OPINIÓN/ Javier González Méndez

Xosé Luis Barreiro (La Voz de Galicia) defiende un Parlamento con 75 «aprietabotones»

Xosé Luis Barreiro (La Voz de Galicia) defiende un Parlamento con 75 "aprietabotones"
Xosé Luis Barreiro. PD

Xosé Luis Barreiro Rivas, ex Vicepresidente de la Xunta de Galicia, ex Diputado del Parlamento, profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de Santiago, asesor esporádico inmobiliario, fundador de una empresa de comunicación y columnista de La Voz de Galicia, todo junto, todo revuelto, hacía este 30 de julio de 2012 un alegato teórico contra el ERE parlamentario que propone el Partido Popular en Galicia.–VER ARTÍCULO

Lo considera una «paletada» ventajista por parte de una derecha que no quiere perder su mayoría absoluta, al mismo tiempo que califica la respuesta de la oposición bipartita (PSdG-BNG) de «cutre y lamentable», si la única razón de ambas fuerzas es el retorno al poder perdido aprovechando los vientos propicios de la crisis. De nuevo una de cal y una de arena. Otra vez esa proverbial prudencia galaica de poner una vela al diablo y otra a Dios.

El politólogo se pone después serio, profundo y le explica al personal la trascendencia de mantener los 75 escaños actuales. Imparte una clase exprés y pone el énfasis en la importancia de «las comisiones legislativas y especiales, permanentes y no permanentes, que determinan el correcto funcionamiento de la institución»

¿A que suena bien? Sus fervientes seguidores, que me consta que los tiene, se habrán perdido en sus consideraciones técnicas sobre la proporcionalidad, la eficacia y dos o tres líneas más dedicadas a la compleja anatomía parlamentaria. Y todo ello para reafirmar su posicionamiento en un debate banal, recurrente, al que se puede asistir prácticamente todos los días frente a una cerveza, un cafelito o una copa: si el tamaño importa.

Xosé Luis Barreiro se despertó ayer decidido a defender un órgano representativo grande, voluminoso, como aparato reproductor de leyes del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Pero les aseguro que está suficientemente bien dotado para defender todo lo contrario: un aparato más pequeño, más juguetón y más activo. Esa es la virtud de un buen polemista. Y puedo asegurarles que, el hijo del cartero de Forcarei, que salió de la prestigiosa cantera de Comillas, media hora después de hacerte adorar a Dios es capaz de convencerte para que te pongas de rosillas ante el diablo.

Bajo el título «Una regioncita con su parlamentito», este vigía en su torre de marfil, que muestra de vez en cuando en La Voz su morriña de los tiempos lejanos en los que participaba en el «juego de tronos» de Galicia, pasa bruscamente de su teoría ortodoxa parlamentaria, en una teórica Galicia, a la cruda realidad de un país, el suyo y el mío, en el que languidece un Parlamentiño con 75 Diputadiños.

Lo compara con los Parlamentos de Euskadi y Cataluña, escaparates de «identidades nacionales asumidas y ejercidas», y reduce al conjunto del poder legislativo galaico a la categoría de niños practicando ese juego que aburre a las piedras: «y tú más»

¡Ergo, sobran niños en el Parlamento gallego! Ese juego lo pueden practicar exactamente igual 75 que 61 criaturas. Y, mientras tanto, querido Xosé Luís, nos podemos ahorrar ese millón de euros al año que a ti, en Cataluña y Euskadi, con sus paradigmáticos parlamentos, te parece otro chocolate del loro.

Luego, cuando sus señorías se hagan mayores, sensatos, responsables, como esos diputados vascos y catalanes que han contribuido, por acción u omisión, a déficits democráticos o presupuestarios (Estadiños con parlamentazos), si quieres nos tomamos un café y lo hablamos.

A los ciudadanos, ahora, le producen más placer, o quizá menos mala leche, las instituciones pequeñas, juguetonas y activas. Algo menos de bulto, de parafernalia, de salarios, de complementos, de gastos de representación y movilidad, y mucha más claridad.

¡Qué le vamos a hacer, amigo mío Vixía! El tamaño ideal de las cosas no se rige ya por los tópicos cánones de la cantidad (esa paletada de caballo grande, ande o no ande), sino por los racionales y, en la actualidad, inevitables cánones de la cualidad.

O sea, con los mismos criterios de tus columnas breves y jugosas. Por cierto, en la próxima, podrías reflexionar sobre la influencia de la reducción de periodistas en todos los medios gallegos, incluido ese en el que escribes, a la hora de garantizar ese otro derecho fundamental a la información. Te sugiero, con toda humildad, un título: «Una regioncita con sus periodiquitos».

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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