdes, y le dijo a doña Angustias:

–¿Es ya 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, señora mía? ¡Cómo pasa el tiempo, caramba!

Doña Angustias, inasequible al desaliento, a ella no se le pone nada por delante, y si se le pone lo derriba, volvió a la carga. ¡Buena es ella!

–No señor, hoy no es 28 de diciembre en absoluto. Y cuando yo le digo que soy la propietaria del Sol, es porque soy la propietaria del Sol. Y no se hable más. ¿Estamos? Así que dé fe de una puñetera vez de tal circunstancia, o de lo contrario va usted a alcanzar por la mamona. Ah, y ponga bien clarito lo siguiente: “Soy propietaria del Sol, estrella de tipo espectral G2, que se encuentra en el centro del sistema solar, situada a una distancia media de la Tierra de aproximadamente 149.600.000 kilómetros”. ¡Venga, que es para hoy!

Don Genaro, digo don Simeón, no salía de su asombro. Pero ante la amenaza de alcanzar por la mamona, teniendo en cuenta de que doña Angustias desplaza unas trescientas arrobas de arqueo bruto, y si le da por la mamona lo descuajaringa en un pispás, fue y le dijo, dice:

–Bueno, bueno, señora, no se ponga usted así. Pero tenga en cuenta que tengo que consultar esto con mi colegio profesional. Espere un momentito. (¿Arturo…? Sí, que soy el Genaro, digo el Simeón, y tengo aquí a una señora que dice que dé fe de que es la propietaria del Sol… No, no, no está fumada. Al menos no lo parece. Lo que sí está es hecha una mula; y como no le haga caso en esto, ha dicho que me da por la mamona. ¿Qué hago…? Que dé fe. Pues vale. Gracias Genaro, digo Arturo). Bien, don Genaro, digo doña Angustias, pues usted dirá en qué basa su pretensión.

–Pues en qué va a ser. En que del Sol soy “dueña por usucapión, habiendo hecho de la propiedad del Sol de buena fe, de forma pacífica e ininterrumpidamente durante más de 31 años”. ¿Le parece poco…? Y ponga bien clarito, y con buena letra, que: “La adquisición de la propiedad referida constituye una aprehensión electromagnética y radiactiva”. ¡He dicho!

Y ahora doña Angustias, digo…, sí doña Angustias, ya con su acta notarial en la mano, piensa dirigirse el ministerio correspondiente para que la ciudadanía le abone un canon por la utilización del Sol. ¡Faltaría más!

Las gallegas son muy de armas tomar. Sí señora. Y cuando se les mete algo en el coco, lo llevan a cabo con suma energía. Hace unos años, una gallega que se llamaba Conchita afirmaba que ella era la Virgen. Un servidor se enteró de esto por don Camilo José Cela, que también era gallego. Y la Virgen Conchita hacía una media de dos o tres milagros al día. Según demanda. Y se confesaba católica, claro, pero no practicante. Porque es lo que ella decía: “¿Para qué voy a ir a misa, si soy la Virgen?”. Y no le faltaba razón.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído