Nra persona las trabas burocráticas que le han impedido sacar adelante su proyecto en Puebla de Sancho Pérez

Fermín Caraballo: El calvario de un empresario extremeño

"He visto a una funcionaria haciendo la compra por teléfono sin cortarse un pelo aunque yo estaba escuchando y esperando"

Fermín Caraballo: El calvario de un empresario extremeño
Fermín Caraballo. HOY

Llevo dos años, con sus 24 meses, dando tumbos de un lado a otro y aún no he conseguido los permisos

«Si para abrir una empresa en nuestra región hay que estar dando tumbos dos años me han de reconocer que es un insulto para el emprendedor, para la sociedad y para todo un país. Espero que algún día nos demos cuenta y que los políticos pongan remedio a tales despropósitos y desaguisados».

Así termina la denuncia de un pequeño empresario extremeño, harto de ser mareado por la administración para poner en marcha un nuevo proyecto. Fermín Caraballo narra con detalle su peregrinaje por los despachos oficiales, sus llamadas, sus esperas interminables. Critica los retrasos, los desprecios, la desgana con que le han atendido algunos funcionarios, no todos.

Como explica Miguel Hernández en ‘Hoy’, también aporta ideas: que cada uno, del presidente del Gobierno al aprendiz cumplan con su obligación. Fermín es de Puebla de Sancho Pérez, pero su experiencia, narrada en primera persona, podrían firmarla muchos más.

Así lo cuenta:

«Soy Fermín Caraballo, gerente y dueño, junto con mis hijos, de Industrias Danalu S.L., una pequeña empresa casi familiar de 17 trabajadores.

Me considero emprendedor, ya que he patentado hasta seis productos y sistemas en los últimos dos años de crisis, algunos referidos a las energías renovables minihidráulica y de undimotriz que se basa en el aprovechamiento de las olas.

El 35% de la mano de obra que sobra en el taller por la crisis no la hemos despedido, la estamos dedicando a la investigación.

El último proyecto es un prototipo de extinción de incendios a distancia, único en el mundo y para el cual hemos tenido que hacer una pirotecnia al ser necesarias carcasas llenas de polvo de extinción o retardante con las cuales queremos alcanzar el fuego hasta a un kilómetro de distancia desde una carretera o camino rural con toda seguridad para los bomberos.

Pues bien, después de embarcarme en este proyecto, diseñándolo, patentándolo y finalmente fabricándolo, empiezo a moverme por la administración para conseguir los permisos de dicha pirotecnia, que es vital.

¡Llevo dos años con sus 24 meses dando tumbos de un lado para otro y aún no he conseguido dichos permisos para llevar a cabo nuestro proyecto de investigación y desarrollo!

Quiero contar la cara y la cruz sin pelos en la lengua de todo lo que he visto, oído y palpado en mi particular calvario con la administración y el funcionariado, negativo en el 80% de los casos para mi proyecto y que por supuesto todos los políticos apoyan de buen grado.»

Las mesas vacías
«Cuando llegas a la administración lo primero que te encuentras es un montón de gente en la puerta. En un principio pensé que era gente esperando para hacer gestiones.

Después me di cuenta de que eran funcionarios que salen a fumar a la calle, por lo que cuando entras encuentras grandes despachos con las mesas vacías. Eso sí, todos con las luces encendidas, a 24 grados en invierno y 19 grados en verano.

He visto a una funcionaria haciendo la compra por teléfono sin cortarse un pelo aunque yo esperaba y la estaba escuchando. He presenciado largas conversaciones de cómo han pasado el fin de semana. Los he visto llegar a las 9.30 horas sin control ni pudor alguno.

Los he escuchado bromear con la fiesta del Pilar, que no había puente, pero que había gastroenteritis que duraban más de dos días. Los desayunos de la administración son de reyes.

Van desde 40 minutos hasta 2 horas, sin control ni pudor, con paseos hasta cafeterías situadas a 500 metros. Cuando los autónomos en nuestros talleres tenemos 15 minutos y nos sobra tiempo.»

Doce personas y un teléfono
«He estado llamando desde el taller horas y horas para alguna gestión al número que me ha dado la propia administración y no he conseguido hablar con nadie.

