Diario de un NO nacionalista

Francesc Homs: Algo huele a podrido en nuestra democracia

"Junto a este patriotismo romántico y decimonónico encontramos un victimismo propiaciatorio"

Homs: En Cataluña hay mucha más libertad… que en España"

…se tensiona a la sociedad al hacer creer que los catalanes nos enfrentamos a una falaz disyuntiva: la vida o la muerte: “Es que si nos quedamos donde estamos, moriremos…”, naturalmente la vida en el diccionario nacionalista significa independencia y la muerte, como no, España…

Algo o muchas cosas no funcionan bien en nuestra democracia, no puede ser que personajes como Francesc Homs estén en cargos de tanta responsabilidad como el que ocupa (es el Consejero de la Presidencia y portavoz del gobierno catalán), lamentablemente que la mediocridad (o algo peor) esté al frente de los asuntos públicos es algo que lo podemos encontrar a lo largo de todo el territorio nacional.

Sin embargo, como no podía ser de otra manera, la política catalana es alumna aventajada en las contradicciones de nuestro sistema político, alumna y muchas veces faro desde el que se irradia una deformada concepción de la democracia, que degrada, empobrece, y pervierte nuestra democracia.

Esto es así, quizás, porque para el nacionalismo nuestra democracia está previamente deslegitimada, está contaminada por ser española, esa obsesión por adjetivar el concepto se podría engarzar en el relativismo lingüístico, en la creencia en que el nombre hace la cosa, en que la lengua dota de sentido la existencia, en una democracia hueca e instrumentalizada que es necesario adjetivar (participativa, radical, popular, asamblearia, directa…catalana).

Francesc Homs podría ser el paradigma de la mezquindad en nuestra democracia, el lenguaje que usa es lo más parecido a la neolengua orwelliana, aquella cuyo objetivo era manipular, invertir la realidad, cuya base es esa razón cínica que tan de moda está y estuvo en sistemas totalitarios, una racionalidad al servicio del mito, pero no solo esto, a ese lenguaje se une un discurso organicista que concibe a Cataluña como un ser objetivable junto a un anacrónico historicismo teleológico que trata de fundir y confundir pasado, presente y futuro.

En la entrevista al portavoz de la Generalitat se puede observar ese espíritu pendular y binario tan propio del nacionalismo catalán, por un lado trata de insuflar un falso orgullo patrióticoUn país que ha sido capaz de hacer lo que ha hecho estos últimos trescientos años es un país que es capaz de todo…”, con el que aunar a la Causa a parte de una población catalana necesitada de referentes colectivizadores.

Junto a este patriotismo romántico y decimonónico encontramos un victimismo propiaciatorio, que busca poder justificarlo todo, que recoge el organicismo del que hablaba más arriba, con el que se excita el sentimiento de pertenencia tribal, con el que se tensiona a la sociedad al hacer creer que los catalanes nos enfrentamos a una falaz disyuntiva: la vida o la muerte: “Es que si nos quedamos donde estamos, moriremos…”, naturalmente la vida en el diccionario nacionalista significa independencia y la muerte, como no, España…

La manipulación de la información, la negación de una realidad tan cotidiana que ya pasa desapercibida a gran parte de los catalanes, llega al paroxismo cuando Francesc Homs se dedica a dar lecciones de pluralidad y libertad diciendo que en Cataluña “…hay mucha más libertad…” que en España.

 Pero el cinismo no acaba aquí, el Sr. Homs afirma (alguien como él que es el responsable de asignar las subvenciones más o menos camufladas a los medios de comunicación adeptos al Régimen) que “Los medios son mucho más plurales, si se compara, y obviamente los públicos también… no hay esa situación endogámica entre el sistema de comunicación y la política española… En Cataluña somos más plurales”.

No quiero finalizar este artículo sin hacer una última reflexión que retoma el título de este escrito, algo huele a podrido en nuestra democracia cuando nuestros partidos políticos no cumplen una de sus principales funciones: ser estructuras meritocráticas que lleven a los mejores cuadros a los puestos de responsabilidad política, algo funciona pésimamente en España cuando la clase política recurre a un relato que emponzoña nuestra democracia, algo debe estar corrompido cuando desde los mismos partidos no haya nadie que se atreva a denunciar a estos líderes, quizás porque la crítica signifique acabar apeado de las listas electorales.

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