Diario de un NO nacionalista

El independentismo y la navaja de Ockham

El independentismo y la navaja de Ockham
Cataluña

… si el problema es cómo regenerar la política, ¿qué es mejor cambiar el sistema o asumir los riesgos de convertirse en un país independiente pero un paria europeo y, después, ya veremos cómo nos regeneramos?, ¿o es qué la regeneración es únicamente la excusa y el malestar social es el caldo de cultivo independentista?…

Me gusta ser claro, el problema de España y de los españoles no viene por ninguna cuestión territorial, ni por el «encaje» o no de un determinado territorio, España sufre por un sistema político y administrativo cuyo coste es insoportable, no solo eso, sino porque al rebufo de las burbujas financiares se ha hipertrofiado tanto el aparato administrativo como la corrupción política, cosa que ha derivado en una de las cuestiones más preocupantes de la actualidad: la desafección política de una población profundamente decepcionada.

Lo dicho hasta aquí es algo tan evidente que ruboriza hasta escribirlo, el problema es que si ahora -cuando la crisis económica ha hecho retroceder la marea de la aparente opulencia dejando a la vista la putrefacción del sistema- no hacemos nada al respecto, no regeneramos las instituciones, no reforzamos los controles democráticos, no hacemos de la transparencia pública nuestra bandera y facilitamos al participación racional de la ciudadanía en la toma de decisiones, volveremos al punto de partida, seguiremos repitiendo los patrones que nos han conducido hasta dónde estamos.

Pues bien, tenemos a los actores políticos nacionalistas enfrascados en una lucha territorial en Cataluña, políticos que insisten en pedir la «independencia para cambiarlo todo», pero ¿cambiar exactamente qué?, eso no lo dicen, y cualquier persona sensata podría preguntarse ¿cómo alguien -que forma parte de la corrupción política- puede presentarse como regenerados del sistema?

Y aún más, ¿por qué el independentismo ha acelerado su proceso poniendo fechas políticamente inmediatas?, ¿por qué todo debe girar en torno al año próximo?, ¿por qué la ansiedad por cerrar la fecha y pregunta del referéndum de autodeterminación antes de que finalice este año?

Hay quién pensará, quizás ingenuamente, que es algo simbólico -que efectivamente lo es-, que es una estrategia para mantener la tensión y evitar que decaiga el empuje nacionalista, -que también lo es-, pero ambas cosas podrían ser razones necesarias -responden a una estrategia de socialización de la ideología- pero no suficientes, porque en mi opinión, la clave aquí la encontramos precisamente en lo que decía en los dos primeros párrafos de este artículo, es decir, la clave está en que el movimiento independentista ha recogido y pretende acaparar el resentimiento y la desafección política de una gran parte de la población.

De ahí proceden las prisas, ahí encontramos la obsesión por hacer una consulta de respuesta binaria, de ahí la cerrazón por centrar el discurso y la agenda política en el tema territorial -nacional como les gusta decir al nacionalismo biempensante- el problema radica en que este proceso no solo tapa las contradicciones y perversiones de la política y la sociedad catalana, sino que también sirve de tremenda cortina de humo que está sirviendo para ocultar las vergüenzas nacionales.

Pero, si al problema es como decíamos de regeneración política, lo pasásemos por la navaja de Ockham (aquella que dice «en igualdad de condiciones, la respuesta más sencilla suele ser la correcta») al planteamiento independentista diría así: si el problema es cómo regenerar la política, ¿qué es mejor cambiar el sistema o asumir los riesgos de convertirse en un país independiente pero un paria europeo y, después, ya veremos cómo nos regeneramos?, ¿o es qué la regeneración es únicamente la excusa y el malestar social es el caldo de cultivo independentista?, en fin, lo realmente destacable es ver cómo vivimos sobre la navaja pero que muy pocos sean conscientes de que nos están empujando a la peor de las soluciones, que nos están ofreciendo una solución para un problemas inexistente.

 

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