"¡Fuera, fuera!, ¡Tú no deberías estar aquí!"

Peregrinos infiltrados enfadados con Rajoy

El Códice como frívola disculpa de debate electoralista

Rajoy sale en la foto el domingo de resurrección del Códice Calixtino

Lo que ha dejado al descubierto Manuel Fernández Castiñeiras, el célebre electricista que mantuvo secuestrado durante un año el Códice Calixtino, no es sólo la escasas medidas de seguridad de la Catedral de Santiago; ni siquiera el lapso de un apóstol apodado «milagreiro», ¡Santiago y cierra España!, que no fue capaz de cerrar a cal y canto su catedral para impedir un robo chapucero, con un final que plagiaría el mismísimo Woody Allen en una segunda parte de «Toma el dinero y corre».

Lo que ha dejado al descubierto, según los expertos en la materia, es que el dichoso Codex Calixtinus valdría cien millones de euros en el mercado negro y es de suponer que bastante más en el mercado blanco.

La «codicia cultural» y las Sandalias del pescador

Entre el jubileo de la gran noticia que por una vez, y ojalá sirva de precedente, ha tenido en España la palabra «rescate», parece inevitable que la imaginación viaje en el tiempo y rememore la película «Las sandalias del Pescador», a aquel Papa Kiril de celuloide que se parecía a Anthony Quinn, que se asomaba al célebre balcón de la Plaza de San Pedro, que se quitaba humildemente la Tiara y le anunciaba al mundo la enajenación de todos los bienes materiales de la Iglesia.

¿Existe la codicia cultural? ¡Qué gran dilema para ir resolviendo, sin prisa pero sin pausa, en el siglo XXI y sucesivos! Los respetables «barrigallenos» intelectuales, que suelen llegar a fin de mes, defienden con uñas y dientes la acumulación del patrimonio cultural a buen recaudo de los Estados y en todas las sucursales del pequeño Estado del Vaticano, a cuyo lado, la expansión del imperio Zara se convierte en un fenómeno anecdótico. Y poner en duda ese axioma convierte a cualquiera en un hereje civil y religioso.

¿Cuánto pagarían por el Códice en el mercado blanco?

Menos mal que nos queda Portugal, clamaban en los 80 aquellos chicos de Siniestro Total, que no se imaginaban que el país luso iba a acabar hecho unos zorros.

También queda, para los que hayan tenido la tentación de tener «malos pensamientos» imaginando todo lo que se podría aliviar a la humanidad subastando Códices Calixtinos, miles de joyas acumuladas en el Museo Vaticano, el consuelo de un antecesor que tuvo que abjurar ante la Santa Inquisición.

«Eppur si muove», siguió pensando Galileo Galilei. Y sin embargo es posible, sin electricistas e intermediarios clandestinos, tentar a los mercados, a los grandes capitales, con eso que llamamos «patrimonio cultural de la humanidad», conservado con el dinero de la humanidad y sometido a «copago» en los museos públicos y al previo paso por ventanilla en el Museo Vaticano y en la propia Catedral de Compostela.

Ahora es cuando la Santa Inquisición de los intelectuales y gurús de la cultura se plantean la excomunión de la civilización a cualquier ser humano que plantee semejante herejía ¡Qué poco confían en la vanidad de los coleccionistas que, más tarde o más temprano, sienten la imperiosa necesidad, en vida o póstuma, de exponer sus tesoros al público.

El Códice como frívola disculpa de debate electoralista

¿Saben lo que estaban discutiendo las fuerzas políticas gallegas este domingo de resurrección del Códice? Que se lo entregase Rajoy a Julian Barrio, el Arzobispo de Santiago, en el Palacio de Xelmirez. Que se hiciese esa foto preelectoral de atracción fatal mediática.

El Secretario de Organización del PSdG-PSOE, Pablo García, en una profunda reflexión progresista y de izquierdas, le reprocha al Presidente que venga a colgase medallas, en vez de explicarle a los gallegos qué va a ser de su vida. Y el candidato a la Xunta del BNG, Francisco Jorquera, considera «esperpéntico» y «electoralista» que el Primer Ministro español se venga a Galicia a devolverle a Dios lo que es de Dios.

Y quizá tengan razón ambas fuerzas políticas. Pero qué razón tan mezquina, tan superficial, tan puerilmente electoralista y tan ajena a las razones ideológicas de fondo que deberían esgrimir dos organizaciones políticas de izquierdas absolutamente «descafeinadas» Ni una palabra del espíritu y la utopía de Las sandalias del pescador: «¡ve, vende todo lo que tienes y repártelo entre los más desfavorecidos! Con progresistas de pacotilla como éstos, ¿para qué necesita una sociedad conservadores?

Y al final sale Alberto Núñez Feijóo sirviéndole en bandeja a la oposición galaica una oportunidad mediática:

«Agradezco la presencia del Presidente del Gobierno. Contribuye a resaltar la importancia de Galicia y del Camino de Santiago en la cultura europea»

¡Qué oportunidad para convocar al Real Patronato!

Hablando de caminos a Santiago, al Presidente gallego o a sus asesores, se le ha olvidado el camino idóneo, y exento de toda polémica, que podría haber utilizado Rajoy para protagonizar la entrega del Códice a Monseñor Barrio.

Han tenido una semana para convocar el Real Patronato de Santiago que, por cierto, lleva más de ocho años sin reunirse ni siquiera en el último Año Santo. Eso ya no sería simplemente una foto de Rajoy y Feijóo, sino talmente un botellón mediático Popular, bajo el paraguas del Rey como Presidente de Honor y un envoltorio genuinamente institucional que habría dejado a la oposición sin su legítimo derecho al pataleo. ¡Qué error, qué inmenso error!

Nada más natural que convocar al Real Patronato de Santiago que, según el REAL DECRETO 260/1991 de 1 de marzo, especifica las atribuciones del organismo en la última de las sucesivas reformas desde su creación en 1964.

Pero con las prisas, la ansiedad electoralista, el PPdG ha caído en la trampa de convertir en un acto con evidente tufo partidista, un evento que podría haber alcanzado una indiscutible dimensión institucional, más eco en Europa y otro tratamiento en unos medios de comunicación que, en varias ocasiones, han expresado la extrañeza de que el Patronato no haya sido convocado desde el 2003.

¡Que mayor promoción, ante el mundo y Europa, que la devolución de un Códice Calixtino cuya suerte preocupaba, desde hace un año, a la opinión pública y la opinión publicada occidental! Pero vistiendo al muñeco. Si ventajismos partidistas.

Sin ir provocando por una Plaza del Obradoiro, una plaza del mundo, en el que este domingo no se escuchaban las campanas repicando a gloria, sino las voces de los peregrinos, algunos de buena fe, otros infiltrados, gritando con la mirada clavada en Rajoy: «¡fuera, fuera!, ¡tú no deberías estar aquí!

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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