Me desplacé a estas oficinas y llamé desde el móvil para que llamaran desde el taller a ese mismo número. Delante de mí se puso a sonar el teléfono y nadie de las doce personas que estaban allí lo cogía. Me acerqué a la mesa más próxima y le dije que estaba sonando el teléfono y me contestaron que ese sonaba todo el día.

Le dije que lo sabía de sobra porque había estado llamando cinco horas y que en ese momento también llamaban desde mi empresa. Esta persona sintió un poco de pudor, me dijo tienes razón y me atendió.

Me solucionó lo que llevaba meses pendiente, que era un trámite de la Seguridad Social que podría haber hecho sin tener que desplazarme.

He tenido que aguantar malas caras cuando me he quejado. Incluso el murmurar de algún compañero de quien me atendía diciendo que somos verdaderos incordios.

Es cierto que una persona dando tumbos por la administración dos años, gastando tiempo, gasolina, paciencia, derrochando prudencia para sacar un proyecto de investigación y desarrollo pueda parecer un incordio para los funcionarios.

Pero si no existiésemos esta clase de incordios trabajando de lunes a domingo un montón de horas, intentando sacar del atolladero primero a nuestra empresa y segundo llevando a cabo nuestros proyectos que pueden ser de futuro, manteniendo a duras penas nuestra solvencia e incluso nuestra salud, y pagando impuestos hasta por respirar, estos cómodos señores de la administración no cobrarían a final de mes hagan lo que hagan que, como he explicado, en el 80% de los casos es muy poquito.

Otra cosa que no entiendo es cómo un país se tiene que adaptar al horario y a las comodidades de los funcionarios perdiendo multitud de horas de trabajo. Pienso que al menos un 10% deberían hacer un turno rotatorio de tres de la tarde a diez de la noche para que el que no pueda hacer gestiones por las mañanas las hiciese por la tarde.

Señores, como la administración no cambie para agilizar al país, corremos el riesgo de quedarnos atascados en todos los sentidos. La administración es un monstruo que hemos creado y que nos puede comer si no lo remediamos pronto.

Tengan en cuenta, y lo vemos a diario, que una mala administración en una casa arruina esta casa. Una mala administración en una empresa arruina esa empresa y una mala administración en un país sin duda puede arruinar este país. Y lo estamos viendo en nuestro entorno comunitario.

Países poderosos que por mala administración están al borde de la ruina, igual que multitud de empresas españolas y autónomos que no conocemos el estado del bienestar y somos esclavos de nuestras pequeñas empresas.

Con la misma contundencia que critico a ese 80% de la administración quiero defender la honestidad y profesionalidad del otro 20%, con los cuales también he tratado y que para cumplir con su deber casi se tienen que esconder de los demás porque son señalados con el dedo por ser ágiles en su trabajo.

He conocido a gente en proyectos anteriores llevados a cabo que se han volcado conmigo incluso fuera de horas de su trabajo, interesándose por un proyecto que fue subvencionado con un 39%, todo hay que decirlo, e incluso viniendo a verlo a nuestros talleres para conocer su forma y desarrollo.

Esto es de agradecer, pero por desgracia es un porcentaje muy bajo. Para bien de todos estos porcentajes al menos habría que invertirlos.

Volviendo a los dos años que llevo para poner en marcha otro de mis inventos y abrir la pirotecnia de apoyo que necesito, quiero decir que mi protesta no es ya una ‘guerra particular’, la cual tengo casi perdida por aburrimiento, sino que es también para que muchísima gente que se encuentra en mi situación o parecida alce la voz con educación pero con contundencia. Y que nos acostumbremos a nombrar las cosas por su nombre.

Y lo que sea una sinvergonzonería, un abuso, un despilfarro, una falta de ética profesional o una vagancia aguda hay que decirlo en voz alta para que los políticos de turno, sea cual sea el signo político, intenten poner freno y orden a este desaguisado que tenemos en la administración. Siempre salvando ese pequeño porcentaje de gente honrada que he nombrado.

