Opinión / Pasajes

Consultorio sexual de la señorita Pepa

Consultorio sexual de la señorita Pepa
Sexo telefónico. EP

–Hola, Pepa: “Mi novio, con el que vivo hace un año, es incansable. No es fanfarroneo ni nada por el estilo, al contrario, a veces, me parece una desgracia. Necesita hacerlo todos los días dos o tres veces. Yo no siempre puedo seguir su marcha. A veces él se enfada conmigo, pero yo no sé si el problema es mío o suyo. Yo soy bastante fogosa, pero no tanto… Quisiera saber hasta qué punto es normal su caso, y qué puedo yo hacer para que me entienda”.

–Pues enhorabu… Nada, nada; no he dicho nada. ¡En qué estaría una pensando! El caso de tu novio es completamente anormal. Eso no se hace. Eso es abuso. Lo puedes denunciar incluso por la nueva Ley del Trato de la Leire Pajín. Te consejo que lo dejes, y me lo mandes al consultorio urgentemente para ponerme en tratamiento con él. Digo para ponerlo a él en tratamiento. ¡Siguiente!

–Hola, Pepa: “Mi duda es la siguiente: llevo casada un año y medio y mis relaciones no acaban de funcionar ya que a mi marido le apetece muy pocas veces hacer el amor, dice que para él no es un tema muy importante en la pareja, yo no pienso lo mismo”. Y quería me orientaras con qué frecuencia se mantienen relaciones normalmente; pero como he visto que la señora anterior va a dejar a su novio gracias a tu sabio consejo, pues quisiera me lo traspasara.

–¡Ah no mi niña eso sí que no, yo lo oí primero…! Nada, nada, no he dicho nada. Aguántate con tu marido, que es un santo varón, pero procura llamar más veces al del butano que la tiene bien grande… La bombona, claro. ¡Siguiente!

–Hola, Pepa: “No siento nada al hacer el amor. ¿Qué me pasa…?”.
–Querida mía, eso va a ser cosa fisiológica, de las trompas concretamente. Así que yo que tú cambiaba de trompa. El del butano la tiene bien despachada. La bombona, vuelvo a decir. ¡Siguiente!

–Hola Pepa: “Me gusta mucho practicarle el sexo oral a mi chico, pero por más que lo intento no consigo que él eyacule ni siquiera cuando le masturbo. Sólo alcanza el clímax con el coito vaginal y cuando se masturba él mismo. Yo deseo que él termine en mi boca, pero no lo consigo. ¿Soy demasiado inexperta?”.

–Eso tuyo tiene fácil arreglo: en las ferreterías venden unas ordeñadoras eléctricas buenísimas. Se la enchufas, y en un pispás lo dejas sequito. Y si quieres que termine en tu boca como dices, usa un vaso. O una taza. ¡Siguiente!

–Hola, Pepa: “Mi marido es camionero y pasa mucho tiempo fuera de casa, sacando algunas cosas de su bolsa he encontrado varias revistas pornográficas con signos evidentes de masturbación…”

–Ya, pues fuerte un guarro, por no decir un hediondo. Cómprale unas cajas de clínex para que no manche las revistas.

 –No, no, si lo que quería preguntarte es otra cosa: “¿Debo considerar esto como una infidelidad?”.

–Pues claro que sí, bobita. (Fuerte bicho que estoy hecha) Es una desfachatez, que esas revistas estén arruinando tantos matrimonios. Mi amiga Hermengaudia, la pobre, encontró el otro día a su marido, en el lecho matrimonial, practicando el coito con el catálogo de lencería de la ‘Victoria’s Secret’. Tú guarda esas revistas como prueba del delito de infidelidad, se las llevas al juez Garzón o a cualquier otro, y te concede el divorcio en un momentito. Mientras tanto ya sabes: llama al del butano. ¡Siguiente!

–Hola Pepa, mira, que soy el del butano precisamente. Y ya no me mandes a más nadie, por fa, que voy a acabar muy malamente.

–Serás malagradecido. ¡Siguiente!

–Hola Pepa: “Desearía saber si existen inconvenientes para realizar sexo anal”.

–Ah no mi niña, de eso no tengo ni idea. Llama a Pedro Zerolo, que es todo un experto en la materia. Y además te orienta sobre la forma en que él alcanza los orgasmos democráticos que le proporciona el presidente Zapatero. ¡Siguiente!

–Hola, Pepa. “Mi novio llega al orgasmo muy rápido ¿Qué debe de hacer para retrasar su eyaculación y así poder llegar al mismo tiempo?”

–Pues mira, tu novio deberá frenar el ritmo hasta que te falte poco, para acelerar de nuevo a continuación, procurando no saltarse los semáforos en rojo. Si esto no te funciona, prueba a machacársela con una piedra. Verás que no volverá a llegar al orgasmo antes que tú, mientras se acuerde.

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