Documental sectario sobre Negrín

Gol ‘progre’ a Cultura

El Ejecutivo se jacta de apoyar una cinta donde se oculta la cara más infame del último presidente de la II República

Gol 'progre' a Cultura
Alberto Delgado, viceconsejero de Cultura.

El Gobierno canario da pábulo y soporte financiero (tampoco mucho, cierto es) a un documental sobre la vida de Juan Negrín, último presidente de la Segunda República y sanguinario a carta cabal. Por supuesto, no se trata de una cinta en la que quede al descubierto el comportamiento traicionero de este político de las Islas, sino una película almibarada, falsa, pero que cuenta con el apoyo de una Viceconsejería de Cultura, cuyo titular es Alberto Delgado, que se traga un sapo audiovisual como una campeona.

Sigfrid Monleón, uno de los directores de ‘Ciudadano Negrín’, suelta sin dudar que «crear ese retrato pendiente de Juan Negrín ha sido posible por la existencia de filmes de propaganda de la Segunda República en los que aparecía su presidente pero también por la recuperación de viejas películas caseras en las que él mismo captó imágenes de su vida familiar y pública en el exilio».

Películas que, opinó el director, «habrían servido de base para realizar un largometraje exclusivamente sobre la vida personal de Negrín, sin abordar su faceta de figura histórica como se ha hecho en el documental. Ello ha sido imposible porque el ocultamiento de su personalidad, debido a la propaganda franquista pero también a las desavenencias internas de la izquierda a la que pertenecía, hacía obligada una presentación al público de la figura del último presidente de la Segunda República Española».

Pero, en realidad, ¿quién era Juan Negrín? Varios historiadores lo tienen claro. Pío Moa relata que «fue el principal responsable y organizador de los saqueos de la cajas de seguridad de los bancos, como también de otros muchos bienes públicos y privados, desde las colecciones de monedas de oro y plata en los museos hasta las alhajas depositadas en los montes de piedad por personas sin medios».

Otras fuentes hablan de que fue un traidor a sus propios compañeros de partido, Indalecio Prieto y Largo Caballero, coqueteó con el fascismo, aunque hiciera ver que luchaba contra ese ideal. Tras proclamar la resistencia a ultranza contra Franco, Negrín fue incapaz de luchar por un solo metro de Barcelona. Obligó a Manuel Azaña a un calvario porque no le ofreció más que dos plazas para huir de la Gestapo, abandonando a su gran amigo Rivas Cherif. Azaña no lo abandonó y así murió, de tan mala manera.

Cuenta el periodista Federico Jiménez Losantos que «vivió como un rajá a costa del erario, no rindió cuentas a nadie del dinero de todos los españoles y, encima, consiguió que sus herederos recibieran un montón de millones de la administración franquista, de la ucedea y de la felipista. Lo último que hizo Belloch fue entregar unos 200 millones a la familia Negrín en concepto de indemnización».

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