No se puede permitir que una carta de la Junta de Extremadura tarde 32 días en llegar a nuestros talleres para pedir un documento, habiendo pasado de la Junta a la Mancomunidad Zafra-Río Bodión; de ésta al Ayuntamiento; de éste al alguacil y a los 32 días llegue a mi poder.

No digo que no tenga culpa alguna el correo, que al fin y al cabo son funcionarios. Pero esto, que es una barbaridad lo mires por donde lo mires, ¿no puede nadie ponerlo en orden?

Miren ustedes, este documento, cuyo único interesado es Industrias Danalu S.L., lo mandan directamente por correo electrónico y al minuto lo tengo en mi poder y en los 30 minutos siguientes tienen la respuesta.

Algo que se puede solucionar en media hora, la administración, con su maraña de intermediarios, tarda 32 días. Díganme si esto no es una barbaridad para un país que quiere y presume de ser civilizado y que en boca de los políticos de turno, sean del signo que sean, se le llena la boca de que van a ayudar a los emprendedores.

Otro caso: he estado esperando la liberación de un aval seis meses desde que se cerró el expediente para el cual me lo exigieron, pagando al banco un importe innecesario cada mes. Este documento tuvo que pasar por cuatro o cinco despachos pero sin salir del mismo edificio. Para ello estuve llamando al principio cada semana y en los últimos dos meses a diario.

La última semana me dijeron que probablemente se hubiera perdido, con lo que mi impotencia me llevó a amenazar con acudir a los medios de comunicación para que informasen de mi particular calvario. Eso fue mano de santo porque a las dos horas había aparecido el expediente y al día siguiente se liberó.

Honestamente digo que los emprendedores extremeños no nos merecemos estos desatinos administrativos. Tampoco nos atrevemos a denunciar porque en represalia nos podrían hacer la vida imposible. Me da cierto reparo publicar este escrito, pero creo que los políticos se tienen que enterar y poner remedio a estas cosas que nos están llevando a la destrucción del tejido industrial y empresarial.

A veces por falta de atención y desidia del 80% de los funcionarios de la administración hacia los autónomos y emprendedores.

Con respecto a las ayudas que pregonan los políticos, creo que con buena voluntad, deberían pensar que si quieren ayudarnos de verdad y ayudar al país, tendrían que hacer un buena remodelación en la administración y acostumbrar a los funcionarios a que al trabajo hay que ir a trabajar porque es la única defensa del estado de bienestar: que trabajemos todos y cada uno en su puesto. Si nos acostumbramos a la vagancia no tendremos futuro como país.»

«No hay varitas mágicas»
«Que no se nos olvide esto bajo ningún concepto, que no hay varitas mágicas, solo el trabajo y la constancia de lunes a viernes, ocho horas diarias, arrimando el hombro cada día cada uno en su puesto.

Desde el director hasta el aprendiz y desde el presidente del Gobierno hasta el último funcionario. Si esto no lo hacemos cumplir será muy difícil mantener el estado de bienestar, puesto que las inversiones se irán a países donde se produzca más, como ya vinieron aquí cuando éramos productivos.

Y no me refiero a trabajar más horas sino con más eficiencia, responsabilidad, sentido ético y de sociedad. Y no con absentismo continuo, desgana y vagancia aguda. Así jamás saldremos adelante como país ni como sociedad, entorpeciendo al que quiere trabajar y apoyando a los que quieren vivir del cuento y a costa de dicha sociedad. Esto había que contarlo y creo que ha llegado el momento.

Dije que iba a escribir sin pelos en la lengua lo que pensaba y si alguien quiere debatir conmigo estoy dispuesto. Si para abrir una empresa en nuestra región, que además es de I+D+i, hay que estar dando tumbos dos años, me han de reconocer que es un insulto para el emprendedor, para la sociedad y para todo un país.

Espero que algún día nos demos cuenta y que los políticos pongan remedio a tales despropósitos y desaguisados que solo nos van a llevar a retroceder en el tiempo, después del trabajo que nos ha costado ponernos a este nivel.

Me gustaría que esto cambiara por el bien de todos antes de que fuera demasiado tarde.»

 

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