Iolanta y Perséfone, refinado y casi decadente clasicismo, por J.C.Deus

Iolanta 3810Persephone 1565Poco tiempo hemos necesitado para descubrir que Gérard Mortier, el ya famoso director del Teatro Real, es un liberal conservador o mejor, un conservador liberal, cultísimo y sensato, alejado de estridencias y sensible a la belleza como el que más. La confirmación llega de la mano de este programa doble que aspira a ser el mejor de la temporada operística de Madrid. Para hacer realidad esta excelente producción ha contado con aliados de su cuerda: Peter Sellars en la escena y Teodor Currentzis en la música, el único de los tres que no va disfrazado de ‘progre’ para disimular (tal y como sus dos veteranos socios en esta empresa) su amor por la excelencia, su vocación meritocrática, su sumisión al arte y la belleza como única política redentora. Sobre una base tan sólida, -la ópera lítica en un acto de Chaikovski y el melodrama en tres cuadros de Stravinski-, el Teatro Real aliado con el Bolshoi pone sobre la mesa una propuesta que dará que hablar en Europa, por su marcada originalidad, su arrolladora calidad y su elevada espiritualidad. Alma rusa y corazón hispano, aunque no haya un solo español en esta ambiciosa producción.

Dos obras escénicas que “representan un ideal de belleza, poesía y esperanza” con un punto de contacto, el paso simbólico de la oscuridad a la luz, la experiencia iniciática e imperecedera a la que todos los humanos deberían aspirar y pocos realizan. ‘Iolanta’, estrenada en el Teatro Mariinski de San Petersburgo el 18 de diciembre de 1892, es la última ópera de Chaikovski, tiene ecos de la admirada ‘Eugenio Oneguin’, y mantiene la atmósfera romántica característica de su autor. Perséphone se basa en un poema neoclásico de André Guide y fue concebida como una obra de arte total, con diversas formas de expresión musical -canto solista y coral- y corporal -danza, mímica y recitación-.

Presentar juntas ambas obras es una innovación cierta en un mundo de la ópera donde no gustan las novedades. Lo más importante ante este espectáculo es pronunciarse sobre si la elección es correcta y la propuesta, una aportación acertada. Un sí matizado es nuestra respuesta. Hubiéramos gozado de Iolanta, cuya duración es de hora y media (que esta producción ha aumentado un cuarto de hora), tanto o más que sin Perséfona detrás, de las dos la pieza verdaderamente necesitada de compañía. Conceptualmente nos parece que Mortier y Sellars -cuya amistad e identificación intelectual son plenas- han querido completar la espiritualidad monoteísta que transmite Iolanta con el politeísmo del olimpo griego, el austero mensaje de la tradición ortodoxa rusa con el chamanismo panteísta que seducía a la deriva dionisíaca de la intelectualidad europea de entreguerras. En todo caso, celebramos la originalidad y el riesgo, y que se trate de una producción propia (coproducción con el Bolshoi) con posibilidades de ser exportada. Pero ni conceptualmente ni artísticamente el maridaje nos convence más allá de experimento a mayor gloria del señor Sellars, que demostrando su enorme poder -siempre ‘soft power’ como el de Obama, pero ‘power-power’- se ha permitido introducir una pieza coral del mismo Chaikovski en ‘Iolanta’ y ha traído hasta ‘Perséphone’ a la danza clásica camboyana.

Pero vayamos por partes. Iolanta es una metáfora de la búsqueda humana de la luz interior, un cuento sobre una princesa ciega a la que su padre el rey mantiene en la ignorancia absoluta del sentido de la vista, en la que un sabio-sufi-negro-musulmán viene a dar lecciones a un monarca-medieval-cristiano-europeo sobre la necesidad de la verdad para alcanzar la luz, y un joven conde aporta el arma del amor para vencer a la oscuridad. Pero la verdad y el amor poco podrían sin la voluntad de Dios, que es la misma Luz de origen, así que la obra se convierte en un canto a la existencia de Dios y una reverencia ante su infinita gloria.

Iolanta 1341Persephone 1658Chaikovski vivió apenas un año tras su estreno. Su muerte fue atribuida al cólera, pero actualmente se sospecha de suicidio, hipótesis que adopta sin vacilaciones Sellars. Pero ciertamente, como confiesa la musicóloga rusa Alexandra Orlova, defensora de la última tesis, ‘la polémica puede que haya llegado a un punto muerto, no hay esperanza de hallar un resultado satisfactorio. No sabemos cómo murió Chaikovski. Puede que jamás lo descubramos’.

