Crisis en una de las cabeceras centenarias de Galicia

El Correo Gallego en problemas: despide a siete trabajadores

Grandes aventuras mediáticas que se dejaron llevar por los vientos de borrachera económica

El Correo Gallego en problemas: despide a siete trabajadores

El Grupo Correo, cuyo buque insignia es el longevo periódico afincado en la capital de Galicia ‘El Correo Gallego’, acaba de despedir a otros siete trabajadores de talleres, del departamento de suscripciones y de su equipo de correctores.

Todavía está muy reciente la desaparición de «Galicia Hoxe», otro medio de la propia Editorial Compostela que se llevó el pasado verano el viento de la crisis y la política de austeridad de la Xunta de Galicia.

El único periódico de papel a la venta íntegramente escrito en lengua gallega, se despedía para siempre de sus lectores sin un mínimo resquicio a la esperanza, como aquel que dejó el general McAthur cuando tuvo que salir de Filipinas: ¡volveré! Ni ha vuelto, ni se le espera.

Desde diciembre de 2010, Editorial Compostela vive en la incertidumbre laboral de un ERE. Algunos periodistas del medio trabajan desde entonces un 75% de la jornada, otros se pasan una semana al mes en el paro y hay trabajadores que hacen paréntesis laborales de hasta cuatro meses al año, lo que puede dar una idea de la elevada moral que reina en la plantilla.

El Correo Gallego, que vino al mundo en la ciudad de Ferrol en 1878, como un sueño hecho realidad por sus fundadores José María de Abizanda y Manuel Comellas, hizo su particular «camino de Santiago» en 1938, y se instaló en la ciudad del Apóstol para ser testigo de cargo de la historia de Galicia hasta nuestros días.

¿Qué le ocurre a El Correo Gallego? ¿Ha empezado a escribir quizá otra crónica de una muerte anunciada? En Galicia se teme en la actualidad por la supervivencia de diversos medios de comunicación.

Grandes aventuras mediáticas que se dejaron llevar por los vientos propicios de la economía y levantaron alegremente edificios inteligentes, cambiaron de rotativas como los españoles cambiábamos de coche y corrieron riesgos en emisoras de radio, canales de televisión, productoras, convencidos de que el maná de la Xunta era inagotable.

Discutibles o no los criterios de ayudas a los medios por parte de los presupuestos de todos los gallegos, plantearse el futuro del universo mediático de Galicia en base a lo que pueda dar la ubre de la Xunta es una política empresarial trasnochada, clientelista y de agravio comparativo con empresas de otros sectores que viven tiempos de penumbra y zozobra económica.

Los gallegos tienen derecho a estar informados, pero no a cualquier precio. Pueden entender que los medios de comunicación necesiten respaldo público, pero con transparencia y la legítima supervisión del destino al que van a parar las ayudas.

El derecho a la información reside precisamente en los periodistas, pero nunca son los principales beneficiarios de las ayudas públicas. Los propietarios de los medios hacen de su capa un sayo, practican el libre albedrío con el dinero de todos los gallegos e invierten en aventuras tecnológicas para mayor gloria de ellos, en vez de invertir en una información de más calidad humana, profesional, para mayor gloria de la información en Galicia.

De aquellos polvos vienen estos lodos. De tanta inútil megalomanía se viven ahora tiempos de incertidumbre y de lentas agonías en diversos medios de comunicación gallegos.

Todavía está caliente el cuerpo de Feliciano Barrera, el gran timonel de El Correo Gallego, y debe estar removiéndose en su tumba a medida que recibe los partes médicos sobre la salud de su viejo periódico, a punto de cumplir 135 años, cuyo pronóstico es cada vez más reservado.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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