Tras poco más de un mes en prisión condenada por el caso Can Domenge, la expresidenta del Parlament hace amigas

Maria Antònia Munar se pasea por la cárcel con bolso y tacones rodeada de yonquis

Va a la peluquería dos veces a la semana y paga con tabaco

Maria Antònia Munar se pasea por la cárcel con bolso y tacones rodeada de yonquis

Ha hecho buenas migas con Antònia Ordinas, exgerente del CDEIB, condenada por 'levantarse' más de 11 millones de euros

Lleva poco más de un mes y una semana en la Prisión Provincial de Palma, y a Maria Antònia Munar su estancia entre rejas no le ha hecho perder ni mucho menos las buenas maneras.

La reciente entrega de diplomas en el recinto de los cursos de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), ha servido para que algunas presas cuenten ahora sus impresiones sobre ‘la Munar’, que es como la llaman, y a ninguna le duelen prendas en señalar que «es una buena mujer que siempre está dispuesta a echar una mano a quien lo necesite».

La tantas veces ‘ex’, léase de la extinta UM, del Consell de Mallorca y del Parlament balear, la misma que otrora diera a Francesc Antich las llaves del Govern ‘traicionando’ a Jaume Matas en un imprevisible ‘Pacte’, no acaba sin embargo de llevarlo del todo bien.

«LLORA MUCHO»

Y es que a decir de sus compañeras la condenada a seis años por el famoso caso Can Domenge se pasa el día llorando, aunque mantiene el tipo cada vez que sale de su celda individual paseándose por el pabellón de mujeres bolso en ristre con sus zapatos de tacón, como si de un momento a otro se fuera a marchar.

Munar hace gimnasia, va dos veces por semana a la peluquería, donde paga el arreglo con dos cajetillas de tabaco, y ha hecho además muy buenas migas con otra recién llegada: Antònia Ordinas, exgerente del CDEIB, –la mujer de la soprano– condenada a casi cuatro años al estar implicada en el saqueo de 11 millones de euros desde el Consorcio para el Desarrollo Económico de Baleares en época, cómo no, de Matas.

A MISA Y YONQUIS

Los fines de semana va a misa, cosa que no hacen por cierto la mayoría de las dos docenas de yonquis que comparten con ella el pabellón, y en donde además hay cinco homicidas.

¿La Munar? Claro que hemos hablado con ella. A la hora de comer. Es supersimpática», relatan a ‘Diario de Mallorca‘:

«Se pregunta qué hace aquí. Dice que no sabe qué ha hecho para estar aquí. Y yo digo: ¿cómo que qué hace aquí? ¡Si ha robado!»

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