Opinión / Javier González Méndez

El espíritu de Suresnes resiste en Andalucía: «Caperucita Roja» se ha salvado del lobo popular

La próxima misión de Rubalcaba es Patxi López

Andalucía ha decidido este 25 de marzo de 2012 no correr el riesgo de tomar un atajo electoral entre «Arenas movedizas». Era mucha su desesperación, tenía muy agotadas sus reservas de paciencia, pero ha optado in extremis por lo malo conocido frente a lo bueno por conocer.

La sofisticada aritmética de las urnas indica que una mayoría muy justita de andaluces han preferido seguir haciendo su largo rodeo sentimental progresista, a pesar de los últimos tumbos que han ido dando en la historia.

Andalucía no es tonta, pero es roja de toda la vida. Y al final ha decidido que no le compensaba tener un muñeco vestido de azul en el Palacio de San Telmo.

A esa Andalucía bicéfala, bipolar, que torea desde hace décadas a la historia con un torero socialista o al alimón con Izquierda Unida, le sigue poniendo el cante jondo de izquierdas.

Ni siquiera en ésta ocasión, en la que no salían las cuentas y parecían increíbles los cuentos, ha decidido arrancarse por unas alegrías de Cádiz de derechas, a ver si tocando otro palo se le pasaba el «mal fario»: el 31% de tasa de paro, los 17.443 euros de PIB per cápita (frente a los 22.819 de España), el 1% menos de esperanza de vida, el 4% menos de hogares con internet o el 1% menos de médicos por cada 1000 habitantes.

Hay una izquierda andaluza que no ha acudido a las urnas. Pero, la otra, ha salido a los colegios electorales decidida a morir con los votos puestos, mientras el centroderecha del sur canturrea hoy aquel estribillo de Camarón que resonó una vez en el mismísimo Olimpia de París: «yo pegué un tiro al aire, cayó en la arena / confianza en el hombre nunca la tengas / nunca la tengas, prima, nunca la tengas / yo pegué un tiro al aire, cayó en la arena»

LAS CENIZAS DE SURESNES

José Antonio Griñán, el hijo de un oficial del Cuarto Militar del General Franco, se dispone pues a seguir siendo el guardián de las «cenizas de Suresnes». Era el EREdero de los últimos de Filipinas, los Chaves, los Rubalcaba, que intentaban que la dinastía de Isidoro se perpetuase en Andalucía. Y va a mantener la corona, con la inestimable ayuda del comodín de IU, en el mismo pedazo de España en el que se gritaba hace apenas 200 años ¡viva la Pepa! y en el que ahora se está exclamando: ¡viva Pepe!

La sombra de Felipe González sigue siendo alargada al sur de Despeñaperros. De sus cenizas de Suresnes han resurgido, como dos Ave Fénix por los que nadie daba un euro, primero Rubalcaba, en el emocionante Congreso de Sevilla, y ahora Pepe Griñán, el Presidente Autonómico que compite con su colega canario por el dudoso honor de dirigir el pedazo de España que ostenta el record de paro. Mientras hay peonadas hay votos, mientras hay vida hay esperanza.

PAN PARA HOY Y HAMBRE PARA MAÑANA

Ese es ahora el dilema de un PSOE exultante. Mientras en Ferraz descorcha champán el aparato de Rubalcaba, en los hogares de muchos socialistas reflexivos quizá ha surgido una pregunta que sólo en los próximos años tendrá respuesta: ¿es esto pan para hoy pero hambre para mañana?

Porque en Andalucía ha salvado los muebles Rubalcaba, y su memoria histórica la generación de Suresnes, y su autoestima ése gurú jubilado al que todavía llamamos Felipe. Pero la renovación de la socialdemocracia española ha quedado aplazada sine die.

Los mismos perros con distintos collares van a echar mano del pasado para seguir escribiendo el futuro con renglones torcidos. Éste no va ser durante mucho tiempo país para jóvenes socialdemócratas reformadores, sino para viejos prematuros disciplinados y sumisos que seguirán surgiendo de la anticuada factoría de las Juventudes Socialistas. Carma Chacón que se vaya buscando pisito fijo en Barcelona.

Tomás Gómez que empiece a mirar cada vez con más frecuencia hacia atrás a ver cuántos le siguen. Y todos los díscolos esparcidos por la geografía española, después de éste 25-M, que empiecen a plantearse seriamente si abrazan la verdadera fe de Ferraz o se arriesgan a ser enviados a la hoguera por herejes.

«CAPERUCITA ROJA»

El lobo del PP al que llevamos meses llamando Javier Arenas, ha vuelto a salir mal parado en la versión andaluza de «Caperucita Roja». Parecía que se la había comido, pero un cazador de Izquierda Unida va a volver a rescatarla de la barriga de la derecha. Es la cuarta vez que envían a Arenas a corrales, y eso no tiene un pase en una Comunidad Autónoma en la que está ubicada precisamente La Maestranza.

Dime, Génova, 13: ¿qué hacemos ahora con éste chico? ¿Le van a aceptar los diferentes barones autonómicos azules como gran Visir de Mariano Rajoy o tienen que buscarle acomodo en un balneario para agradecerle los servicios prestados?

La cruel política alcanza toda su magnitud cuando se obtiene una victoria pírrica, insuficiente, de esas que te dejan durante un par de horas a orillas de la gloria y por toda la eternidad en el agujero negro de la historia.

¡PRÓXIMA PARADA: PATXI LÓPEZ!

Paso a Rubalcaba, con su pequeña gran victoria en Andalucía. Lo que le pidió Felipe en aquella comida antes del Congreso de Sevilla, lo ha cumplido. Andalucía resiste. El «Ángel Caído» de Antonio Vega, que grabó justo antes de morirse Enrique Morente, no era una profecía de Pepe Griñán, sino de Javier Arenas.

El PP sabe que en España sigue habiendo «arenas» movedizas en el sur, y quizá valore más, a partir de hoy, la gesta de los Reyes Católicos cuando conquistaron Granada. Esta era la primera misión del reciente Secretario General del PSOE.

Ahora, sólo queda extenderle la alfombra roja de la candidatura hacia La Moncloa a ése chicarrón del norte al que llamamos Patxi.

 

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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