La terrible circunstancia es que Ávila fue presidente de la Diputación provincial
Hay quien piensa que el PSOE en Castilla-La Mancha anda como pollo sin cabeza, desnortado y sin falta de liderazgo. Es una especie de camarote de los hermanos Marx donde cada uno va a salvar el pellejo, a buscar un puesto para seguir viviendo de la política. Luego, lo secundario, es servir al ciudadano.
Esto viene a cuento por la última «ocurrencia» del alcalde de Cuenca, Juan Ávila, y sus críticas a que una etapa de la Vuelta Ciclista a España salga de Carboneras de Guadazaón, un pueblo a menos de 40 kilómetros de la capital que anda revolucionado por acoger un evento único y posiblemente irrepetible que supondrá, ni más ni menos, ponerlo en el mapa de España. Ávila habla de una conspiración del Gobierno regional para que no salga en la foto con lo que perjudica seriamente la economía de la ciudad de Cuenca. ¿Acaso la caravana que acompaña a la Vuelta no va a alojarse en Cuenca, a tan solo 34 kilómetros?
La pataleta puede verse como un ejercicio legítimo de un alcalde socialista deseoso de tener fuera la proyección que le falta en Cuenca, pero sus críticas son cuanto menos hirientes porque vienen de alguien que durante la legislatura pasada fue presidente de la Diputación provincial. Y no cualquier presidente, sino el que más ha ganado en la centenaria historia de la institución, lo que demuestra que ser un profesional de la política sin alma puede resultar peligroso y contraproducente. ¿Realmente fue presidente para favorecer la provincia o sólo en beneficio propio?
A Ávila le ha contestado – y de qué manera – el delegado del Gobierno regional en la provincia, Rogelio Pardo, quien recuerda que recuerda que la prueba ciclista moviliza a centenares de personas y asegura que muchos se alojarán el día antes en Cuenca, ya que Carboneras no tiene suficiente infraestructura hotelera.
EGOCENTRISMO ENFERMIZO
Sin embargo, la respuesta más contundente ha llegado del alcalde de Carboneras, José Luis Eslava, que además de enumerar las ventajas que tendrá para toda la comarca considera que el egocentrismo del primer edil conquense es «enfermizo» y manifiesta que «a usted, en referencia a Ávila, le da igual Cuenca, su desarrollo, sus gentes, sus calles, o si la ciudad avanza o no. Lo único que le importa es poder «salir en la foto», como afirmaba su flamante compañero de partido García-Page en su última visita a Cuenca. Es más, nunca le ha interesado la provincia, ni se ha molestado en conocerla y participar de sus inquietudes y necesidades».
Termina Eslava invitando a Ávila a que asista a Carboneras a la salida de la Vuelta diciéndole que no se preocupe, que si es por la foto él mismo pone la cámara.
Toda una lección de cómo no hay que hacer las cosas en una provincia tan necesitada de promoción.
