El caballero Plácido entre los Tauros, por J.C.Deus

IMG_7339De todas las cosas que se pueden celebrar del estreno de ‘Iphigénie en Tauride’ en el Teatro Real, -que sea de Gluck la obra, que la dirija musicalmente Hengelbrock, que la protagonice Susan Graham, que podamos oír a Paul Groves- ninguna es más grata que el retorno de Plácido Domingo a Madrid tan sólo medio año después de su Simon Boccanegra. Y que cumpla los 70 años de edad no sólo haciendo un Orestes convincente sino subiéndose por las paredes, tendiéndose y levantándose raudo en el escenario, ágil y radiante, recuperado de un cáncer de colon, tras medio siglo de carrera y más de 3.500 funciones representadas.

Estamos ante una ópera del más estricto clasicismo, una reacción centroeuropea a los excesos de la ópera italiana del siglo XVIII, que es lo que este compositor representa en la historia del género. Gluck viajó y batalló incansable por las cortes europeas luchando por abrirse paso con un retorno a los mitos griegos en clave cortesana y palaciega. Se atrevió con Orfeo sin amilanarse porque ya Monteverdi lo hubiera hecho un siglo antes -y consiguió que la posteridad valore ambas versiones- y unos años después consiguió el apoyo de la princesa María Antonieta para instalarse en París, componer esta ópera en francés y estrenarla con todos los honores. No pasaría mucho tiempo para que su protectora fuera primero coronada y luego decapitada junto a su esposo Luis XVI.

IMG_7020‘Iphigenie en Tauride’ goza de un libreto coherente y una música inspirada de principio a fin. Goza así mismo de creciente popularidad en las últimas décadas y llega al Teatro Real en una producción conjunta de las óperas de Chicago, Londres y San Francisco, a la que se ha incorporado una novedad especial, Plácido Domingo en el papel de Orestes, con el que viajará el mes próximo al Metropolitan de Nueva York para completar su periplo.

La dirección musical es de uno de los más celebrados directores actuales, el alemán Thomas Hengelbrock, y la escénica de otro divo actual no menos celebrado, el norteamericano Robert Carsen. La primera es de impecable factura. La segunda, sumamente discutible. Carsen oculta el coro -en una tragedia griega- y monta un escenario opresivo, poblado por seres oscuros y reptantes, con una coreografía estática de estallidos llamativos -apuñalamientos y carreras en masas- que nada cuenta de la historia y sólo oscurece la asimilación conceptual y emocional de un mito de tan larga existencia, de tan largo y variado tratamiento literario y artístico, y de dos mil años de presencia en los escenarios occidentales.

Iphigenie 2279Siendo una ópera especialmente descriptiva en la que los protagonistas rememoran impresionantes acontecimientos del pasado, la narración se hubiera visto mejor acompañada con un mayor despliegue de medios evocando a Agamenón y Clitemnestra, más allá de pintar sus nombres con tiza en los muros negros que asfixian la escena. ¿Para que queremos las excepcionales capacidades técnicas del Real de mover grupos y crear ambientes, superponer al tiempo real evocaciones del pasado, narrar en varios planos, deslumbrar con escenografías cambiantes? No debe ser cuestión de presupuesto porque la obra lleva en marcha un par de años con el mismo formato.

Es cuestión de concepto. Porque Carsen no es una aportación novedosa de Mortier sino continuidad en una tendencia que ha hecho su presencias habitual en el templo operístico madrileño. Montó ‘Katia Kabanová’ de Jánacek en la penúltima temporada, y ‘Salomé’ de Strauss en la última, y antes había comenzado su insistente serie con ‘Diálogo de Carmelitas’. Este premiado canadiense es hombre de sensibilidad manifiesta y grandes méritos, que procedente del teatro ha triunfado merecidamente con innumerables montajes operísticos. Pero su Katia cercada por las aguas nos pareció naufragar y debimos relatar en su estreno que ‘la bronca que recibió el responsable de la escenografía fue épica. En general, la mayoría de los asistentes desaprobaron el resultado’. En cuanto a su reciente Salomé del pasado abril, la presentó encerrada en la cámara acorazada de un supuesto casino donde en vez de insinuarse la pecadora bajo siete velos en su famosa danza, se bajaban los calzoncillos siete señores bien entrados en años mostrando sus partes pudendas.

Iphigenie 04162En ambos casos, al igual que en el estreno de ayer, nos parecieron equivocados los contextos espaciales y siempre un tanto obsesivas, asfixiantes. Son bellas sin duda y están acompañadas de una efectiva iluminación, pero nos dejan insatisfechos. De los tres elementos que configuran la magia de cada noche de ópera, -música, representación e intérpretes- sin duda en esta Ifigenia destacaríamos a los cantantes. Susan Graham, que tuvo que superar un resfriado, es una dama de primera magnitud entre las sopranos actuales, una señora magnífica con enorme presencia y bellísima voz. Estuvo sensacional. Como lo estuvo Paul Groves, un tenor estadounidense con ya dos décadas de éxito a sus espaldas, que ya en ‘Lulú’ de Alman Berg había convencido en este teatro.

