Ole, Oleanana, canta y no llores, por J.C.Deus

22-4-11.espanol.oleanna_foto_andres_de_gabriel_(80)Oleanna es una canción tradicional noruega a la que el cantautor Pete Seeger dió cierta fama, sobre un lugar idílico donde todos son felices. David Mamet titula con ella y mucha ironía una pieza magistral, representante del mejor teatro de ideas, los temas intelectuales controvertidos de nuestros días llevados al escenario. No se trata sólo de reflejar la realidad sino de debatir sobre sus aspectos más polémicos. Y de hacerlo con honestidad para todas las posiciones, hasta ver descomponerse la verdad en un rompecabezas. Oleanna responde plenamente a tal exigencia; fue escrita en 1990 y se estrenó, con dirección del propio Mamet, en 1992. Veinte años son más o menos el retraso social de las posesiones ibéricas en relación con la sede imperial americana. Por tanto, el tema es por aquí de rabiosa actualidad.

‘Oleanna’ no es ‘Penumbra’, ‘Delicadas’ o ‘Días felices’: tiene más pretensiones, para bien o para mal. No es divertida, no hace pasar el rato. Quiere mostrarte todos los datos; quiere que comprendas que hay más de una verdad. Y sus personajes no son alfeñiques de cartón piedra que recitan parrafones; son personas que conoces, quizás tú mismo, mira por donde. En ‘Razas’ -la más reciente obra de Mamet, también estrenada en Madrid esta temporada- el conflicto era racial y en un bufete; en ‘Oleanna’ el conflicto es de género y generacional y en una universidad. Pero a pesar del tiempo transcurrido entre ambas, se parecen como dos gotas de agua, si bien ‘Razas’ tiene cuatro personajes y aquí sólo hay dos: el profesor y la alumna. Un despliegue del ‘mametspeak’, con toda razón admirado.

22-4-11.espanol.oleanna_foto_andres_de_gabriel_(86)“Es una obra para dos personajes cuyo tema, a primera vista, parece centrarse
en la lucha de poder entre un profesor universitario, a punto de alcanzar la cumbre de su carrera, y una de sus alumnas. La obra, sin embargo, aborda de manera sutil, como en tantas otras obras de Mamet, otras cuestiones quizá no tan evidentes pero que tienen especial relevancia para su autor. Entre ellas, por ejemplo, el acceso universal a la educación universitaria, el lenguaje políticamente correcto, las políticas de género existentes en las instituciones públicas”. Juan Vicente Martínez no sólo ha adaptado bien el texto sino que ha entendido la siempre grata complejidad de Mamet frente a los guiones simplones que nos anegan. ‘Nunca podremos estar seguros de las verdaderas intenciones de los personajes, de la veracidad de sus gestos o afirmaciones, ya que Mamet, en su condición de gran autor dramático, dejará en nuestras manos, y en última instancia, la decisión final”.

“En la obra hay dos personajes. Hay un hombre y una mujer, y los dos defienden puntos de vista muy sólidos, en los que creo por igual… Muchos creían que el hombre tenía razón y la mujer estaba equivocada y que yo lo había presentado así tendenciosamente, y muchos creían justo lo contrario”, se defendió de los muchos ataques que sufriera el dramaturgo. “Mi función consiste en mostrar las interacciones humanas de tal manera que la síntesis que asimile el público promueva una actitud más humana, una mayor comprensión de las motivaciones humanas. Dicen que mi obra es ‘poco clara’, pero creo que en realidad quieren decir ‘provocadora’. Eso, en lugar de dejar al público encantado de la vida por la moraleja donde todo cuadra de la obra, los perturba”.

22-4-11.espanol.oleanna_foto_andres_de_gabriel_(43)Para nosotros, lo que hace excepcional Oleanna no son estas cosas; es sobre todo la reflexión pesimista en la dura verdad que aporta la experiencia: las mejores causas y razones se estropean y degradan en manos de sus seguidores. Las ideas bienintencionadas llevadas a la práctica se convierten en monstruos. Las utopías, los paraísos terrenales, los programas más hermosos han dado lugar a las mayores catástrofes. En este contexto, abundan los palos y los ajustes de cuentas en nuestra sociedad con las ideologías totales, empezando por el cristianismo, abundando en el nazismo y llegando más recientemente al comunismo. Pero aunque se critica mucho al sistema capitalista en sus vertientes económica y política, las creencias y propuestas de los Felices Años Sesenta – el Sesentayochismo, digamos- que hoy han sido convertidas en dogmas y leyes, parecen gozar de bula, son intocables. El guiso oportunista de los posos del marxismo con los ecos del hippismo ha dado lugar a un ismo aún sin nombre pero de vocación opresora y dominante.

Es aquí donde entra el incómodo Mamet, un especialista en denunciar los excesos en que se ha convertido la ideología dominante de la ‘political correcness’, el bozal de lo políticamente correcto, el conjunto de censuras y prohibiciones que atentan hoy día a la libertad de expresión del ciudadano de manera sutil y efectiva, esa legislación que queriendo proteger a las minorías débiles ha creado nuevas injusticias. Con ‘Razas’ desmontaba las cuotas obligatorias a favor de los negros; con ‘Oleanna’ nos hace reflexionar sobre la monstruosidad en que se convierte la intransigencia ‘progre’ aplicada la vida corriente, convertida en un martillo inquisitorial.

