Ludovico y Tartufo: lunfardeando, por J.C.Deus

yo2tartufo_024El teatro público inicia la nueva temporada bajo el signo de la incertidumbre. El modelo anterior -abundantes y crecientes subvenciones para un gremio mimado- no podrá mantenerse, y un balance de lo conseguido con tan generosa fórmula deberá realizarse más temprano que tarde. Podría pensarse que tanto dinero empleado sólo ha servido para homologarse a la baja al teatro comercial: captación de público a cualquier precio, oferta de entretenimiento banal y mera diversión en sus tres cuartas partes. El Centro Dramático Nacional, dependiente del ministerio de Cultura, inicia la temporada del Teatro María Guerrero con ‘Yo, el heredero’, una comedia italiana de hace setenta años, y el Teatro Fernán Gómez, ‘fundado para el desarrollo de las artes escénicas’ por el ayuntamiento de Madrid, lo hace con el ‘Tartufo’ de Molière, una célebre obra francesa que tiene más de tres siglos. Piezas de muy dudoso valor actual, cuyas puestas en escena han fomentado la parte más trivial de su contenido. Piezas que buscan descarada y prioritariamente ese hacer reír y ese pasar el rato que una vez fue objeto del teatro más comercial y hoy se extiende a escenarios que debieran aportar algo más que pasatiempos.

Reír es bueno, qué duda cabe, pero no debiera convertirse en objetivo prioritario cuando se pretende hacer teatro serio. ‘Yo, el heredero’ es una propuesta de un escenógrafo habitual de nuestros teatros Andrea D’Odorico, que se estrena como productor con este autor italiano contemporáneo de Pirandello que goza de reciente e inexplicable atractivo en nuestra escena. Junto a ello, una enésima versión de ‘Tartufo’ presentada por Lazona, una productora que acumula éxitos: tiene en cartel también en Madrid en estos momentos Toc Toc, en el teatro Príncipe, y Veraneantes, en el teatro Abadía, y en gira mantiene Días Estupendos. Si empezamos, contra lo habitual, hablando de las producciones es porque juzgamos que han sido el factor decisivo en el resultado final: mucho público y pocas nueces.

D’Odorico encargó el proyecto a un director napolitano, pensando así lograr mayor verosimilitud e impacto. Pero a Francesco Saponaro no se le ocurrió otra cosa, para captar el juego de matices del original entre el dialecto popular y la lengua oficial, que dotar al protagonista de habla bonaerense y aspecto acharlotado. Desde el momento en que Ludovico aparece en escena lo que empezaba interesante desde el punto de vista de la escenografía y la interpretación, es eclipsado por la payasada. El público ríe y el espectador exigente (¿aguafiestas?) se embarca en una creciente irritación que no cesará hasta que baje el telón y pueda salir corriendo.

Por su parte, el Tartufo de Lazona no lo reconocería el padre que lo engendró. La versión de Mauro Armiño es desconsideradamente prosaica, casi de tele. La ambientación años veinte recurre a cómicos diálogos de película muda, al charlestón y al ‘art deco’ con resultado discutible. Escenografía y vestuario son convencionales tirando a mediocres. El director Hernán Gené se ha reservado el papel de protagonista y nos presenta un Tartufo hierático e indescriptible con una característica dominante: es también platense, aunque de acento menos exagerado y modales más contenidos que el Ludovico de su colega Ernesto Alterio.

yo5tartufo_017Total que por esos caprichos del destino nos encontramos simultáneos estrenos hermanados -por encima de las enormes diferencias entre ‘il onorevole’ Eduardo de Filippo y ‘monsieur’ Jean Baptiste Poquelin ‘Molière’-, en la semejanza entre Ludovico y Tartufo, dos jetas monumentales -uno cínico, el otro hipócrita- interpretados ambos a la argentina usanza, como si en vez del año de Rusia en España estuviéramos viviendo el año de Buenos Aires en los Madriles.

Yo, el heredero es superior en escenografía e interpretación a Tartufo. En la primera obra destacan iluminación, vestuario y las interpretaciones de José Manuel Seda como Amedeo y Rebeca Matellán como Bea. Los primeros diez minutos hasta que aparece ese horrible personaje ya mentado son muy buenos. En la segunda obra de las dos que reseñamos, el tono general queda por debajo de lo exigible en una sala tan excelente y tan desaprovechada, y Roberto San Martín comenzó la función de ayer francamente extraño. Ambas también presentan otra curiosa coincidencia: ese recurso antiguo y nefasto de mover en escena sillas (o taburete, que lo mismo da) sin ton ni son con objeto de aparentar que algo pasa en escena sin que pase nada.

Es de maravilla ver el teatro nacional poblado de foráneos habiendo tanto teatro propio del siglo pasado necesitado de rescate. Es de pasmo constatar el olvido en que yacen Salinas y Jardiel, Mihura y Dicenta, Casona, Benavente, Echegaray y Marquina, decenas de autores, cientos de obras merecedoras de actualizaciones, versionados y reposiciones mientras se importa a troche y moche. ¿No sería tarea del Centro Dramático Nacional y otras instituciones culturales públicas?

Es estupendo ir al teatro a pasar el rato sin más objetivo que reírse un tanto. Las taquillas del teatro comercial regulan oferta y demanda. Pero el teatro público se debe también a la innovación, la reflexión, el debate y la excelencia. Si seguimos bajando los baremos terminaremos todos lelos.

VALORACIÓN DE LOS ESPECTÁCULOS (del 1 al 10)

YO, EL HEREDERO
interés: 5
versión: 7
dirección: 7
interpretación: 7
realización: 7
producción: 7

TARTUFO
interés: 5
versión: 5
dirección: 6
interpretación: 6
realización: 5
producción: 4

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YO, EL HEREDERO, de Eduardo De Filippo
Dirección Francesco Saponaro
(Teatri Uniti‐Napoli)
Producción Andrea DʹOdorico
Traducción Juan C. Plaza‐Asperilla
Iluminación Juan Gómez‐Cornejo
Vestuario Ana Rodrigo
Escenografía Andrea D’Odorico

Reparto (por orden alfabético)
Lorenzo, Fidel Almansa
Ludovico, Ernesto Alterio
Primera Señora, Beatrice Binotti
Dorotea, Concha Cuetos
Segunda Señora, África García
Ernesto, José Luis Martínez
Bea, Rebeca Matellán
Caterina, Natalie Pinot
Amedeo, José Manuel Seda
Adele, Mikele Urroz
Margherita, Yoima Valdés
Cassese, Abel Vitón

Del 16 de septiembre a 23 de octubre de 2011
Duración, 1h y 45 minutos

TARTUFO, de Moliére
Dirección: Hernán Gené
Versión: Mauro Armiño

Intervienen:
Tartufo, Hernán Gené
Orgón, Paco Hidalgo
Dorina, Nathalie Seseña
Elmira / Mariana, Cristina Castaño
Valerio / Inspector, Roberto San Martín

Escenografía y vestuario Pepe Uría
Diseño de iluminación Pedro Yagüe
Producción Lazona
Del 21 de septiembre al 23 de octubre de 2011
duración: 1 h y 30 minutos

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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