Opinión / Pasajes

Crónica de una cosa independentista

Crónica de una cosa independentista
José Luis Concepción, proindependentista.

Han pasado 600 años desde la conquista de Canarias. Mucha costumbre que había en aquel entonces la de conquistar cosas y sitios. Sobre todo sitios. Ahora nos conformamos con conquistar copas que, aunque sean del mundo y por jugar al fútbol, siempre desmerecen de una conquista como es debido. De una conquista con sus cañones y sus canesús. A un servidor le gustaban más las conquistas de antes, más que nada porque había mucho folclore y hasta fuegos artificiales. Y ya me estoy liando. Ustedes perdonen.

Como les decía, hace 600 años de la conquista de Canarias, sí, que ya son años, una barbaridad y todo, pero según un independentista que se llama José Luis, Pepe para sus familiares, amigos y residentes, a pesar del tiempo transcurrido: “Todavía retumban en montañas y barrancos los gritos y llantos de nuestros antepasados guanches tras la pérdida de su libertad”.

¡Consio con el poderío de los gritos de nuestros antepasados guanches! Ni que hubieran sido todos parientes de Montserrat Caballé o del Dúo Dinámico, pongamos por caso. Quería poner de Plácido Domingo, pero no me acordé hasta que escribí lo del Dúo; y ahora no lo voy a quitar porque no quiero y además me sabe mal quitarlos.

Y yo no sé ustedes, pero un servidor va por una montaña o por un barranco de las Islas, que menuda necesidad de tal cosa habiendo buenas carreteras, y oigo un grito o un llanto de esos que aún resuenan, y me pego tal susto que monto un partido político de amplio espectro. O dos. O monto una ONG, progre y de izquierdas, que son las más adecuadas para vivir los fundadores como reyes a base de las subvenciones de Zapatero y de la buena fe de los tortolines que se apuntan. “Lagarteranas Sin Fronteras”, por ejemplo, sería mi ONG, que creo no está tal nombre todavía registrado, a pesar de la pandemia que hay de tales inventos.

Continúa José Luis, o sea Pepe, que es nada menos que presidente del Movimiento Patriótico, diciendo que: “…la mentira y la traición fueron las principales armas de los invasores”. Y esto es muy cierto. Sí señora. Verbi gratia: Alonso Fernández de Lugo, el principal invasor y conquistador de Canarias, resulta que no era de Lugo. ¿Qué les parece la gaita…? Inconcebible, ¿verdad? Y una falta de idiosincrasia y prosopopeya de mucho cuidado la del Alonso. Así no se puede conquistar con fundamento, caramba; que después llegan historiadores patrióticos como Pepe, y le sacan los colores a los descendientes del conquistador; unos señores y unas señoras muy respetables que tienen una churrería en Tomelloso sin ir más lejos.

Alonso Fernández de Lugo, que no era de Lugo, repito, llegó a Canarias y le dijo al mencey Bencomo, o al que estuviera de guardia: “Mire, que soy de Lugo, y como soy de Lugo pues vengo a conquistar Canarias en un pispás”. Y Bencomo le respondió: “Hombre, pues siendo usted de Lugo, pase y considérese en su casa. Pase, hombre, pase, no se quede ahí en la playa; que va a coger una humedad por las patas para arriba, que después va y se le declara una pulmonía o un mal aire”. Y entonces el Alonso pasó y ya se quedó con Canarias.

Dice don Pepe el patriota, o sea José Luis, nombre muy guanche por cierto, en su “Crónica de una conquista anunciada”, digo “El patriotismo y resistencia del pueblo guanche”, que “hubo guanches, los que se acomodaron, que desde el primer momento colaboraron con los colonos…, y otros que se negaron o alzaron”. Y los alzados estos, al parecer, dieron bastante la lata al Alonso, el que no era de Lugo sino de Sanlúcar de Barrameda el muy cuco.

Y continúa diciendo Pepe, o sea José Luis, que esto de los alzados, “…salvando diferencias, se repite en el presente”. Y que “por eso ahora han surgido nuevos ‘alzados’ que luchan para recuperar lo que es nuestro…” Lo que pasa es que ahora mismo, según el diccionario de la RAE, un alzado es tanto una persona: “Engreída, soberbia e insolente”; como una: “Que ha dejado de concurrir, temporal o definitivamente, a un lugar que solía frecuentar”. O lo que es aun peor: “Una persona sexualmente excitada”. ¡Consio con don Pepe, qué callado se lo tenía! Porque lo que no creo que sea don Pepe es un “prófugo provisto de armas”. Vamos, digo yo. ¡Hasta ahí podríamos llegar!

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