Diario de un NO nacionalista

“España nos roba” o la batalla por la comunicación

“España nos roba” o la batalla por la comunicación
Política, politicos, propaganda y partidos. PY

“…hay algunos que vertebran ese espíritu excluyente como el de “España nos roba”, que concentra las máximas del proyecto independentista, da como válido la existencia de una alteridad amenazadora denominada “España”, hay un nosotros diferente a ellos y encontramos el recurso al miedo y a la conservación de lo propio.”

La partida más importante que se está jugando en Cataluña es la de la comunicación, pero no solo hablo del abrumador y asfixiante control nacionalista de unos grandes medios de comunicación social al servicio de la Causa independentista, no, me refiero a la que nos encontramos en el día a día de la calle, en las conversaciones más o menos superfluas entre amigos, conocidos o compañeros de trabajo.

Es precisamente ahí, en lo socialmente cercano dónde el individuo decide, en última instancia, cuáles son sus preferencias, preferencias la mayor parte de las veces alejada de cualquier Teoría de Elección Racional y cercanas al mundo de las emociones, de las sensaciones compartidas, de lo fácilmente reconocible, es donde encontramos los resultados del adoctrinamiento y de la manipulación política.

El argumento fácil, la soflama repetida y el estereotipo son la munición con la que el nacionalismo ha conquistado el espíritu y las mentes de muchos de mis conciudadanos catalanes, hasta tal punto que la retahíla de diatribas inventadas por los cocineros del nacionalismo parecen haberse convertido en una especie de sentido común estandarizado.

Resulta sorprendente contemplar la cara de estupefacción y desasosiego que ponen algunos compañeros y amigos (convertidos consciente o inconscientemente en antenas de repetición de las proclamas pergeñadas por el nacionalismo) cuando se les desmontan lo que creían ser verdades autoevidentes.

Pero, ¿cómo es posible que se mantenga y se acepte como propio (durante años) un discurso basado en mentiras y burdas deformaciones de las realidad?, ¿cómo es posible que el ciudadano responda diligentemente a la llamada de la movilización social del poder nacionalista sin cuestionarse la veracidad, necesidad u oportunidad de lo reclamado?, ¿dónde queda la responsabilidad del individuo ante este estado de obediencia implícita?

“…los árboles de las mentiras no nos dejan ver el espeso bosque del “velo de la manipulación” en el que vivimos en Cataluña…”

El problema radica en la estructura misma del sistema creado por el nacionalismo para captar para la Causa a los indiferentes, a los no iniciados en los misterios nacionalistas, esto es, tenemos una ideología irracional y fundamentalista que, al igual que una religión, basa su credibilidad en que no se pueda demostrar que no son verdad sus afirmaciones, y, por tanto, asaltan el terreno de lo plausible.

Y esta es la clave sobre la que gira el proceso de ingeniería social, hay que evitar a toda costa entrar en un debate de ideas, huyen de la confrontación racional, de la argumentación dialógica, porque con ello emergería el esencialismo irracional del que parten los postulados nacionalistas, de ahí el acaparamiento informativo, las noticias digeridas, la información pasada por el cedazo de la desinformación, los árboles de las mentiras no nos dejan ver el espeso bosque del “velo de la manipulación” en el que vivimos en Cataluña.

Velo construido sobre mentiras deformadoras que conforman una cosmovisión excluyente y esencialista de la realidad, que tranquilizan con argumentos seudo-racionales la incómoda realidad esencialista del nacionalismo, hay algunos que vertebran ese espíritu excluyente como el de “España nos roba, que concentra las máximas del proyecto independentista, da como válido la existencia de una alteridad amenazadora denominada “España”, hay un nosotros diferente a ellos y encontramos el recurso al miedo y a la conservación de lo propio.

Hay otros argumentos que se van creando y fraguando a medida que avanza la “construcción nacional”, tratan de contrarrestar y deslegitimar cualquier información que dañe o cuestione el Proceso, encontramos una multitud de ellos como el adanismo político: “Yo no he votado esta Constitución”, o presupone una democracia hueca: “¿Por qué no nos dejan votar?”, o parten de un cinismo antológico: “Consulta no significa independencia, significa democracia”…

Por ello deberíamos contrarrestar allá donde estemos con argumentos sencillos y racionales todas la soflamas que nos encontremos, el objetivo no es combatir la manipulación con manipulación, el objetivo es enriquecer y, sobre todo, crear debate, es rebatir lo plausible con lo verificable, lo probable con lo constatable, es disputar y cuestionar ese artificioso horizonte de reconocimiento impuesto por el nacionalismo, es perder el miedo y acabar con la espiral de silencio que subyuga la libertad y la democracia en Cataluña.

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