RB habló con él días antes del trágico desenlace: “Nadie me quiere para trabajar, soy demasiado mayor a mis 52 años”

[Vídeo] El mendigo que murió rodeado de ratas en un banco frente al Palacio March

Llegó hace 16 años a Mallorca y bebía cinco cartones de vino al día

Ninguno de los cientos de turistas que cada mañana cogen el autobús en una parada cercana se percató de su presencia

Por azares de la vida un redactor de Reinformación Balear habló con él pocos días antes de que le encontraran muerto este miércoles 14 de agosto, tumbado sobre un banco de piedra de la palmesana Plaza de la Reina, muy cerca del fastuoso Palacio March que inauguró en 1945 el financiero Juan March Ordinas.

LIMOSNA

Le conocían por nombres diversos, entre ellos el de Hans, o Toni, y llevaba en Mallorca dieciséis años tras haber dejado atrás una azarosa vida en Alemania, donde había nacido hace 52 años:

«Me vine a trabajar de camarero cuando esto iba bien. A mí me encantan los españoles, sobre todo por el detalle que ha tenido usted de regalarme el mechero cuando le he pedido fuego. Eso no pasa fuera. Estoy a veces con Jaume Santandreu en Es Refugi, aunque no recuerdo cuando lo dejé y me vine aquí. No compro lotería ni nada de eso, no creo en la suerte. Hay que currar, pero nadie me quiere para trabajar, soy demasiado mayor a mis 52 años,. El otro día dejé mi currículo en la Playa de Palma, pero como no tengo teléfono…Voy tirando con la limosna que me dan.»

MUERTO POR CAUSAS ‘NATURALES’

Eran cerca de las ocho de la mañana cuando un trabajador de Emaya, del servicio de limpiezas, se percató de que algo raro pasaba. En el banco, a los pies de la estatua de Joan Alcover, el ‘inquilino’ no daba muestras de querer levantarse a pesar del trajín.

Cuando le tocaron en el hombro se dieron cuenta de que estaba muerto. Junto a él había una cestita con unas monedas, unos envases de plástico y varias pertenencias metidas en una bolsa. Las ratas, como puede verse en el vídeo, pululaban a su lado entre la basura.

UNA PARADA DE AUTOBÚS

A escasos metros de distancia la parada del autobús bullía como cada mañana. Cientos de turistas se afanaban por cogerlo. Nadie se percató de su presencia; ni ese día ni quizás antes.

La zona está atestada de indigentes desde hace años. En invierno duermen bajo un portal, más cerca de la casa señorial que también hace las veces de museo. En verano hace demasiado calor, y se reparten.

Hans, o como sea que se llamara, se bebía una media diaria de cinco cartones de vino, o los que podía. Últimamente, tras haber sufrido un accidente y romperse un brazo, tuvo que se enyesado. Desde entonces apenas cuidaba de su higiene en la aledaña fuentecilla. Sus amigos lo recuerdan:

«Era muy buena persona, una vez le tuvimos que tirar al agua de aquí porque olía mal. Jamás montaba líos. La Policía dice que se ha muerto de forma natural, No sé, tan joven…»

Luces y sombras en la ciudad.

 

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