Salvador Esteve: "Fue una experiencia muy desagradable y violenta. Hubo un momento en el que pensé que me iba a agarrar por las solapas"

La bronca del Rey a CiU llega tarde para tres generaciones de niños intoxicados de separatismo

El mayor error al redactar la Constitución fue ceder las competencias en Educación

Así, de rondón, se coló el virus del independentismo en las aulas catalanas y vascas

«Tú no piensas como yo pero tus hijos me pertenecen». Detrás de esta escalofriante frase atribuida a Adolf Hitler se esconde toda una teoría del uso del sistema educativo como instrumento de propaganda política al servicio de la causa nacionalista, ya sea alemana, serbia o catalana.

Y es que -como detalla Benjamín López en ‘ESD‘- apropiarse de las aulas para adoctrinar a los niños y, de paso, hacerse con los medios de comunicación -los públicos controlados directamente y los privados domesticados a fuerza de subvenciones e inyecciones económicas- para difundir masivamente el mensaje es típico de los gobiernos nacionalistas.

Así lo pone de manifiesto el historiador, escritor y periodista alemán Guido Knopp, experto en el Tercer Reich y autor del libro Los niños de Hitler, quien afirma que «las escuelas de Adolf Hitler son centros políticos de educación para una selección de la juventud alemana.

Quien ha pasado esa formación está políticamente marcado y es un luchador incondicional del nacionalsocialismo».

Qué quieren que les diga, lo que está ocurriendo en Cataluña desde hace 30 años cada vez se parece más a esto.

Escuelas donde el nacionalismo es asignatura obligatoria, donde la historia se falsea impúdicamente, donde se impone el catalán artificalmente como elemento diferenciador, donde se vigila a los niños en los patios y se les señala con pegatinas rojas en su expediente por hablar español.

Así los hijos de los catalanes, sean del signo que sean, crecen convenientemente convertidos al nacionalismo y aseguran la perpetuación de esa ideología.

La manipulación de los menores es tan descarada y cotidiana que hasta la televisión pública TV3 emite un informativo infantil con alto contenido político, claramente secesionista, en el que niños opinan a favor del independentismo o contra España, su país por cierto.

Y tanta es la perversión intelectual y moral que CiU y Esquerra lo ven «normal» y se sorprenden ante las críticas.

Probablemente el mayor error cometido al redactar la Constitución fue ceder las competencias en Educación a las Comunidades Autónomas.

Así, de rondón, se coló el virus del independentismo en las aulas catalanas (y vascas también, claro) y durante varias décadas se ha ido contagiando de pupitre en pupitre.

Ahora nos hemos enterado de que el Rey se cogió un cabreo de órdago con motivo de la manifestación independentista del año pasado en Barcelona en la celebración de la Diada.

Pagó los platos rotos el presidente de la Diputación de Barcelona y dirigente de CiU, Salvador Esteve, a quien Don Juan Carlos abroncó en público unos días después con un sonoro «tú, ¡vaya la que habéis organizado en Cataluña sacando a la gente a la calle con engaños y con la ayuda de éstos de TV3, del Avui y de La Vanguardia!».

La cosa fue subiendo de tono, hasta el punto de que «hubo un momento en el que pensé que me iba a agarrar por las solapas», según ha relatado Esteve.

El enfado del Rey estaba plenamente justificado, pero ¡qué pena que no se produjera hace 30 años! Entonces, en 1978, era el momento de haber cogido por las solapas a los nacionalistas y haberles negado el traspaso de las competencias en Educación.

Aún estamos a tiempo de hacerlo, porque si algunos quieren abrir la caja de Pandora de la reforma constitucional y, como dice Elena Valenciano, «en le debate cabrá todo», no veo por qué no podemos hablar de quitarle al nacionalismo esa pistola ideológica que es la Educación mal utilizada.

Quizá estemos a tiempo de hacerlo, lo veo difícil, pero me parece que sería demasiado tarde porque las mentes de los niños catalanes ya les pertenecen.

 

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