OPINIÓN/BAJO EL CHAPARRÓN

García-Page encuentra en Ávila un rival a tener en cuenta: es igual que él

Ambos necesitan de la política para comer, lo que les hace peligrosos

García-Page encuentra en Ávila un rival a tener en cuenta: es igual que él
Emiliano García-Page y Juan Ávila. PD.

La gestión de Ávila al frente de la Diputación de Cuenca se tradujo en un aumento desproporcionado de la deuda

A Emiliano García-Page ya le pisan los talones dentro de su partido. Ya no hay tapados ni compañeros agazapados a la espera de una nueva catástrofe electoral, sino alguien que públicamente «no se descarta» para sucederle al frente de la secretaría general del partido en la región. Su nombre es Juan Ávila y entre otros cargos en el PSOE es alcalde de Cuenca.

Juan Ávila y Emiliano García-Page son dos gotas del mismo vaso de agua aunque el primer edil conquense no se ha aprovechado tanto como el toledano de la creación de la comunidad autónoma. Con un currículum menor en cargos que su, desde ahora, rival político, Ávila ha sabido mantenerse casi siempre alejado de las polémicas en puestos políticos de escasa responsabilidad directa salvaguardando su imagen y desgastándose lo mínimo. Sin embargo, su paso por la Diputación provincial de Cuenca una vez que José Manuel Martínez Cenzano perdió la Alcaldía de la capital conquense dejó más sombras que luces y situó la deuda por habitante de la Diputación como la más elevada de toda la región, siendo también la institución provincial que más se endeudó en España. Su gestión generó más de 20 millones de euros de deuda, que se dice pronto.

Además, su continuo afán de protagonismo – el PSOE le colocó como presidente de la Diputación provincial como trampolín para disputar la Alcaldía al PP – le enfrentó en más de una ocasión al Equipo de Gobierno popular del Ayuntamiento contra el que ejerció, junto al Gobierno regional de José María Barreda, una presión nunca vista hasta la fecha. Todo valía con tal de estar en el candelero… Todavía se recuerda en Cuenca el desorbitado presupuesto que se gastó Ávila en empapelar las Casas Colgadas y en sufragar viajes en AVE a distintos colectivos, con la que estaba cayendo…

Page ha encontrado en Ávila un rival demasiado parecido a él. Sin empleo conocido, como él, necesita de la política para comer y eso es peligroso. Las cartas se van poniendo sobre la mesa y la partida se pone emocionante. Por lo menos Page ya no tiene que mirar atrás. El rival lo tiene al lado.

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