Diario de un NO nacionalista

La guerra a banderazos de Rubalcaba

La guerra a banderazos de Rubalcaba
Pere Navarro, Alfredo Pérez Rubalcaba y Nuria Parlón. EP

“…es sobrecogedor observar ese artificioso posicionamiento equidistante y electoralista, esa falsa neutralidad de quién no quiere verse salpicado por más problemas y prefiere hacerse pasara por juez y jurado de un pleito inexistente, porque no existe un problema “catalán”, lo que tenemos es un problema con el monstruo nacionalista que ellos mismos han alimentado.”

Alfredo Pérez Rubalcaba parece estar fuera de juego, el PSOE anda políticamente perdido, sus propuestas programáticas podrían ser el paradigma de pésimas soluciones para problemas inexistentes, las premisas de las que parten únicamente profundizan en lo que los “neutrales” y “equidistantes” denominan el “problema territorial” o, más cínicamente, el “problema catalán”.

El secretario general del partido socialista ha reprochado al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy y al presidente de la Generalitat, Artur Mas, el andar enzarzados en una “guerra a banderazos, proponiendo una vez más su reforma federal de nuestra Constitución (para evitar su obsolescencia), apostando por el diálogo y acuerdos entre las partes…alertando del peligro de fractura social en Cataluña.

Me llama poderosamente la atención que tanto Mariano Rajoy como Rubalcaba, dos personas con una más que larga carrera política, eludan la responsabilidad y la autocrítica de lo que está sucediendo hoy día en Cataluña, me sorprende que obvien la actitud de colaboración (y muchas veces sumisión) del PP y el PSOE respecto al nacionalismo.

Me sorprende que quién ha mantenido una Ley Electoral con un claro sesgo favorable a los nacionalismos periféricos y un implícito turno de pacífico de partidos, no tengan el coraje de afrontar la realidad catalana, bien es cierto que el gobierno está desplegando una campaña informativa con la que combatir la manipulación nacionalista, pero ¿ahora?, después de más de treinta años de mirar para otro lado o de ser cómplice necesario del proyecto de ingeniería social desplegado por el poder político nacionalista.

Pero, volviendo a las declaraciones de Alfredo Pérez Rubalcaba, es sobrecogedor observar ese artificioso posicionamiento equidistante y electoralista, esa falsa neutralidad de quién no quiere verse salpicado por más problemas y prefiere hacerse pasara por juez y jurado de un pleito inexistente, porque no existe un problema “catalán”, lo que tenemos es un problema con el monstruo nacionalista que ellos mismos han alimentado.

Presuponer que asistimos a “una guerra a banderazos” es una doble huida, de la realidad y de la responsabilidad de cualquier ciudadano dedicado a la vida pública, el jefe de la oposición no puede convertirse en una especie de observador ajeno a la realidad que le rodea o en un antropólogo inocente adicto a la descripción ETIC (como si no fuera la cosa con él).

Primero de nada porque rehúye la responsabilidad de hacer un análisis de lo que realmente ocurre en Cataluña, porque el problema radica en los postulados excluyentes, la imposición identitaria y el adoctrinamiento político practicado por el nacionalismo, esto es, no hablamos de un problema territorial, nos encontramos con un problema de libertad, con un problema de falta de respeto al Imperio de la Ley, con la instrumentalización política de la democracia… y esto no se soluciona con una “reforma federal” de la Carta Magna.

No nos encontramos ante un enfrentamiento entre dos comunidades (aunque ese sea el objetivo del nacionalismo), ni ante dos formas de entender el mundo, ni ante dos culturas o religiones, ni existe una guerra de banderas o símbolos, y esa es la visión que se extrae de las propuestas socialistas, cosa que retroalimenta la necesaria fractura social con la que está jugando el nacionalismo para polarizar una sociedad políticamente poliédrica y compleja, reduciendo así el debate político a un interesado juego de suma cero.

La segunda cuestión que quiero tratar respecto a la propuesta estrella del PSOE es el de la cobardía de un partido que se dice “progresista”, cobardía por no encabezar un auténtico cambio que regenere (bueno, mejor, que genere, porque no se puede regenerar lo que nunca ha existido) nuestro sistema democrático, que haga de España una sociedad más justa y abierta al mundo, que se cambie la Ley Electoral, que se modifique la Constitución para que mejore la democracia, que se racionalice el sistema administrativo, que se profundice en la separación de poderes, que se democraticen los partidos políticos…

Y esto nada tiene que ver con un “problema territorial” ni con el diálogo con una minoría nacionalista que te niega tu propia existencia, es simple cobardía.

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