Dada la extremada religiosidad de la pieza, cuesta creer en el suicidio. Pero esta tesis, junto a una supuesta disidencia de la iglesia ortodoxa a propósito de la música sacra, permiten ‘vender’ esta ópera como transgresora, cuando es absolutamente conservadora, un homenaje a la filosofía perenne, un monumento de tradición, que cuando está asimilada, siempre aporta novedades y evoluciona con los tiempos.

En Iolanta, -‘diez escenas a la usanza del melodramma italiano’ como su autor la bautizara-, reinan esas voces de bajo masculino que son marca rusa incomparable; hay una presencia determinante del coro y una riqueza de personajes realmente magnífica. Ocho tienen brillantes intervenciones: además de dos formidables papeles para bajo, hay tres tenores y tres barítonos que pueden brillar en toda su capacidad. Y a la soprano protagonista, la escoltan otra soprano, una contralto y una mezzo soprano que también tienen interesantes intervenciones. Es una ópera de amplio y fantástico reparto que se complementa de tú a tú con una instrumentación poderosa. Nada de secundaria en la producción de su autor. Una joya casi nunca programada. Un descubrimiento muy de agradecer.

Casi todo el elenco viene de Moscú. Es la nueva generación de cantantes rusos, numerosa y talentosa, que empieza a llamar la atención en todo el mundo. Sólo hay una excepción, en el papel de Ibn-Hakia, el médico moro mauritano, que intérpreta el barítono jamaicano de raza negra Willard White. Destaquemos al bajo Dmitry Ulianov como Réne, rey de Provenza,y al tenor Pavel Cernoch como el Conde Vaudémont, que protagoniza una destacada romanza que se ha hecho más conocida. La soprano Ekaterina Scherbachenko mantiene el altísimo nivel que ya demostrara con Eugene Oneguin del mismo autor en este mismo teatro hace un par de temporadas.

La escenografía es realmente un poema de equilibrios y sutileza. Parte de un ‘Stonehenge’ surrealista inspirado en Dalí, cuya aparición al levantarse el telón ante un fondo azul turquesa presagia un ambiente onírico de inmóvil belleza sólo ondulada por sutiles cambios de iluminación y paneles etéreos. Una escenografía que inmediatamente recuerda la reciente de Philip Glass para Péleas et Melisandre. Una acertada sinestesia inunda el escenario de colores que pretenden reflejar la trama, y la extraordinaria iluminación alcanza su climax en la escena final, donde la luz brillante que viene del cielo y las miradas alzadas de todo el elenco rodeado del coro al completo semeja un apoteósico encuentro en la tercera fase.

Sellars ha introducido el Himno de los Querubines de la Liturgia de San Juan Crisóstomo (opus 41 de Chaikovski) poco antes del ya solemne final a base de coros escrito por el autor. Por más vueltas que uno le da no encuentra razón para este solapamiento, salvo que los ‘Alá es grande’ del sabio sufi en el inicio, se hayan querido compensar con la loa de los querubines a la ‘Trinidad Vivificadora’, sin duda conveniente cuando la producción viaje a Moscú.

SEGUNDA PARTE

A la quietud sublime del montaje con Chaikoski sucede el frenesí propio de la música de Stravinski. La unidad conceptual se mantiene con la misma estructura central -el paisaje surrealista de marcos abiertos al vacío- pero los cambios de atmósfera, el despliegue sinestésico de colores y el movimiento de paneles se tensa acompañando a la estridencia y fragmentación propia de la música de este compositor ruso.

Iolanta 1360Persephone 2073Un tenor ejerce de sumo sacerdote y pone también voz a las deidades masculinas Mercurio y Plutón con distintos estilos vocales. El coro aporta continuos comentarios emotivos. Y una recitadora proclama con excesiva ampulosidad el poema de André Gide en que se basa la pieza. Mientras, los personajes son doblados por danzantes orientales que evolucionan independientemente por el escenario. Es una extraña obra, una indefinible simbiosis de cantata escénica y teatro danzado, algo que la presentación oficial denomina ‘un modernismo arcaico tan indescriptible como intemporal’. La enorme variedad de elementos dispares puesta en juego cubre la música de potentes sugerencias que crean finalmente una confusa atmósfera, una superposición de sugerencias que termina siendo infranqueable.

Kandinsky consideraba que un cuadro podía ser la representación visual de una composición musical. Sellars se inspira en Rothko y en el expresionismo abstracto, y el movimiento de paneles en el fondo de la escena conforma una sucesión de cuadros gigantescos, una galería de arte secuenciada, un museo de arte contemporáneo entre el cielo y el infierno. En cuanto a la danza, Sellars ha optado como decimos por introducir otro nuevo y exótico ingrediente, el baile clásico camboyano, que viene a sumar universalidad al mito griego.

