Diario de un NO nacionalista

Cataluña: ¿Hacia un apartheid nacionalista?

… (Artur Mas dixit) “…tan catalán es el que vota que sí (en el referéndum de autodeterminación) como el que vota que no…”, como pueden ver los que no queremos que nos dividan, los que no queremos que nos manipulen, los que no creemos necesaria ni oportuna ninguna consulta rupturista, no somos considerados por el President, quizás para él solo seamos esa quintaconlumna que tanto le molesta, esa voz en el desierto de la homogeneización política nacionalista

Hubo un tiempo en el que la xenofobia, la obsesión indentitaria y la diglosia se escondían bajo felices soflamas que, en verdad, únicamente trataban de influir en una población poco propicia al adoctrinamiento, hablo de la infame era pujolista, cuando el ínclito Jordi Pujol no dejaba ninguna ocasión o foro para repetir aquello de “catalán es aquél que vive y trabaja en Cataluña.

De vez en cuando el expresidente de la Generalitat se paseaba por algunos de los barrios aborrecidos por el actual nacionalismo, se mezclaba entre la gente, les hablaba en catalán, les hacía sentir como si formasen parte de un todo, como si las instituciones catalanas fuesen realmente integradoras, el problema es que el objetivo no era integrar, sino asimilar, era un plan sistemático de aculturación y politización identitaria.

 Pues bien, ya han pasado más de 35 años desde la restauración de la Generalitat, y la metódica planificación de la “construcción nacional” parece estar dando sus frutos, esta mostrando su verdadera cara, su verdadera esencia intolerante –peligros de los que ya nos advirtieron en 1981 los firmantes del llamado “manifiesto de los 2300”-, su tergiversada versión de la democracia y una intolerable perversión del lenguaje.

Ahora tenemos un nuevo presidente en la Generalitat, un gobernante que ha renunciado a representar a todos los catalanes, un dirigente convertido en agitador de artificiales mayorías, un hábil manipulador gracias a los onerosos medios de comunicación que mantienen la ficción independentista, Artur Mas siempre recurre, siempre se escuda, en la democracia, pero vacía de contenido el concepto, desdibuja su espíritu, hace creer que la palabra hace la cosa.

En Cataluña hemos pasado de “catalán es el aquél que vive y trabaja en Cataluña” a (Artur Mas dixit) “…tan catalán es el que vota que sí (en el referéndum de autodeterminación) como el que vota que no…”, como pueden ver los que no queremos que nos dividan, los que no queremos que nos manipulen, los que no creemos necesaria ni oportuna ninguna consulta rupturista, no somos considerados por el President, quizás para él solo seamos esa quintaconlumna que tanto le molesta, esa voz en el desierto de la homogeneización política nacionalista, esa disidencia que lucha por la pluralidad democrática.

Entre las perlas que Artur Mas expresó en la entrevista laudatoria del pasado lunes, dijo cosas como “…el foco hay que ponerle en poder votar…es el sistema democrático, la democracia en “estado puro”… todos los votos son igualmente respetables…”, palabras vacías, instrumentalización de las democracia.

Cuando piden votar se les olvida (u ocultan) que solo piden votar por y para la independencia, que cuando reclaman una “democracia en estado puro” solo buscan un proceso constituyente (saltándose “el gobierno de las leyes” y el estado de derecho), proceso que nada o muy poco tiene que ver con la democracia, en verdad lo que quieren es una escisión con el Resto de España, una relegación de la identidad española en Cataluña…una división entre catalanes.

Si analizamos las palabras de Artur Mas, dando plácet de catalanidad a quiénes participen en una consulta ilegal, se vislumbra, se hace constatable, que Cataluña es una sociedad fracturada por las ambiciones políticas de un trasnochado romanticismo culturalista, si, además, leemos la interpretación que hace ERC de la pregunta de la consulta, vemos cómo la diglosia lingüística ya ha permeado en los principios básicos de la democracia: en el de igualdad y representatividad.

La pregunta “inclusiva” está diseñada para que solo los que quieran la independencia puedan llegar hasta el final, es decir, el que vota “no” al primer apartado queda apeado del proceso, se le aparta de esta especie de segunda vuelta conformadora de aclamaciones independentistas, pero no solo eso, quienes decidan votar “no” a lo del “Estado” y no a la independencia serán considerados votos nulos…todo está diseñado para la ruptura, todo por, para y hacia la Victoria.

Yo soy de los del no y no, pero a lo que me niego es a que nos obliguen a elegir entre sensibilidades, entre identidaes, me niego al adoctrinamiento, a la homogeneización, a la manipulación política, a la utilización ideológica de las instituciones, a la democracia aclamativa, a la fractura en dos de la sociedad catalana, me niego y me aterra que en muy pocos foros, en muy pocas charlas informales nadie repare en este especie de apartheid político sustentado en la interiorización de una moral de esclavo antidemocrático.

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