Opinión / Desde mi escaño

Cutre airline

Cutre airline

Paulino Rivero salió satisfecho de la Feria Internacional de Turismo, Fitur, porque creía haber dado con la clave para darle un impulso a este sector en las Islas, suscribir un contrato con la aerolínea Ryanair, una compañía de vuelos baratos y que, salvo excepciones muy bien contadas y limitadas, traerá a Canarias al turismo más cutre que usted se pueda imaginar. Partimos del hecho de que todo el mundo tiene derecho a viajar aquí y allá, pero el impulso de esta importante actividad para las Islas no vendrá facilitada, precisamente, por la empresa del señor O’Leary.

De hecho, la negociación entablada por el presidente canario ha motivado que las aerolíneas que han venido apostando por el Archipiélago desde tiempos inmemoriales como Iberia, Air Europa, Spanair, Air Berlín o, más recientemente, Vueling no sólo han puesto el grito en el cielo, sino que amenazan con levantar el vuelo (nunca mejor dicho) y buscar otras pistas de aterrizaje (también bien expresado al caso). Se trata de una cacicada institucional, un intento de hacer del turismo un cajón desastre donde a algún politicastro le interesa más contar el número de personas que la cifra de euros que pueda caer en la caja de los establecimientos alojativos y de los comercios de compras, ocio y restauración.

Precisamente, mi amigo y compañero Gonzalo Castañeda tenía en el programa del jueves a un empresario del sector turístico y también entrevistó a uno de los mejores expertos en la misma materia, al adejero Miguel Santos. Todos coincidían en un aspecto de sentido común, que lo importante no sólo es sumar de cara a las estadísticas, sino que a fin de mes, de semestre y de año la alcancía esté repleta de euros. ¿De qué nos sirve que arriben a Canarias 12 millones de turistas si luego el 75% no dejan de ser mochileros, jóvenes que vienen con el todo incluido y que, lamentablemente, no dejarán beneficios, salvo los gastos ya pactados en origen?

Además, señor Rivero, ¿sabe usted cómo funciona Ryanair? Dicho finamente, si usted coge cualquier diccionario enciclopédico y busca la palabra cutre o tranquista le saldrá una foto de un avión de esta compañía irlandesa. Esta empresa engaña en los precios que anuncia, de tal suerte que un billete de Zaragoza a Londres que originalmente dice que cuesta 4 euros puede irse hasta los 100 porque, fíjese usted, le cargan 40 euros por no hacer el check-in en su casa, sólo se permite ir en cabina con un bulto de 10 kilos de peso máximo, las tasas de facturación pueden dejarle tiritando, con 20 euros extra a partir de la segunda maleta, y digo extra porque la primera se la clavan a 10 euros.

Y luego, para que vea usted la seriedad de esta empresa, han tenido ideas tan descabelladas, aunque no se han podido llevar a la práctica, como cobrar por el uso del baño, doblar el precio del pasaje a las personas con sobrepeso o la idea de que la gente viaje de pie y ponerse atado contra la pared en los despegues y aterrizajes, así como en las turbulencias. Sí señor, toda una empresa de acreditada astracanada y que sólo tiene una característica que la hace atractiva, el precio. Quienes ya han sufrido la novatada, saben como eludir las trampas económicas y pueden viajar de Madrid a Frankfurt por apenas 5 euros.

Pero, evidentemente, el turista que le interesa a cualquier destino que se precie (y entiendo que Canarias está en esa consideración) es aquel que se va a dejar los cuartos y nadie con 5.000 euros para estallarse en una semana en las Islas va a querer venir en una compañía que se parece a una diligencia del Oeste, pero en este caso surcando los cielos. Piénselo, señor Rivero, las Islas no se pueden permitir estar al albur de una empresa que tiene la misma formalidad y seriedad que los muñecos de José Luis Moreno.

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