Se acepta como normal en Cataluña que no se puedan expresar opiniones discordantes?

Diario de un no nacionalista: ¡O te callas…o te largas!

Diario de un no nacionalista: ¡O te callas…o te largas!
Cataluña, TV3, propaganda, independentismo, escuela, economia, boicot y campañas. ER

hay personas que apuestan sin parpadear por condenar al destierro –esa es la palabra que subyace en la discusión- a todo aquél que no comulgue con lo establecido o que, como yo, se atreva a expresar en voz alta mi disidencia

No me gustaría caer en una especie de historia del ahora o en una sociología de la inmediatez, pero muchas veces –cuando las costumbres son asumidas como naturales y evidentes por una gran parte de la población- el aquí y ahora son pistas inequívocas del sentir y el sentido político y moral de la sociedad, en el caso que inspira estas líneas nos encontramos con la cada vez más habitual discusión entre amigos y/o familiares respecto a la tan traída y llevada independencia de Cataluña, cuando alguien al que aprecias –y no tiene un gran interés por la política ni mucho menos por la teoría política- espeta “¡pues quien esté en contra de Cataluña que se vaya!” (esta es una versión de las muchas que me he ido encontrando a lo largo de los últimos meses).

  Y cuando se inquiere al interlocutor que aclare lo que significa ese “ir contra Cataluña” –más allá de algún balbuceo con el que ganar tiempo para ordenar las ideas- concluye con las manidas soflamas expelidas por los medios de comunicación nacionalistas (casi todos los que se editan en Cataluña): “pues los que van en contra del catalán…”,”los que están en contra del catalán en las escuelas…”, etc…

¿cómo es posible que se acepte como normal que en democracia no se puedan expresar opiniones discordantes con lo establecido sin ser tachado de fascista o que seas invitado a marcharte o a callarte?

Ante situaciones como esta, en las que hay personas que apuestan sin parpadear por condenar al destierro –esa es la palabra que subyace en la discusión- a todo aquél que no comulgue con lo establecido o que, como yo, se atreva a expresar en voz alta mi disidencia, me hace reflexionar, ¿cómo es posible que una sociedad formada (pero no ilustrada) y moderna asuma postulados totalitarios y excluyentes como los expresados más arriba?.

¿Cómo es posible que en Cataluña coincida casi miméticamente la “opinión púbica” con la publicada?

¿Cómo es posible que tantísima gente haya asumido como Verdades inapelables lo que no son otra cosa que arengas a lo emocional e irracional del ser humano?

¿Cómo es posible que se acepte como normal que en democracia no se puedan expresar opiniones discordantes con lo establecido sin ser tachado de fascista o que seas invitado a marcharte o a callarte?

ha creado un complejo de inferioridad en muchos catalanes (complejo contagiado a partidos como el PSC ) que no encajan con los Principios del nacionalismo

Quizás la respuesta haya que buscarla en el adoctrinamiento identitario que el nacionalismo ha perpetrado durante los últimos treinta años, adoctrinamiento que a través de las escuelas, los medios de comunicación y las organizaciones de la “sociedad civil” subvencionada ha inoculado un imaginario colectivo que otorga a Cataluña una entidad diferenciada y superior al resto de España.

Eso ha hecho creer a los catalanes que solo hay un camino legítimo para considerarse como tal, que ha creado un complejo de inferioridad en muchos catalanes (complejo contagiado a partidos como el PSC ) que no encajan con los Principios del nacionalismo…pero este ha sido un camino muy largo, ha sido la concreción de unos horizontes de significado que lograsen que una gran capa de la población fuese adepta a los postulados políticos del soberanismo (a esto se le llama “construcción nacional”, moldear mentalidades propicias a tus intereses políticos)…

es como una escalera muy poco virtuosa, escalera que parte de unas ideas preñadas de exclusión e intolerancia, que…pasa a formar parte del imaginario colectivo, del imaginario pasa al sentido común …y del sentido común se llega a la obligación moral

Pero ¿cómo han llegado a considerarse como propias y legítimas las opiniones con las que empezaba este artículo?, ¿cómo es posible que gran parte de la sociedad haya hecho suyas las herrumbres irracionales y excluyentes que subyacen en cualquier ideología nacionalista (cultural, étnica y/o  lingüística)?.

La inculcación de ese horizonte de reconocimiento en la mentalidad de la gente hace que les suene familiar, normal y propio esa perspectiva ideológica nacionalista, los argumentos historicistas, el relativismo cultural y lingüístico cuasi ontológico, y las mentiras propaladas por los próceres del independentismo…

Cuando se dice “¡España nos roba!” es un argumento que encaja en esa mentalidad…existe un ente llamado “España” diferenciado a un nosotros del cuál siempre llegan noticias negativas y sospechosas, por lo que es plausible que efectivamente nos robe

Este recorrido es como una escalera muy poco virtuosa, escalera que parte de unas ideas preñadas de exclusión e intolerancia, que gracias a la utilización de lo público y la repetición sin medida sin fin pasa a formar parte del imaginario colectivo, del imaginario pasa al sentido común (de ahí la perplejidad y la agresividad  que se intuye en los iniciados en los misterios del nacionalismo cuando se topan con cualquier tipo de disidencia), y del sentido común se llega a la obligación moral, a que haya gente quien se crea con la potestad de anteponer las creencias a la libertad, quien puede hacer callar a quien no piense como él…o le invite a marcharse…

se trata de una política del enfrentamiento, de buenos y malos, de los unos y los otros, del nosotros y ellos

Imagino que a los que no residen en Cataluña les sorprenda que la política esté tan infiltrada en la vida cotidiana de los catalanes, en las reuniones de amigos, en las comidas de las familias, pero se trata de una política del enfrentamiento, de buenos y malos, de los unos y los otros, del nosotros y ellos.

Es una política hecha desde y para las vísceras que destierra cualquier atisbo de racionalidad argumental, parte de premisas autoevidentes  que concibe e inventa un enemigo –una alteridad- tan deformada como sospechosa, sospechosa hasta el punto de que por el mero hecho de expresarte en español equivalga a pertenecer a una adscripción política poco democrática  y/o un estatus socio-cultural digamos bajo o como una mera anomalía histórica (como cuando Toni Soler “arrugó la nariz” cuando supo que la novela filonacionalista Victus estaba escrita en castellano, o cuando la Generalitat dejó fuera de la Feria del libro de Fráncfort a los autores catalanes que escribían en español…)

Hasta este punto estamos llegando en Cataluña, esto es lo que estamos soportando los catalanes.

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