Diario de un NO nacionalista

Artur Mas, la opacidad y la Liga Norte

Artur Mas, la opacidad y la Liga Norte
Artur Mas se despide de Roberto Maroni, líder de la Liga Norte. ABC

“…sitúa al nacionalismo catalán en la órbita de los partidos y movimientos políticos de tendencias populistas, xenófobas (hispanófobas en nuestro caso), clasistas y retrógradas, con un discurso basado en la creación de chivos expiatorios (“Roma, ladrona”, “España nos roba”)…”

Uno de los pilares del plan diseñado en el Palau de la Generalitat para afrontar lo que conciben como la recta final hacia la independencia es la comunicación y la gestión de tiempo político, pero en este caso hablamos de manipulación informativa y la creación de una imagen (más que distorsionada) de unas instituciones catalanas supuestamente respetuosas con los principios democráticos.

Entre las distintas cortinas de humo diseñadas para divertir a la población, ocultar la laminación del Estado del Bienestar en Cataluña y, de paso, reforzar el victimismo nacionalista, hay un denominador común en forma de “velo de manipulación” con píldoras de manipulación ética con las que ocultar el auténtico fundamentalismo irracional que subyace a todo este Proceso.

Una de ellas es tremendamente chocante, hasta el punto que podría concentrar la razón cínica sobre la que pivota el discurso nacionalista, básicamente es un empeño en hacer pasar la cosa por el nombre, no importa la realidad social y política, importa la realidad publicada, me refiero a la campaña publicitaria –que alimentó las exiguas facturaciones de todos los medios de comunicación al servicio de la Causa- en la que se informaba al público de la nueva página web de la Generalitat denominada “Transparencia”.

Es evidente que esta estrategia cumple el dicho “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, el problema es que el día a día de la política niega el cumplimiento principio de publicidad, esa necesidad de poner al alcance del dominio público todo lo que ocurre en la Generalitat, sobre todo cuando se trata de cuestiones fundamentales para el futuro de todos los catalanes y del resto de españoles.

Este empobrecimiento democrático no es fruto de un desgaste sistémico por dejación política, no, en el caso catalán hablamos de una ocultación deliberada y pertinentemente dosificada de información vital para la ciudadanía, una publicidad imprescindible para tener una democracia saneada con una población dotada con argumentos veraces suficientes con las que ejercer sus derechos y deberes democráticos.

El último episodio lo ha protagonizado, como no podía ser de otra manera, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, reuniéndose de forma subrepticia con el presidente la formación xenófoba italiana Liga Norte, reunión que no aparecía ni siquiera en la agenda oficial del Presidente (haciendo gala del cinismo que comentaba más arriba respecto a la “transparencia” informática del gobierno catalán).

Como era de esperar, esta reunión no ha hecho que TV3 ni Catradio abran sus noticiarios con ellas, ha sido conveniente ocultada o discretamente recogida por alguno de los diarios orgánicos situándola en alguna página interior izquierda, como si de una nota de prensa más se tratara, sin hacer hincapié en la vergonzante y tendenciosa opacidad informativa de la Generalitat.

Únicamente la presión de algún medio digital y las redes sociales ha hecho reaccionar a Artur Mas que ha enviado una carta al diario italiano La Repubblica para “distanciarse de la Liga Norte”… Este artículo sí que ha merecido mayor atención de un diario como La Vanguardia.

La reunión con Roberto Maroni solo recoge los exiguos frutos de un nacionalismo esencialista obsesionado con internacionalizar un proyecto condenado al fracaso y a la frustración, recoge el silencio, la sorpresa y la indiferencia de unas cancillerías más preocupadas por problemas reales de sus propias administraciones.

Pero también sitúa al nacionalismo catalán en la órbita de los partidos y movimientos políticos de tendencias populistas, xenófobas (hispanófobas en nuestro caso), clasistas y retrógradas, con un discurso basado en la creación de chivos expiatorios (“Roma, ladrona”, “España nos roba”) sobre los que descargar tanto la rabia por un cada vez más débil sentido tribal de pertenencia como para crear un escenario con el que sustentar un victimismo propiciatorio de excitaciones y fracturas políticas y sociales.

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