Pero en definitiva, ‘Perséphone’ es lo que es: un encargo al que puso música Stravinski con muchos reparos; un poema neoclásico en francés ampuloso, declamado al más viejo y empalagoso estilo. Sellars se ha volcado en una versión complejísima que no consigue trasmutar el pretencioso origen. Que no se considere ordinario ni maleducado, pero la palabra castellana que me viene una y otra vez a la mente es pestiño, ese dulce tan exageradamente dulce, hecho con masa de harina y huevos batidos, que después de frita en aceite se baña con miel, y que a pesar de tanta dulzura termina siendo intragable.

Terminando por fin: interesante propuesta; grandes directores artístico y musical; una gran ópera de Chaikovski y una obra menor de Stravinski, unidas por un vínculo conceptual discutible en una buena producción que merece la pena. Siempre preferiremos el intento a la molicie (Imágenes emparejadas de ambas piezas).

El público del día siguiente al estreno -más representativo que el del estreno mismo- aplaudió sinceramente Iolanta y educadamente Perséphone. El aforo no estaba lleno, hubo deserciones en el intermedio, y al final buena parte de los espectadores salieron corriendo sin guardar las formas.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 7
Libretos: 7-5
Partituras: 8-5
Dirección musical: 8
Dirección artística: 8
Voces: 7
Interpretación: 7
Escenografía: 8
Orquesta: 7
Realización: 7
Producción: 8

IOLANTA
Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893)
Ópera lírica en un acto
Libreto de Modest Chaikovski, basado en La hija del rey René de Henrik Hertz
En lengua rusa

PERSÉPHONE
Igor Stravinski (1882-1971)
Melodrama en tres cuadros
Poema de André Gide
En lengua francesa
Nueva producción del Teatro Real
Coproducción con el Teatro Bolshoi de Moscú

EQUIPO ARTÍSTICO
Director musical, Teodor Currentzis
Director de escena, Peter Sellars
Escenógrafo, George Tsypin
Figurinista, Martin Pakledinaz
Co-figurinista, Helene Siebrits
Iluminador, James F. Ingalls
Coreografía en colaboración con los bailarines
Director del coro, Andrés Máspero
Asistentes del director musical, Vicente Alberola, Andrey Danilov
Asistentes del director de escena, Fred Frumberg. Marcelo Buscaino
Maestros repetidores, Arnaud Arbet, Riccardo Bini

REPARTO DE IOLANTA
Réne, rey de Provenza, Dmitry Ulianov, bajo
Robert, duque de Borgoña, Alexej Markov, barítono (enero14,16,18, 21,23,24)
Maxim Aniskin, barítono (enero 20, 26, 28, 29)
Conde Vaudémont, Pavel Cernoch, tenor (enero 14, 16, 18, 21, 24, 26, 28)
Dmytro Popov, tenor (enero 20, 23, 29)
Ibn-Hakia, médico moro, Willard White, barítono
Alméric, escudero, Vasily Efimov, tenor
Bertrand, guardián, Pavel Kudinov, bajo
Iolanta, hija del rey René, Ekaterina Scherbachenko, soprano
(enero 14, 16,18, 21, 24, 26, 28)
Veronika Dzhioeva, soprano
(enero 20, 23, 29)
Marta, nodriza de Iolanta Ekaterina Semenchuk, contralto
Brigitta, amiga de Iolanta Irina Churilova, soprano
Laura, amiga de Iolanta Letitia Singleton, mezzosoprano

REPARTO DE PERSÉPHONE
Eumolpe Paul Groves, tenor
Perséphone Dominique Blanc, narradora

Bailarines: Amrita Performing Arts, Camboya
Perséphone Sam Sathya
Déméter Chumvan Sodhachivy
Pluton Khon Chansithyka
Mercure/Démophon Nam Narim

Pequeños Cantores de la JORCAM

DURACIÓN APROXIMADA
Iolanta: 1 hora y 30 min.
Pausa de 25 min.
Perséphone: 55 min.

FECHAS
14, 16, 18, 20, 21, 23, 24, 26, 28 y 29 de enero de 2012
20.00 horas; domingo, 18.00 horas.

RETRANSMISIONES
La función del día 24 será retransmitida en directo por Radio Clásica,
de Radio Nacional de España y por France Musique, de Radio France.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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