El tono ha cambiado, pero solo en el terreno de la economía se llega a acuerdos

Mariano Rajoy le deja claro a Artur Mas que no va a permitir «ningún tipo» de referéndum en Cataluña

Mariano Rajoy le deja claro a Artur Mas que no va a permitir "ningún tipo" de referéndum en Cataluña
Artur Mas. EP

El clima ha cambiado. La palabra de moda vuelve a ser «diálogo» y en el Ejecutivo se esfuerzan en ofrecer una imagen amable. Nada de gestos que puedan entenderse como beligerantes.

«Estamos dispuestos a abrir un nuevo clima de diálogo siempre dentro del marco de la Constitución y de las leyes. Siempre estamos dispuestos a abrir marcos de diálogo. Son muchos los temas que nos afectan, y nosotros hemos dado muestras de lealtad institucional», expuso este jueves la vicepresidenta al término del Consejo de Ministros.

Como explica Pablo Montesinos en Libertad Digital, hace una semana, los puentes con la Generalidad parecían rotos. El gélido apretón de manos de Mariano Rajoy y Artur Mas el miércoles 23 en Barcelona supuso el punto de inflexión.

Pero entonces llegó la boda de los Lara-Brufau y Soraya Sáenz de Santamaría se acercó al líder catalán y empezó el deshielo. Luego, el Gobierno refrescó la memoria sobre los frecuentes contactos que mantiene con Duran Lleida -el hombre de CiU en el Congreso, tachado de moderado- y personajes clave de la Generalidad -como Andreu Mas-Collel, el consejero de Economía-.

Llegó la foto de la distensión, con la vicepresidenta y Duran charlando en el escaño de éste como si nada.

En paralelo, Alfredo Pérez Rubalcaba acudía a Barcelona tras reunirse con sigilo con Rajoy. Y todo el mundo empezó a escribir y hablar del nuevo clima.

Rajoy está más cómodo en este escenario. Esto es, con el «diálogo» en los titulares y no con la tensión. Él siempre ha dicho que nunca romperá el canal de comunicación; hasta las últimas consecuencias, suele afirmar, tratará de mantener una vía de diálogo.

De hecho, cada vez toma más forma lo que ya avanzaba este diario el miércoles: que se pueda celebrar un nuevo despacho, discreto o no, entre el presidente y Mas. No se ha desvelado la fecha ni formato, pero se trabaja en ello.

Diálogo, contactos, relación institucional. Pero el Gobierno, Rajoy en primera persona, acotan el contenido de esa negociación negada públicamente. Se habla de economía y de política, pero existen líneas rojas.

Sobre el primer punto, y a la espera de que se rediseñe el modelo autonómico en 2014, Cristóbal Montoro mantiene una interlocución fluida con Mas-Collel.

«El Estado es decisivo para el pago de las facturas», destacan.

«Sigue siendo así y el Gobierno sigue inyectando dinero», explican. En eso no parece haber fricciones.

Sobre la «crisis política» -el Gobierno ya usa este término- las buenas palabras no suponen, de momento, un acercamiento en las cuestiones de fondo. Rajoy no será el presidente con el que se rompa España, dicen en la Moncloa.

Y esa fractura tendría un primer paso con la celebración de una consulta, con el formato que sea. Cargos implicados en el diálogo ponen la mano en el fuego: «Es una decisión firme» no permitir el pretendido referéndum, en ningún caso y «de ningún tipo».

Ni con una ni con varias preguntas ni convocando la Generalidad o siendo el propio Estado. Todo, aseguran al más alto nivel, «es rigurosamente falso».

«Sobre el asunto de la consulta ya lo hemos dicho muy claramente: el Gobierno no puede hacer nada que no permitan la Constitución y las leyes, que son meridianamente claras», en voz de la vicepresidenta.

«Podemos establecer un diálogo con lealtad», añadió, y ésta depende del cumplimiento del marco legislativo del que «deriva el mandado de todos los que estamos en las instituciones».

Diálogo, pero firmeza en las cuestiones de fondo. Y de ahí el pesimismo en el gabinete: no ven señales de que Mas se vaya a echar para atrás. Si finalmente convoca, el Gobierno recurrirá y el Tribunal Constitucional prohibirá la consulta. Entonces, creen, Mas irá a unas elecciones «plebiscitarias».

Si renuncia a la consulta, el problema no estaría resuelto pero Rajoy ganaría tiempo. «Las elecciones serían a cara de perro pero estaríamos hablando de otra cosa», en voz de un alto cargo.

Aunque, insisten, no hay motivos suficientes para creer que no pondrá una fecha encima de la mesa.

Los empresarios han jugado un papel decisivo en este nuevo contexto. «Cuando hay dos con discrepancias, lo que hay que hacer es sentarse» para que, al final, «ganen los dos», en opinión de Antonio Brufau.

«Espero que prevalezca el sentido común», dijo en un breve análisis desde Panamá, coincidiendo con la cumbre Iberoamericana. Los contactos de Rajoy con la élite económica del país son constantes y sabe de la preocupación existente.

En todo caso, las relaciones entre Gobierno y Generalidad cada vez se parecen más a una montaña rusa. Todo parece roto y, en una semana, de nuevo buenas caras y «diálogo». Pero el problema de fondo sigue ahí.

En el último despacho de Rajoy y Mas todo fueron buenas palabras, pero el presidente le dijo que bajo ningún concepto aceptará la consulta.

«Es una decisión firme», prometen.

 

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