La Galicia de papel periódico se deteriora

La Voz de Galicia se la juega por Novagalicia Banco y apuesta todo por Castellano

Los caminos financieros del periódico coruñés son inescrutables

La Voz de Galicia se la juega por Novagalicia Banco y apuesta todo por Castellano
La Voz de Galicia. EP

Sobre las virtudes de La Voz de Galicia hablan por sí solas las cifras del Estudio General de Medios. Oleada tras oleada se mantiene como sexto periódico de España en difusión. Su hegemonía en Galicia es avasalladora, ante un Faro de Vigo, segundo en discordia a mucha distancia, que lleva años intentado plantarle cara con una rancia estrategia de información cantonalista.

La Voz barre para casa, para los intereses, a veces generales y a veces particulares de La Coruña, pero no ha renunciado a su papel como medio informativo de Galicia. El Faro, en cambio, sólo ilumina a Vigo y su área de influencia. Mejor dicho, los aspectos de Vigo y su área de influencia que coinciden con los intereses creados de Editorial Prensa Ibérica. Galicia prácticamente no existe para los «comisarios» que ha desplazado Javier Moll a la ciudad que venía siendo el pulmón económico de Galicia.

Los gallegos tenemos un problema, al margen de las periódicas ayudas públicas que reciben ambos medios de comunicación.

Por romántica que pueda parecer esta afirmación, la grandeza de un Estado, de una Comunidad Autónoma, está directamente relacionada con la grandeza de sus medios de comunicación. Y el deterioro constante de la información en Galicia, el mercadeo entre los sucesivos gobernantes y los codiciosos editores, esa complicidad estéril que ha ido creciendo, como una enredadera, entre los distintos okupas de la Xunta y los dos portaviones de la información al norte y al sur, ha dividido a esta comunidad autónoma en dos países: uno real, pero desconocido y otro de papel periódico, confeccionado a la medida de los «clientes»

Este juego prohibido viene de muy lejos. Lo practicó el tripartito de González Laxe, los sofisticó el aparato fraguista, lo envició todavía más el gobierno bipartito, que negociaba a dos bandas, y lo ha heredado ahora una Xunta, en el ojo del huracán de la crisis, que apenas puede producir leche presupuestaria.

El problema es que los medios siempre quieren más. Como ha bajado la publicidad, por razones obvias, Santiago Rey ahí arriba y los «chicos de Moll» ahí abajo, siguen tirando de las cuerdas de la Xunta, de las Diputaciones, de las alcaldías, incapaces de resistirse a la presión de los medios ni siquiera en estos tiempos de penumbra generalizada.

Con una prensa subvencionada, con las administraciones mediáticamente presionadas y un pueblo que se lee sus periódicos de referencia como si fuesen la Biblia, resulta prácticamente imposible averiguar cómo son, de verdad, el país, la provincia, la ciudad o el municipio en el que vivimos.

APUESTA POR NOVAGALICIA BANCO

El último ejemplo es la campaña informativa que ha mantenido La Voz de Galicia respecto a la suerte que pueda correr Novagalicia Banco. Inasequible al desaliento, el periódico galaico ha venido publicando, un día sí y otro también, augurios favorables a la continuidad en solitario de la institución financiera gallega.

Y, sin embargo, los vientos de restructuración financiera que llegan de Madrid nunca soplan favorables. Las cifras que afloran sobre el proyecto de Castellano no incitan especialmente a la esperanza.

Los damnificados de las preferentes, con sus ahorros empantanados en la melé, no garantizan precisamente la fidelidad de los impositores «engañados» a los hipotéticos fondos internacionales que, según La Voz, están dispuestos a acudir al rescate.

La duda que se esparce por la geografía gallega es si La Voz está manejando fuentes generalmente bien informadas o quizá, sencillamente, su suerte como empresa multimedia depende en exceso de la suerte que pueda correr la aventura de José María Castellano. Santiago Rey sabrá. Y los gallegos podrán salir de dudas durante éste mes de abril.

Sería una lástima que la existencia de un medio que difunde 91 mil ejemplares diarios, que ocupa el sexto lugar en el ranking del Estado de periódicos de mayor difusión, que le proporciona trabajo a 376 personas, dependiese de que, ese César con fecha de caducidad al que llamamos MAFO, coloque el pulgar hacia arriba o hacia abajo ante la solicitud de clemencia financiera del Novagalicia Banco.

El panorama de la Galicia de papel periódico es todavía más sombrío que el panorama de la Galicia real. La lista de periodistas y trabajadores caídos en acto de servicio es dramática. La calidad de la información se deteriora al mismo ritmo que la solvencia de las empresas. Decía Larra que escribir en España era llorar. Si se reencarnase ahora en un gallego, cambiaría ligeramente su sentencia: ¡leer en Galicia es llorar!

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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