Diario de un NO nacionalista

Cataluña: ¿Cómo funciona la maquinaria independentista?

Cataluña: ¿Cómo funciona la maquinaria independentista?
Banderas esteladas y manifestantes por la independencia de Cataluña. EP

“….el independentismo sigue la práctica de actuación política leninista, infiltrándose y controlando todas las organizaciones catalanas, el objetivo político de todo ello es doble, el primero es, básicamente, ponerlos a disposición y al servicio de la Causa, todo ello gracias a esta “dinamización” nacionalista organizada alrededor de la ANC (Assemblea Nacional Catalana) y Òmnium Cultural.”

En alguna de mis animadas charlas con amigos independentistas siempre llegamos a un punto muerto, sobre todo cuando me dedico a deconstruir los vagos conceptos del laberinto lingüístico creado por del movimiento soberanista, lenguaje tan perverso como simplificado con el que nutrir las arengas nacionalistas.

Pero más allá del divertimento que supone observar la vacuidad intelectual del romanticismo popularizado posmoderno, me sorprende y me preocupa cómo ha calado, cómo ha cuajado entre la población –más o menos cultivada- no solo dicha jerga independentista, sino una insana tolerancia hacia lo democráticamente inaceptable. 

En Cataluña encontramos una mezcla de tolerancia, resignación y, muchas veces, sumisa colaboración con los devaneos totalitarios del poder nacionalista, el relato creado por el soberanismo está tan asumido que llega a pasar desapercibido por gran parte de la población catalana, y este es un síntoma más que evidente de la peligrosa degeneración de nuestra democracia.

El proyecto independentista no se conforma con imponer su discurso, ni con la manipulación mediática de la televisión y la radio pública, el esquema trazado trata de controlar cualquier organización social, cultural o política, el objetivo no es únicamente la sutil imposición de una forma localista y provinciana de entender el mundo, el sentido último es unir pensamiento y realidad (social), por ello esa obsesión por unir relato y territorio, de ahí la insistencia en la toma simbólica de lo cercano.

El simbolismo en forma de banderas independentistas por doquier, constantes carpas de organizaciones soberanistas en nuestras plazas y calles o la recogida de firmas a favor de la DUI (Declaración Unilateral de la Independencia) es la manera con las que forzar un sentido ideológico a la cotidianeidad, de dar un significado unívoco al territorio inmediato, de sincronizar el tiempo político con la rutina diaria.

Pero ¿cómo lo consiguen?, ¿cómo pueden acompasar tiempos tan marcadamente distintos (el de la gente y el del Proceso)?, si seguimos con el ejemplo de la recogida de firmas llevada a cabo por la ANC (Asamblea Nacional de Cataluña) el pasado sábado día 11 y el domingo día 12, vemos como la densa red político-mediática al servicio de la Causa nacionalista une los discursos generalistas con los restringidos, cosa que hace pasar por “familiar (¡ya lo sabía!, ¡ya lo he visto en TV3!)” cuando alguien se topa con los de la ANC pidiendo firmas en su calle.

Los mecanismos de la “construcción nacional” están bien engrasados, primero se difunde profusamente la “recogida de firmas” a través de los noticiarios de TV3, como si de una aséptica noticia se tratase, a ello se suman las onerosas y manipuladas radios y televisiones municipales, y finalmente los diarios locales, con ello es difícil no estar informados de qué van a hacer los de la ANC, con ello nadie se cuestiona cómo es posible que una organización privada pueda “tomar” políticamente nuestras calles.

En mi ciudad, Sant Cugat del Vallés, no he escuchado ni una sola queja ante el fin de semana del aquelarre independentista, nadie se ha escandalizado cuando alguna asociación de vecinos ha puesto a disposición de la ANC sus instalaciones, nadie parece cuestionar que esa misma predisposición se de en el Club Muntanyenc, nadie discute la apropiación nacionalista de la sociedad civil…

Como vemos, el independentismo sigue la práctica de actuación política leninista, infiltrándose y controlando todas las organizaciones catalanas, el objetivo político de todo ello es doble, el primero es, básicamente, ponerlos a disposición y al servicio de la Causa, todo ello gracias a esta “dinamización” nacionalista organizada alrededor de la ANC (Assemblea Nacional Catalana) y Òmnium Cultural.

El segundo propósito es tratar de mantener la ficción de que el movimiento independentista es algo surgido de “la calle”, que es un clamor “popular, que ha desbordado a la clase política, naturalmente, en el espectro mediático catalán se oculta que tanto la ANC como Òmnium son simples resortes con los que ejecutar las consignas de los partidos políticos independentistas ERC y Convergència. 

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