Diario de un NO nacionalista

La Generalitat de Cataluña ni aplica leyes ni acata sentencias

La Generalitat de Cataluña ni aplica leyes ni acata sentencias
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es un sistema circular, que introduce lo simbólico en las aulas (no hablo de las esteladas en los centros educativos) de la mano de una historia tan sesgada como manipulada, de una precoz diglosia en forma de inmersión obligatoria y persecución del uso del castellano hasta en los patios (hay algunos –o muchos- profesores dispuestos a ejercer de comisarios políticos de la Causa)… Unas tradiciones convertidas en actos de exaltación “nacional”, de la politización de la lengua catalana y desprecio de la castellana

La Consejera de Educación Irene Rigau ya ha avisado de que no podrá aplicar la sentencia del Tribunal Supremo en la que reconoce el derecho de unos padres a escoger la lengua vehicular en el periodo de educación infantil, a esto se une las declaraciones del gobierno catalán advirtiendo que incumplirá la ley de educación del ministro Wert (LOMCE).

Esta nueva sentencia a favor de los derechos de los padres para que sus hijos puedan ser educados en su lengua materna, para que no tengan que renunciar a su identidad cultural, para que la educación deje de ser un instrumento de asimilación “nacional, ha caído como un jarro de agua fría para los defensores de la “construcción nacional-ista”.

Irene Rigau, defiende su oposición a la sentencia aduciendo incompatibilidades competenciales reconocidas en el Estatuto de Autonomía, alardea de las bondades de un sistema educativo de “éxito” como la inmersión lingüística y da argumentos políticos como la pretendida “recentralización” del Gobierno (recentralización que no es más que la última invención en la neolengua nacionalista con la que mantener la tensión social frente a un enemigo imaginario).

Si nos damos cuenta, vemos como hay dos líneas rojas sobre las que aparece toda la agresividad y la hiel del nacionalismo catalán, estas son los medios de comunicación públicos y la “inmersión lingüística”, pero ¿a qué es debida esta obcecación?, básicamente porque son los ejes sobre los que han construido un sistema de aculturación, asimilación identitaria y predisposición política hacia los postulados soberanistas.

Este sistema –el Sistema- es un sistema circular, que introduce lo simbólico en las aulas (no hablo de las esteladas en los centros educativos) de la mano de una historia tan sesgada como manipulada, de una precoz diglosia en forma de inmersión obligatoria y persecución del uso del castellano hasta en los patios (hay algunos –o muchos- profesores dispuestos a ejercer de comisarios políticos de la Causa).

Unas tradiciones convertidas en actos de exaltación “nacional”, una politización de la lengua catalana y el desprecio de la castellana, el círculo se cierra gracias a unos medios de comunicación en los que se refuerzan dicha manipulación simbólica haciendo pasar como “normal” todo lo aprendido en la época escolar.

Pues bien, y volviendo a la insumisión institucional, Irene Rigau aplaude cínicamente las bondades y éxitos de la inmersión lingüística, ¿se referirá a los “excelentes” resultados de los distintos informes PISA?, o quizás, ¿estará hablando de los manipulados sistemas de evaluación de competencias lingüísticas en los que se exige menos nivel en lengua castellana para elevar su puntuación y así poder mantener la ficción de la idoneidad de la inmersión lingüística?, ¿por qué ocultan datos y estudios como los de la catedrática en pedagogía y asesora del gobierno sueco en temas de educación, Inger Enkvist que alertan del despropósito de dicha inmersión obligatoria?

Por último quisiera resaltar algo común en el discurso nacionalista, hablo del doble rasero con el que tratan a las instituciones democráticas, tratamiento que depende de la oportunidad o situación política, es una forma de democracia contextual, si es un contexto favorable denigran a las instituciones que frenan los planes soberanistas, si por el contrario estás en una situación defensiva recurren a ellas sin rubor.

En este caso Irene Rigau recurre a un más que denostado –por todos los agentes políticos y mediáticos al servicio del nacionalismo- Estatuto de Autonomía para defenderse de… ¡una sentencia!, o “amenaza” con recurrir a una de las bestias negras del periodismo y la intelectualidad orgánica nacionalista: al Tribunal Constitucional…

Pero, más allá de que todos los españoles tenemos derecho a dirigirnos a nuestro Tribunal Constitucional, cabría preguntarse una cuestión, en el caso de una sentencia favorable a los postulados de la Generalitat, ¿será tan legítima como la del Estatuto de Cataluña de 2006?, ¿o es que acaso la legitimidad del Alto Tribunal únicamente depende de los intereses propios?.

 

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