22-4-11-1.espanol.oleanna_foto_andres_de_gabriel_(2)El proceso mediante el que una actitud más bien educada y comprensiva de un profesor le convierte en la mente de su alumna en un monstruo dictatorial y sexista, debería ser leído y comentado a nuestros adolescentes para vacunarles del peligro de la intransigencia prejuiciosa, el mayor del todo los peligros del intelecto. La crueldad justiciera en manos de esta jovencita destroza la vida de su profe con premeditación y alevosía, y sobre todo en nombre de la justicia, que es la característica más repugnante de la opresión ideológica vigente. Que, encima, sus adalides y corifeos creen ser los buenos tan sólo porque se han colocado en la sesera la insignia de izquierdas. Vaya mierda.

Manuel de Benito ejerce de asistente de dirección de Mario Gas, el director del Teatro Español, desde 2004. Ha sabido aprovechar esta oportunidad que le ha dado su jefe para demostrar dotes relevantes como director. Una correcta medida del tiempo y del espacio, una escenografía perfecta (y no esas cutreces que menudean en el teatro de pequeño formato) y una dirección de actores sólida. La ventana del despacho merece mención especial, es ejemplo del uso estupendo que se puedo dar al vídeo en escena. La pieza no rechina nunca, mantiene el interés y es creíble en todo momento. Es lógico que en noventa minutos de diálogo continuo, haya media docena de ocasiones que den una impresión ligeramente repetitiva, de ‘déjá vu’ innecesario. Pero parece más culpa del original que de la adaptación.

22-4-11.espanol.oleanna_foto_andres_de_gabriel_(114)Con esos noventa minutos de permanente actuación a un metro del espectador, es una obra donde todo lo deciden los actores. Jose Coronado e Irene Escolar aciertan, convencen y ganan el sobresaliente. Especialmente -y no por ser otro ‘tonto de género’- aplaudimos a Irene Escolar en uno de los papeles de jovencita más convincente que recordamos. Esa chica inmadura que trasmuta su timidez en agresividad, cargada de agravios, incapacitada para la ironía, dulce verdugo, que de la pulsión sexual sólo tiene noticia escrita y que del grupo como tantos hace su escudo, es absolutamente conmovedora. Nos pasamos la obra pensando una y otra vez que la conocíamos; porque la conocemos, conocemos chicas como ella, con la misma inocente maldad que va a hacerlas infelices. También conocemos señores como el que interpreta Coronado, paternalistas liberales de izquierda montados en el machito, que pertenecen a las ong’s a las que hay que pertenecer, se mantienen en el correcto filo de la obediencia teñida de criticismo inane, se defienden con el sarcasmo de su impotencia y falsedad, y terminan también pagando injustamente el pato porque las nuevas generaciones son todavía más serviles y más falsos que ellos.

Escolar es una actriz seria y así lo ha demostrado en sus anteriores papeles de El mal de la juventud (dirigida por Andrés Lima en el Teatro de la Abadía); Rock’n’Roll (de Tom Stoppard, dirigido por Álex Rigola en las Naves del Español de Matadero de Madrid); y Días mejores, con dirección de este mismo, también en La Abadía.

22-4-11.espanol.oleanna_foto_andres_de_gabriel_(106)Coronado viene del pozo ‘couché’ de la profesión, las caras bonitas, la insulsez de la tele. Y sigue una evolución al revés, hacia la excelencia, bien por él. Todavía le quedan tics del cartón piedra de las teleseries. Su John es un poco caricaturesco en alguna ocasión. Creo que le falta sangre caliente; a lo mejor lo hizo así Mamet, que conoce las universidades de la élite yanqui y no nuestros pudrideros.

Pero sea usted joven activista de género o estimado catedrático de izquierdas, no deje de ver esta obra; o vea la película o lea el libro. Y si es un joven con narices y un maduro con redaños, alguien con vocación de ser auténtico y con la cruz de serlo, véala también y sacará fuerzas de flaqueza. Vivimos en el mejor de los mundos y lo estropeamos nosotros.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Argumento, 8
Texto, 9
Adaptación, 8
Dirección, 8
Interpretación, 9
Escenografía, 8
Realización, 8
Producción, 8

OLEANNA
De David Mamet
Dirección, Manuel de Benito
Adaptación: Juan Vicente Martínez Luciano
del 28 de abril al 12 de junio

Intérpretes:
Jose Coronado, John
Irene Escolar, Carol

Escenografía Miguel Ángel Coso / Juan Sanz
Iluminación Mario Gas / Paco Ariza
Diseño de videoescena Álvaro Luna
Espacio sonoro Enrique Mingo
Vestuario M & V
Cartel y fotografías Sergio Parra
Ayudante de dirección Víctor Antolí
Dirección de escena Manuel de Benito
Una producción del Teatro Español.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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