La página vacía fue colmada, por J.C.Deus

Pagina Blanco 3600El estreno de una ópera española sería noticia en cualquier caso. Si su autor la interpreta al mismo tiempo, sería primicia mundial, porque no ocurre todos los días ni siquiera todos los siglos. Y si es una mujer, añadiría un indudable atractivo suplementario. El Teatro Real ha apoyado decididamente a Pilar Jurado, un caso único en nuestros lares de polifacetismo musical, -compositora, directora de orquesta, soprano- para que durante dos años trabajara en la producción de ‘La página en blanco’, una ópera en la que firma el libreto y la partitura, y además interpreta el principal papel femenino, que en la práctica se constituye en verdadera protagonista de la obra. Todo ello rodeado de una expectación inusitada y de un lanzamiento por todo lo alto. Apuesta arriesgada ante la que hemos cruzado los dedos deseando que las excesivas expectativas no arruinaran la propuesta. Lo que casi ha estado a punto de suceder.

Calificación del espectáculo (del 1 al 10)
Argumento, 3
Libreto, 3
Partitura, 7
Dirección musical, 7
Dirección artística, 7
Voces, 7
Orquesta y Coro, 7
Interpretación, 6

Estamos ante una obra en nueve escenas y dos actos, sobredimensionada también en duración, que no debería tener una pausa de media hora en medio. El primer acto roza el aburrimiento; el segundo es más entretenido pero más incoherente. El final de la obra, sin embargo, se eleva sobre todo lo demás en un largo apoteosis efectivo y brillante.

Pagina Blanco 2315En el Prólogo, el coro invisible nos dice: ‘El futuro es una página en blanco… Dicen que cada hombre elige su destino. ¡Cómo se ríen los dioses al oír eso!’. Puede parecer una introducción a la trama pero no tiene nada que ver con el argumento. Es como casi todo lo que ocurre en esta ópera, aleatorio, oportunismo intelectual diletante.

En cuanto al argumento, nos es imposible resumirlo en una secuencia lógica. Está lleno de incoherencias, abruptos saltos y desarrollos paralelos. Se resiste a la lógica y al final se resume en un conjunto de apariencias en el que nociones peregrinas de cibernética se mezclan con trozos en latín del Apocalipsis de San Juan, en el que unas sucesión de misteriosos correos electrónicos que parecen iniciar la trama, desaparecen por ensalmo para dar cabida a un robot japonés que ocupará algunas escenas antes de evaporarse en una nueva contingencia, una conspiración de todos los personajes para exprimir la creatividad del protagonista gracias a la seducción de la soprano y a las malas artes de su mejor amigo.

Pagina Blanco 2881Ante tal maremágnum, se recurrió a un equipo alemán racionalista que lo ha tenido bien difícil. El director de escena David Hermann y el escenógrafo Alexander Polzin optaron por prescindir del enorme escenario disponible y centrarse en dos pequeños cubículos superpuestos en el centro del mismo: arriba, el espectral estudio del compositor; abajo, unas cochambrosas dependencias del teatro donde el compositor es sometido a terribles experimentos. La mente del compositor y su proceso creativo es evocada en dos pantallas laterales donde se desarrollan animaciones ocurrentes de las pesadillas que pintara El Bosco. Excelente trabajo videográfico de Claudia Rohrmoser, pero ajeno a la historia.

‘La página en blanco’ peca de osada, como las anteriores propuestas de autores españoles actuales en el Teatro Real, ya fuera ‘El viaje a Simorgh’ de José María Sánchez Verdú en 2007, o ‘Faust-bal’ de Leonardo Balada en 2009. La intención de poner óperas actuales autóctonas a la altura de Verdi y de Wagner, es loable, pero imposible. Mejor haría el Real en consolidar una segunda división de más fácil acceso y menos pretensiones, algo que la propuesta ‘operadhoy’ lleva haciendo hace años y cuyo tono más modesto sería más adecuado y permitiría mayor igualdad de oportunidades.

Pagina Blanco 3022Pilar Jurado no se ha contentado con acceder al olimpo de forma un tanto prematura, visto su currículo de compositora, sino que se ha considerado capaz, sin la mínima preparación para ello, de escribir el libreto, la vía de agua que ha hecho naufragar tantos buenos cruceros. Ha necesitado mil y una ayudas para llegar a término, pero finalmente ha arruinado todo el viaje en este acceso inconcebible de prepotencia. Bien es verdad que sus predecesores se apoyaron en libretos más ambiciosos, en el caso de Verdú en una libre adaptación de la novela de Juan Goytisolo ‘Las virtudes del pájaro solitario’, y en el caso de Balada en un libreto de Fernando Arrabal, y el resultado en ambos casos también fue fallido. Y que ciertamente la historia de la ópera está llena de libretos infumables sobre los que se han montado partituras divinas, como sería el caso de la mismísima La Traviata sin ir más lejos.

Por tanto, no culpemos de lo ocurrido únicamente al libreto. La partitura, para decirlo en palabras de la misma autora, ‘es más un menú que un plato’, una amalgama de ecos e influencias para cuyo ensamblaje final ha necesitado una pequeña ayuda. No obstante, tiene grandes valores, se escucha con interés y está llena de atractivos. Es las parte vocal donde naufraga ostensiblemente, como lo hacían sus colegas Verdú y Balada, y como lo hacen la mayoría de las óperas actuales. Las disonancias instrumentales resultan más accesibles que las extravagancias vocales. Es imposible salvar la barrera de la artificialidad y el ridículo, y en esta ópera se repite el fiasco de arias, solos y combinaciones que chirrrían desaforadamente. Hasta el espectador curtido sufre frente a la ausencia de coherencia, de belleza y de armonía que las voces experimentan en ‘La página en blanco’. Las intervenciones de los cantantes son feas, abrumadoramente feas, y a eso se le podrá llamar como se quiera. Abundan los recitativos hasta el punto de que a veces parece que nadie en realidad canta.

Pagina Blanco 4688El hecho singular de encontrar cantantes alemanes interpretando papeles en español pudo valorarse como un atractivo suplementario, un toque de exotismo cosmopolita, pero dificulta aún más la verosimilitud y la comprensión y hacen necesarios los subtítulos como si se de arameo se se tratara. Las largas presencias del latín no están traducidas y se convierten en anotaciones ‘culturalistas’ como las animaciones de El Bosco. El bajo-barítono Otto Katzameier, al que ya viéramos y escucháramos a comienzos de temporada en Mahagonny, encarna un protagonista histérico que naufraga en una sobreactuación equivocada. El tenor Nikolai Schukoff confirma la valía que demostrara en ‘Jenufa’ la temporada pasada, pero no sobrevive a las incoherencias mefistofélicas de su personaje.

Pilar Jurado ha querido ir más lejos que nadie, construir una historia con Cibernética y Evangelios, de rabiosa actualidad y profundas moralejas, entre ordenadores y latinajos, con robot japonés incluido y la mayor cantidad posible de moderneces prosaicas. El reparto debe superar la inconsistencia de los personajes, y eso hacen el contratenor Andrew Watts y el barítono Hernán Iturralde, sin que lo logren la mezzo Natascha Petrinsky y el tenor José Luis Sola, al que toca uno de los personajes más absurdos que pueda imaginarse.

El estreno registró un abucheo bastante consistente. Algunas localidades sin ocupar por los abonados no eran buen presagio. En el descanso abandonó una parte del público y rostros y comentarios reflejaban descontento. Al final la habitual división de opiniones entre un tercio entusiasta, un tercio crítico y un tercio silencioso, que es otra forma de no mostrar entusiasmo. La orquestam, el coro y los papeles secundarios recibieron más aplausos que los protagonistas. No hubo apoyo a la puesta en escena. Y la protagonista de la noche por partida triple -compositora, libretista y soprano- focalizó la protesta y una reacción entusiasta pero muy minoritaria entre el público que aún n o había abandonado la sala.

Demasiadas pretensiones y demasiadas expectativas desbaratan una obra que corregida de incongruencias argumentales, redimensionada en duración y mejorada en sus partes vocales, puede cambiar radicalmente y tener futuro. Pilar Jurado ha tenido una oportunidad que a casi nadie llega y ha sabido aprovecharla, demostrando valor, inteligencia y grandes dotes musicales. Ojalá lleguen nuevas y consistentes páginas.

Pagina Blanco 1533 LA PÁGINA EN BLANCO Pilar Jurado (1968)

EQUIPO ARTÍSTICO

Director musical Titus Engel
Director de escena David Hermann
Escenógrafo Alexander Polzin
Figurinista Annabelle Witt
luminador Urs Schönebaum
Directora del vídeo Claudia Rohrmoser
Director del coro Andrés Máspero

REPARTO

Ricardo Estapé Otto Katzameier
Xavi Novarro Nikolai Schukoff
Aisha Djarou Pilar Jurado
Marta Stewart Natascha Petrinsky
Gérard Musy Hernán Iturralde
Kobayashi Andrew Watts
Ramón Delgado José Luis Sola

Coro Titular del Teatro Real
(Coro Intermezzo)

Orquesta Titular del Teatro Real
(Orquesta Sinfónica de Madrid)
DURACIÓN APROXIMADA
Prólogo y Acto I: 1 hora y 5 min.
Pausa de 25 min.
Acto II: 45 min.
FECHAS: Febrero, 11, 14, 16, 18, 22, 25, 28: Marzo 2.
A las 20.00 horas

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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