El matrimonio de su hija Marta ha despertado una enorme expectación en la opinión pública

La boda de la hija de Amancio Ortega revoluciona al imperio Inditex

"Mucho ojo, paparazzis, porque puede ocurrirles que pase ante sus narices y no se den cuenta"

Corre estos días una leyenda urbana en La Coruña sobre Amancio Ortega: «Es un tipo tan listo, tan listo, que ha hecho coincidir la boda de su hija Marta con la celebración del Congreso Nacional del PP».

Nadie podrá extrañarse de la ausencia del Presidente de Galicia entre los invitados. No se sabe si eso puede ser un contratiempo mediático para Alberto Núñez Feijóo, pero fuentes generalmente bien informadas aseguran que va a ser un alivio para el presidente de Inditex, que nunca da una puntada sin hilo.

Alergia a los políticos, ¿sabe usted, periodista? Alergia a los saraos de los grandes empresarios con los inquilinos de La Moncloa. No posó con Zapatero, a pesar de que también era leonés, y no dirá ni si, ni no, ni todo lo contrario a cualquier invitación de Rajoy, ejerciendo como buen gallego adoptivo.

Mandará en su lugar a Pablo Isla, ése alter ego imprescindible entre cuyas muchas funciones figura la delicada responsabilidad de mantenerlo «aislado», como su propio nombre indica, de telediarios y primeras páginas de periódico.

Alergia a los reporteros, a las estrellas del mambo mediático, a las cámaras de televisión, a las entrevistas a fondo y el fondo siempre morboso de las entrevistas. Ni el largo brazo de ‘Salvame’ y JJ Vázquez puede pillarle desprevenido. La boda está blindada.

El hombre que fisga y se cuela en los más remotos mercados de un mundo globalizado, es un experto en mantenerse en su bunker herméticamente cerrado a prueba de la mirada de los otros.

El hombre y sus circunstancias

No se sabe si aparecerá con su camisa oxford, generalmente blanca, bajo una sencilla chaqueta y calzando sus eternos «castellanos».

Pero es seguro que en esa boda, salvo los suyos, solo sentiría la ausencia de su peña: la que desayuna con él todas las mañana; la que durante años ha compartido un partidito de fútbol en un campo pegado al Club Financiero; la que le ha acompañado en todas sus peregrinaciones (probablemente una promesa de cuando anduvo pachucho) por todas las rutas que llevan a Santiago, bajo la Vía Láctea, entre el paisaje portugués, por la senda de la plata o a través de cualquiera de esos caminos que pueden llevar a Compostela, como por todos los caminos se acaba llegando a Roma.

El reino de este hombre que acumula 21.500 millones de euros, no es de este mundo. Tampoco es un extraño alienígena del Planeta Forbes. Es un sencillo leonés que se ha hecho a sí mismo, en compañía de su exmujer Rosalía Mera y su hermano Antonio, con quienes compartió muchas etapas duras y algunas maduras.

Es un paisano tenaz, intuitivo, con más arrojo que sus generales tecnócratas para izar la bandera del Grupo Zara en los más recónditos y hostiles mercados de la Tierra.

Marta y Sergio, tanto montan, y nunca mejor dicho, para dos jóvenes que comparten afición a la hípica, son su circunstancia constante y su circunstancia nueva en su vida. Se casan el próximo sábado en su pazo de Anceis, en el municipio de Cambre, lugar de La Coruña.

Y a estas alturas sabe que una legión de cazadores de fotos avanzan hacia el noroeste a la caza y captura de todo y de todos los que rodeen a uno de los hombres más ricos del mundo.

¡Pero, mucho ojo, paparazzis! Puede ocurrirles que pase ante sus narices, ante sus ávidos objetivos, y lo confundan con el chófer. Ya ha pasado alguna vez. Porque Amancio Ortega tiene mucho más aspecto de pobre mortal que de dios del Olimpo de Forbes.

Porque ese día, si juega el Depor, tendrá el corazón partío entre la suerte que pueda correr su hija y la suerte que pueda correr su equipo. Porque una parte de su cabeza estará en el complejo textil, una parte de sus añoranzas en Melide, el municipio al que se escapa a tomar pulpo regado con vino, una parte de su alma distraída, haciendo una visita virtual al recuerdo de su hermano Antonio, ¡compañero del alma, compañero!

La rebelión de los consumidores

No se llama Ortega y Gasset, sino Ortega Gaona. No es filósofo, aunque a veces llegue a parecerlo. Tampoco podría haber escrito La rebelión de las masas, pero puede describir con todo lujo de detalles «la rebelión de los consumidores» en la amplia frontera entre las últimas décadas del siglo XX y las primeras décadas del siglo XXI. Amancio Ortega, como nadie, ha entendido lo que quería decir el filósofo con el que comparte apellido cuando dijo: el hombre es él y sus circunstancias.

Las circunstancias de decenas de millones de seres humanos se pasean por calles de todo el mundo camufladas en bolsas de Zara.

 

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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