Opinión / Pasajes

Dios baja al vestuario

Dios baja al vestuario
Juan Manuel Rodríguez.

Sí señoras y señores, no se lo van a creer dado el clima de laicismo radical circulante en España, pero Dios acaba de acceder al vestuario de la Unión Deportiva Las Palmas de la mano de don Jaime Gil Vázquez, sacerdote del Colegio Salesianos y capellán del equipo amarillo. La cosa es que, al parecer, el reciente entrenador del equipo, que se llama don Juan Manuel Rodríguez, es muy creyente. Y entonces, “para apoyar y bendecir al vestuario amarillo” antes de recibir la semana pasada al Recreativo de Huelva, requirió los servicios del capellán don Jaime.

Que fue lo que le dijo don Juan Manuel, o sea el entrenador, a su presidente, que se llama don Miguel Ángel Ramírez: “Mire usted, don Miguel: don Jaime para algo es el capellán del equipo, ¿no?, pues que venga al vestuario y nos eche la bendición”. Y entonces le replicó el presidente: “¿Y usted no cree, don Juan Manuel, que igual nos los toman a mal, dado el clima anticlerical que sufrimos en España?”. Y entonces don Juan Manuel le replicó: “Que se lo tomen como quieran, pero o viene el capellán a darnos su bendición antes del partido, o el Huelva nos funde. ¡Si lo sabré yo!”.

Y entonces, antes del partido, allí que estaba don Jaime el capellán, con un par de botellas de agua bendita, sentado en el banquillo mientras los jugadores se vestían, que para eso estaban en el vestuario. Los jugadores estaban un poco moscas, la verdad, porque no conocían a don Jaime. Y porque además don Jaime iba de paisano. Una vez con la indumentaria el equipo, le dijo el entrenador don Juan Manuel al capellán don Jaime: “Venga, écheles la bendición ya; y procure que algo salpique también a las paredes para que la cosa cunda más. Pena que el balón no lo tengamos aquí”. Pero don Jaime, el capellán, consideró que las cosas había que hacerlas bien, o no se hacían. Y entonces les metió un sermón previo a los asombrados futbolistas:

–Queridísimos hermanos, Dios nos dice que debemos amarnos los unos a los otros, sí, pero durante los próximos 90 minutos del partido, me harán el favor de no considerar como hermanos a los jugadores del Recreativo de Huelva. ¿Estamos…? Hay que ganar como sea, o sea que nada de amor para con los hermanos del Huelva. ¡A por ellos! Porque…

Pero en esto apareció en el vestuario el ayudante del árbitro, a revisar los tacos de las botas, y tuvo el capellán que interrumpir su sermón. ¡Hay que joderse! Precisamente ahora que don Jaime estaba inspirado, tuvo que venir el ayudante del árbitro a fastidiar el invento… Y después tienen el valor los árbitros de quejarse de que los insulten… Si es que se lo buscan. Qué le costaba esperarse a que don Jaime terminara el sermón, ¿eh…?

Pero después de que se fue el ayudante del árbitro, pues resulta que había ya que salir al campo, y entonces el entrenador, o sea don Juan Manuel, apremió al capellán: “Venga, don Jaime, écheles ya el agua como sea. Y no se  me olvide de las paredes”. Según el medio de donde saco la noticia, “La Provincia”, pasó que: “El clérigo resolvió con celeridad ante la sorpresa general de los presentes en la caseta: tomó las botellas y roció, con agua bendita, al grupo de jugadores de la UD
Las Palmas”.

Después, durante el partido, las cosas no fueron demasiado bien para la UD Las Palmas, no. El Huelva se puso por delante en el marcador, y el entrenador don Juan Manuel miró con muy mala cara al capellán don Jaime, al tiempo que se producía el siguiente diálogo:

–¿Usted está seguro que lo que les echó a los jugadores fue agua bendita, don Jaime…?
–Pues claro que sí, hijo mío. Feo está que lo pongas en duda.
–Pues ya ve cómo se nos ha adelantado el Huelva, carajo. ¿No estaría caducada el agua bendita, don Jaime…?
–No seas hereje, consio, que eso no caduca.
Después consiguió empatar la Unión Deportiva, ¡menos da una piedra!, y al parecer van a mantener al capellán en la alineación del equipo. Bueno, o al menos en el banquillo. Lo que un servidor se teme es que, como esto funcione, el Real Madrid acabará por fichar al presidente de la Conferencia Episcopal, don Antonio María Rouco Varela, para lo de echar agua bendita a los jugadores. Y si no, al tiempo.

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