Ni el poderoso bajo Frank Ferrari ni el resto del reparto -con Susana Cordón y Maite Alberola- desmerecieron del conjunto. Y así llegamos a don Plácido, que disipó las dudas que su retenida actuación en el ensayo general había sembrado. Dice él que le pueden quedar cuatro años de presencia en los escenarios, y le damos la razón. Ejemplo de sensatez a lo largo de su carrera musical, sus últimos acoplamientos a la edad han producido el resultado apetecido. Se demostró en plenitud de condiciones. Cantó de maravilla un papel abordable. Actuó con la convicción de siempre e hizo un Orestes maduro que siempre fue creíble. Domingo asegura que lo que le da la energía que exhibe es «la pasión» por lo que hace. Y constituye un ejemplo preclaro de que el trabajo con gusto, la profesión o el oficio de cada uno es vida para los veteranos.

El estreno fue un éxito en todos sus aspectos. El público fue unánime en su aplauso generalizado y en las ovaciones que recogieron los tres principales intérpretes, Graham, Domingo y Groves. No hubo esa tensión emocional de los grandes acontecimientos ni Domingo tuvo un homenaje especial, quizás porque todos estamos esperando la gala especial de cumpleaños que tendrá lugar el próximo día 21, al parecer televisada en directo. El público del Teatro Real hizo gala de su fama de flemático y parco, ahora que los públicos anglosajones parecen contagiados de la pasión latina: dejó discurrir toda la primera parte sin aplausos y en la segunda sólo aplaudió dos veces, ninguna de ellas a Domingo, que por cierto ya había interpretado este papel en el Palau de Valencia en 2008.

IMG_8359Dicen que los Tauros vivían de la guerra y el saqueo en la península de Crimea. Y se hicieron famosos por su culto a una diosa virgen a la que realizaban sacrificios humanos. En ellos se inspiró Eurípides para escribir su drama Ifigenia en Táuride en el que se basa esta ópera. El caballero Plácido sobrevivió a los Tauros. Se alternará en su papel con Lucas Meachem, a quien pudimos ver el pasado junio en este mismo escenario con Die tote Stadt (La ciudad muerta) de Erich Wolfgang Korngold, en la que estuvo brillantísimo y convincente, desdoblado eficazmente además en dos personajes.

La Ifigenia de Gluck es perfecta para iniciarse, irreprochable para los buenos aficionados, una inyección de ánimos en todo momento, elixir sin fallo para recibir el bálsamo de la belleza perenne. Puede saber a poco en el melómano más exigente, en el adicto a la complejidad tanto en el arte como en la vida, en quien gusta navegar tempestades y atravesar cataclismos emocionales. En todo caso, ópera, Ópera con mayúsculas.

IPHIGÉNIE EN TAURIDE
(Ifigenia en Táuride)
Christoph Willibald Gluck (1714-1787)
Tragédie lyrique en cuatro actos (en lengua francesa)
Libreto de Nicolas-François Guillard,
basado en las tragedias homónimas de
Claude Guymond de La Touche (1757) y Eurípides (c 412)
Estrenada en la Académie Royale de Musique de París
el 18 de mayo de 1779

Nueva producción en el Teatro Real procedente de la Lyric Opera de Chicago,
la Royal Opera House, Covent Garden, de Londres
y la San Francisco Opera

EQUIPO ARTÍSTICO

Director musical Thomas Hengelbrock
Director de escena Robert Carsen
Escenógrafo y figurinista Tobias Hoheisel
Iluminadores Robert Carsen, Peter van Praet
Coreógrafo Philippe Giraudeau
Director del coro Andrés Máspero

REPARTO

Iphigénie Susan Graham (13, 16, 20, 23 y 25)
Maria Riccarda Wesseling (14, 17, 19, 24 y 27)
Thoas Franck Ferrari
Oreste Plácido Domingo (13, 16, 20, 23 y 25)
Lucas Meachem (14, 17, 19, 24 y 27)
Pylade Paul Groves (13, 16, 20, 23 y 25)
Yann Beuron (14, 17, 19, 24 y 27)
Primera sacerdotisa/Una mujer griega Susana Cordón
Segunda sacerdotisa Anna Alàs i Jové
Diane Maite Alberola
Un escita César San Martín
Un oficiante Tomeu Bibiloni

Coro Titular del Teatro Real
(Coro Intermezzo)

Orquesta Titular del Teatro Real
(Orquesta Sinfónica de Madrid)

DURACIÓN APROXIMADA

Actos I-II: 1 hora
Pausa de 25 min.
Actos III-IV: 50 min.

FECHAS

Enero: 13, 14, 16, 17, 19, 20, 23, 24, 25, 27
20.00 horas; domingos, 18.00 horas

La función del día 25 será transmitida en directo por
Radio Clásica, de Radio Nacional de España.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído