El Gaiás es un lujo que no se puede permitir Galicia

De monumento a Fraga a monumento a la corrupción y el despilfarro

Según La Voz de Galicia, sólo mantener caliente la Ciudad de la Cultura va a costar 15 mil euros al mes

La Ciudad de la Cultura, que se alza en Monte Gaiás, en el entorno de Santiago de Compostela, es una obra faraónica que mantiene irritada a la opinión pública gallega. Provocó reacciones adversas cuando todavía se vivían tiempos de vacas gordas, e induce ahora a los gallegos a rasgarse las vestiduras en plena plaga de vacas flacas.

Pero el caso Gaiás tiene trastienda. Corre el peligro de pasar a la historia como un capricho de Fraga. Pero fue un capricho inducido por estrechos colaboradores del viejo león de Vilalba, cuando descubrieron que podría convertirse para ellos en la gallina de los huevos de oro que andaban buscando.

Es un secreto a voces que hubo personas de la nomenklatura galaica que se pusieron las botas, pero resulta muy difícil seguirles el rastro en las hemerotecas gallegas, en aquel tiempo en el que imperaba la ley del silencio en la Galicia de papel periódico.

El disparate de Gaiás, asumido a continuación por el tándem Touriño-Quintana y heredado en la actualidad por Núñez Feijóo, adquiere ahora, en tiempos de crisis profunda, la dimensión de tragedia económica gallega. No se le puede dar para adelante, por razones obvias.

Pero el problema es que tampoco se puede meter la marcha atrás. A lo hecho pecho, una pasta gansa para su mantenimiento y esa cara de tontos que se les queda a los sucesivos gobernantes, cuando contemplan su fantasmagórica e inútil silueta en el horizonte que se divisa desde las ventanas de los despachos oficiales.

Como un monumento al despilfarro de los fondos públicos, a la soberbia personal y a una perversa corrupción a rebufo del papanatismo de la época ante la épica cultural arquitectónica, La Ciudad de la Cultura ha dejado embargado el presente y parte del futuro de los gallegos.

Este miércoles 7 de marzo de 2012  aparecía en La Voz de Galicia una pequeña pero elocuente muestra de la carga que supone esa obra para las arcas gallegas: calentar el Gaiás le cuesta a la Xunta 500 euros al día, 15 mil al mes, 185 mil euros al año. Ése es el presupuesto del combustible que van a consumir los cuatro edificios que ya están operativos en el complejo: oficinas centrales, biblioteca, museo y archivo.–Calentar el Gaiás, 500 euros al día

La implacable subida de los hidrocarburos deja todavía al descubierto esa herida por la que sangra sin remedio la economía pública gallega. A este simple dato, añadan el mantenimiento de los edificios en un clima húmedo y hostil y en un ambiente de inactividad muy por encima de la media esperada.

La Voz de Galicia jamás publicó una bienvenida a esa obra que hiela el corazón de tantos gallegos. Es más: siempre la ha tenido en su punto de mira para dispararle chorros de tinta envenenada. El único reproche, para el sexto periódico en tirada de España, es que, con los medios de los que disponía y dispone, no haya desenmascarado a los que «se lo han llevado calentito» y le han dejado ese marrón a los gallegos. Pero nunca es tarde, señores.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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