Diario de un NO nacionalista

Amnistía Internacional ¿quintacolumnistas y traidores?

Amnistía Internacional ¿quintacolumnistas y traidores?
Pilar Rahola. PD

“… me refiero al intento de convertir en enemigo al adversario, en traidor a quien ejerce su derecho a disentir y en sospechoso al que no quiere participar, en definitiva, al embrutecimiento del acto de debatir democráticamente…”

Las columnas de opinión al servicio de la defensa de la “construcción nacional” parecen haberse convertido en las almenas y torreones desde dónde se trata de neutralizar cualquier argumentación, personaje u organización que ose llevar la contraria a los próceres del nacionalismo, reduciendo así cualquier atisbo de encauzar el debate –desencadenado por las prisas soberanistas- por vías democráticas, esto es, mediante el debate franco, abierto y plural.

Naturalmente no hablo de las lógicas diferencias de opinión y óptica, ni de las divergencias políticas dirimidas en las arenas mediáticas, no, me refiero al intento de convertir en enemigo al adversario, en traidor a quien ejerce su derecho a disentir y en sospechoso al que no quiere participar, en definitiva, al embrutecimiento del acto de debatir democráticamente, parece que el nacionalismo no tolera la pluralidad, solo espera la unanimidad en los mínimos “nacionales.

Existen ejemplos muy recientes en los que se ha intentado denigrar figuras significativas de la sociedad catalana por el mero hecho de posicionarse políticamente en contra de los planes del gobierno de la Generalitat, sin ir más lejos contra Montserrat Caballé, pero el enemigo a batir, a deslegitimar o cuestionar no solo son ciudadanos sino también organizaciones que no quieren verse arrastradas en la espiral de exaltación nacional-ista, ni quieren ser utilizadas políticamente.

En este caso el punto de mira de los proyectiles mediáticos han apuntado a Amnistía Internacional, Pilar Rahola desde La Vanguardia, después de que esta organización decidiese no vincular la entrega de sus premios a la ¿celebración? del Tricentenario de 1714 ha procurado vapulearles cuestionando el prestigio de dicha organización, dudando de su neutralidad política y de su comportamiento ético, en la locura maniquea de este nacionalismo cada vez más excluyente.

Rahola habla de Amnistía-España, como no, España es la encarnación de todos los males, es la excusa con la que justificarlo todo, es una palabra que mancilla todo, que contamina todo, y esa obsesión totalizadora, esa necesidad de adhesión tan incondicional como irracional les lleva a denigrar a organizaciones que se han batido el cobre –y se baten- contra el totalitarismo, aparezca dónde aparezca, adopte la forma que adopte.

Imagino que por ello Amnistía Internacional no ha querido dejarse instrumentalizar políticamente por el nacionalismo, ya que el objetivo de éstos era magnificar el falaz relato victimista al relacionar anacrónicamente una guerra de Sucesión de hace cientos de años con la lucha por los Derechos Humanos, pero el anacronismo historicista es algo tan asumido por el nacionalismo que no conciben que haya alguien que no quiera ser partícipe ni cómplice de ello.

Con esta concepción de la realidad, con esta tendencia a politizar lo moral e ideologizar lo ético, no es de extrañar que a todos los que no comulgamos con las ruedas de molino independentistas se nos tache de “quintacolumnistas” (¿acaso la pluralidad de opiniones políticas y la disensión respecto al discurso oficial es algo extraño a la democracia o será que la democracia a lo nacionalista no tolera la oposición? y “traidores” (¿será que existe una ser-político-aquí adscriptivo y quién renuncia a ser heterónomamente determinado se convierte automáticamente en traidor?).

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