Su rueda de prensa de despedida es el colofón a un desastre como presidente

Las seis verdades que dejan al socialista Griñán a la altura del betún

A la hora de la verdad, liga su marcha del Gobierno andaluz a la “erosión de los ERE”

Las seis verdades que dejan al socialista Griñán a la altura del betún
Jose Antonio Griñán. EFE

El líder socialista no descarta tampoco dejar la presidencia federal y la secretaría general del PSOE

«Se ha optado por un relevo generacional y de género». Se me ocurren pocas frases más humillantes y denigrantes para la aludida que ésta pronunciada por José Antonio Griñán, con la que explicaba los motivos por los que ha elegido a Susana Díaz para sucederle como presidente de la Junta de Andalucía.

Ser mujer y joven son los principales atributos que Griñán destacó de su sucesora. Es decir que igual que a Susana Díaz podría haber elegido a decenas más sólo con darse un paseo por la calle Sierpes.

O mejor aún, podría haber puesto un anuncio por palabras de esta guisa:

«Se busca mujer joven para presidenta de la Junta. No se requiere experiencia. Se ofrece buena remuneración».

Como subraya Benjamín López en ‘ESD’, es la idiotez zapaterista, chaconil, bibianista y pajinil del «todos y todas», «jóvenes y jóvenas», «andaluces y andaluzas», llevada al máximo esplendor.

La verdad es que el discurso de Griñán ante la prensa para anunciar su renuncia no tuvo desperdicio. Además de esta desafortunada forma de presentar a su sucesora, el ya ex presidente andaluz dio un bochornoso espectáculo cuando se refirió al caso de los ERE. Prácticamente se mostró a sí mismo como una víctima a quien este asunto ha causado «un enorme daño personal».

Parecía como si él pasara por allí casualmente, como si los ERE hubieran caído del cielo, como si él no hubiera sido consejero de Economía cuando se repartieron los mil millones de forma irregular, como si la Intervención General de la Junta no le hubiera alertado personalmente a él en varias ocasiones de esas irregularidades, como si tras ser elegido presidente no hubiera puesto todos los palos posibles en las ruedas de la investigación de la juez Alaya.

Se va para que el escándalo de los ERE no «erosione» al Gobierno andaluz, pero no abandona su escaño en el Parlamento autonómico «porque es mío», dijo literalmente.

Curioso argumento. Nada tiene que ver eso, ni por lo más remoto por supuesto, con su deseo de mantenerse blindado, lejos de los zarpazos de Alaya, gracias a su condición de aforado.

De hecho, al ser preguntado por su posible imputación, respondió como si le estuvieran preguntado por qué tiene la cara pintada de verde.

«No sé de qué se me puede imputar. No contemplo esa posibilidad porque no hay ninguna figura delictiva que se me pueda imputar». Bueno, pues quizás en un breve espacio de tiempo aprenda algo de derecho penal y se entere de cuáles son esas figuras delictivas.

La rueda de prensa de despedida fue el colofón a unos años como presidente que no van a pasar precisamente con letras de oro a los libros de historia.

Se le recordará por seis cosas, y ninguna buena: como el presidente que fue designado a dedo, que llegó manchado por los ERE tras pasar por la consejería de Economía, que perdió las elecciones frente al PP, que aumentó el paro a niveles nunca vistos, que mintió cuando dijo que agotaría la legislatura y que se marchó por la puerta de atrás, con el rabo entre las piernas y manteniendo de forma cobarde el blindaje ante la juez Alaya.

 

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