Galicia es pionera en sostenibilidad sanitaria

Feijóo diseña el «recargo farmacéutico» para toda España

El modelo Más es un parche; el modelo Rubalcaba, un suicidio; el modelo Feijóo terapia de choque

Galicia es el ariete popular en asuntos farmacéuticos. El gobierno Feijóo ha ido soltando globo-sondas, y la opinión pública gallega ha marcado el ritmo de digestión de medidas contra el despilfarro en fármacos, como si los súbditos de la Xunta fuesen los cobayas del Estado.

Primero fue el “catálogo de medicamentos”, cuando Zapatero todavía gobernaba en Madrid y su Ministerio de Sanidad clamaba a los cielos por lo que calificaba de medida antisocial y discriminatoria.

La “batalla de los genéricos” fue encarnizada en Galicia. Los socialistas demonizaron la prescripción de principios activos, en vez de fármacos con el valor añadido de la marca, y Pachi Vázquez, el líder galaico, protagonizó escenas parlamentarias anunciando el apocalipsis a los gallegos. Ni siquiera los nacionalistas, socios naturales y cómplices parlamentarios del PSdG, se atrevieron en aquella ocasión a sumarse a tan paradójica, demagógica y electoralista ofensiva.

Era el mundo al revés. La socialdemocracia se convertía en el gran escudero de los grandes intereses de la Industria Farmacéutica y de los intereses cotidianos de los propietarios de farmacias, y se llegaron a esgrimir argumentos como la confusión de los mayores si les cambiaban el color de sus píldoras, para intentar echar abajo la iniciativa de la Xunta.

Periodista Digital rescata para sus lectores dos perlas cultivadas de la entonces ministra de Sanidad, Leire Pajín, en el transcurso de una intervención en un Foro de Farmaindustria y Europa Press:

Parece que la Xunta ha olvidado el enorme servicio que la Industria Farmacéutica hace por éste país. No creo en demagogias ni en dicotomías que ponen de un lado a la industria, que genera muchísimo empleo, y en otro a los ciudadanos.

Era febrero de 2011. Y el dramático mensaje subliminal que le estaba enviando la joven ministra a la sociedad española, es que el Estado debía una pasta gansa en fármacos y no tenía el valor de despertar al león dormido de los poderosos laboratorios multinacionales. Socialdemocracia en estado puro. El tiempo y la revisión de las cuentas, que han escandalizado a España y Europa, ha demostrado que el rechazo frontal del socialismo español al “catálogo de medicamentos” de Galicia, no era una cuestión de principios ideológicos, sino la sumisión a los acreedores farmacéuticos que, si tiraban de la manta, dejaban al gobierno Zapatero desnudo frente al mundo.

Incluso cuando a principios de verano de 2011, a pocos meses de la elecciones generales, se produjo el levantamiento de la suspensión del “catálogo de medicamentos” por Parte del Tribunal Constitucional, los socialistas españoles siguieron erre que erre,
intentando conseguir un “efecto boomerang” en la sociedad gallega y española.

Pero contra viento, marea, soflamas socialistas y rasgamiento general de vestiduras de los farmacéuticos, la sociedad gallega y española digirió, con la madurez que proporciona una crisis tan severa, la racionalidad de rebajar el gasto en medicamentos a través del suministro de “principios activos” que se está extendiendo, con plenas garantías, a lo largo y ancho del Estado.

El recargo progresivo farmacéutico

Se inicia ahora una nueva batalla entre las dos Españas. De nuevo Galicia ha tomado la iniciativa en el ámbito popular, y Feijóo se ha ido a Madrid a iniciar la larga marcha hacia la implantación de un recargo en las recetas de medicamentos, con una equitativa progresión adaptada a los niveles de renta. No es el euro por receta de Artur Más, que no presenta indicios de discriminación positiva. Es la receta gratuita para pensionistas y sectores más desfavorecidos de la sociedad, combinada con recargos según los diferentes tramos de ingresos de los ciudadanos. Es un llamamiento a la sociedad para recuperar el principio de solidaridad y aceptar la responsabilidad colectiva de mantener un sistema sanitario sostenible.

Naturalmente, Rubalcaba ya ha puesto el grito en el cielo. Ya ha anunciado oscuros presagios para éste pilar del estado de bienestar y maneja la demonizada palabra “copago” para meterle el miedo en el cuerpo a una sociedad acohonada. La izquierda española no acaba de asumir que ha estado a punto de matar a España, que todavía se debate entre la vida y la muerte en la UCI socioeconómica.

No asimila que no son por ahora los más indicados para hablar de salud en cualquiera de sus acepciones: porque ha dejado al país en coma económico, porque los fondos de la Seguridad Social empiezan a padecer anemia severa y porque la Sanidad, ése tesoro de todos los españoles, estaba agonizando tras siete años de gobiernos Zapatero. Cuanto más ladran, a pesar de que el nuevo gobierno ni siquiera lleva cien días, más percibe una gran parte de la sociedad española que el gobierno Rajoy cabalga, al margen de los ancestrales prejuicios progresistas y conservadores.

Habrá recargo, la izquierda seguirá llamándolo “copago”, que vende más entre su electorado y Galicia volverá a ser pionera en un nuevo paso para hacer sostenible el delicado sistema que salvaguarda el derecho a la salud de los españoles. El problema al que se enfrenta Feijóo, antes de exportar el método al Estado, es acertar con la delgada línea roja que separa a los que tienen derecho a la medicación gratuita, los que deben pagar cantidades simbólicas y la justa y equitativa progresión de lo que deben aportar los españoles más favorecidos.

El dilema del recargo en la recetas no reside en el hecho de implantarlo, sino en el cómo, para quiénes, con qué criterios y con el compromiso de dar marcha atrás si los vientos vuelven a soplar alguna vez propicios. Para hacer oposición se puede echarle mucho morro y mucha demagogia barata. Pero para gobernar, en estos tiempos de zozobra, hay que echarle dos cosas: el sentido común de la justicia y el par de huevos o de ovarios indispensables para hacer pronto lo que se tenga que hacer. Luego, que el pueblo lo premie o lo castigue.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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