El Plan de Ordenación del Litoral de la Consellería de Medio Ambiente lleva más de un año en vigor

La Xunta celebra la convivencia sostenible entre litoral y los gallegos

La costa está protegida con todas las garantías, pero sus habitantes han dejado de estar demonizados

¿Es posible que en Galicia las cosas dejen de ser sólo blancas o sólo negras? ¿Qué en su litoral no se empeñe el personal en verlo sólo todo gris o todo verde, todo cemento o todo biodiversidad, todo explotable o todo ecológico?

¿Se podría llegar a una alianza de las civilizaciones y alcanzar acuerdos para conservar el medio ambiente y la explotación regulada y civilizada de los seres humanos, de espacios naturales cohabitando con espacios de emprendimiento, de mantenimiento del ecosistema con mantenimiento y, a ser posible, creación de empleo?

A preguntas como estas, que provocan encendidos debates en una sociedad en plena encrucijada entre la supervivencia del planeta y la supervivencia de sus habitantes, los gobernantes intentan responder desarrollando marcos legales equitativos que nunca alcanzan el objetivo de contentar a todas las partes. Esa es la quimera inalcanzable de cualquier gobernante.

El POL y su filosofía

El Plan de Ordenación del Litoral (POL) de Galicia, que fue aprobado por la Xunta hace ahora un año y algo más de tres meses, mantiene una filosofía de adaptación a las distintas circunstancias municipales, paisajísticas y humanas que se fueron apreciando en rigurosos estudios sobre el terreno, intercambios de información con gobiernos locales y dándole siempre prioridad a la sostenibilidad medioambiental a lo largo de los 2.555 kilómetros de costa de Galicia, que incluyen 432 kilómetros de islas y 464 de marismas.

Pero el POL no es un frío documento que se limita a la conservación del territorio del litoral. Los espacios naturales se protegen, la estética del paisaje se prioriza y los criterios de accesibilidad prevalecen. Pero convierte al ser humano en protagonista, y no en un simple observador de la belleza que le rodea.

Le impone normas severas, pero le deja cauces abiertos, en zonas delimitadas en las que se estima que no puede producir impactos medioambientales, para que use, habite, extraiga rendimientos, tome iniciativas supervisadas y pueda crear riqueza y empleo en el entorno. No es un Plan para convertir a los habitantes del litoral gallego en simples mirones, sino para integrarlos en el territorio civilizadamente, con requisitos de obligado cumplimiento y la supervisión permanente de la Consellería de Medio Ambiente.

Cada zona del litoral gallego es un mundo

No se trata de de crear una franja costera vedada para las iniciativas urbanísticas, empresariales y de ocio del ser humano, como el recurso meramente zonal de los 500 metros que adoptó el anterior gobierno bipartito, sino de poner pie en tierra, recorrer todo el litoral e ir tomando decisiones sobre las zonas intocables y los territorios que, con todas las cautelas legales, pueden ser susceptibles de convertir el POL en un Plan de Ordenación del Litoral y de los Hombres y Mujeres que los habitan. Hectárea a hectárea, municipio por municipio, zona por zona, para que el ser humano sea un aliado de la naturaleza y la naturaleza una aliada del ser humano.

¿Se ha conseguido? Todavía queda mucho camino por recorrer. Los diferentes Ayuntamientos tienen que adaptar sus planes urbanísticos al espíritu de protección medioambiental y paisajística que mantiene el POL desde la primera a la última de sus páginas. Hay municipios más afectados que otros por las restricciones, pero no obedece a ningún tipo de agravio comparativo, sino al sentido común aplicado a la sostenibilidad.

Algunos constructores claman al cielo, grupos ecologistas se rasgan las vestiduras y gobiernos municipales plantean litigios de «por qué a unos sí y a otros no». Pero, en conjunto, a medida que se van cumpliendo plazos, se van creando equipos de control y seguimiento y se van estudiando iniciativas privadas y municipales para adecuarlas con garantías al marco legal, el POL ofrece perspectivas razonables de un futuro en el que puedan convivir la sostenibilidad medioambiental con el urbanismo y alguna iniciativa empresarial, fundamentalmente ligada a la acuicultura, un sector, de enorme potencialidad en Galicia, que puede crear un número relevante de puestos de trabajo.

La especulación voraz versus la intolerancia

El común de los mortales, incorporado a las masas silenciosas que escuchan, reflexionan y extraen sus propias conclusiones, en porcentajes muy dispares respaldan apasionadamente la sostenibilidad del ecosistema, pero no excluyen el derecho de los seres humanos a crear riqueza, hacer emprendimientos y aspirar al empleo aprovechando las oportunidades que ofrece la naturaleza. El problema reside en un pulso permanente entre radicales de la explotación y grupos ecologistas aferrados a la «tolerancia cero».

No se trata de gobernar para los unos o para los otros, sino de gobernar para cerca de tres millones de gallegos.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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