Diario de un NO nacionalista

El (mal) uso del Parlamento catalán

El (mal) uso del Parlamento catalán
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“….el Parlamento catalán parece haberse convertido en el engranaje del espectáculo de la “construcción nacional” con el que dotar de formalidad multitud de ocurrencias y argumentos nacionalistas, cosa que, como no podía ser de otra manera, empobrece a nuestras instituciones…”

De la actual legislatura catalana, iniciada tras un adelanto electoral reconvertido en una especie “año cero independentista” –y que tan pobres resultados dio a CiU-, debería pasar a los anales de la historia política, básicamente por el nivel de perversión, manipulación e instrumentalización de una institución tan fundamental para la democracia como es el Parlamento de Cataluña.

Imagino que no serán muchos los lectores que sepan que durante todo el año 2013 el gobierno de la Generalitat ha aprobado una sola ley, solo una, pero siendo así, ¿a qué se han dedicado los representantes de los ciudadanos catalanes?, en un sistema democrático sin los profundos sesgos ideológicos/escatológicos que marcan la política catalana, los parlamentarios se dedicarían a un exhaustivo control de la labor del gobierno, cosa que hubiese desembocado en un gran escándalo y, lo más probable, en una moción de censura.

Pero no, en mi comunidad autónoma la política se concibe como el eje central sobre el que pivota la propaganda nacionalista, los representantes de la órbita soberanista se comportan como élites, como vanguardias, como guías de lo que toman por populacho pertinentemente desinformado, un Parlamento en el que se juega con las palabras, dónde se mantiene la ficción de la forma, dónde el líder de la oposición es, en verdad,  el gobierno en la sombra de un ejecutivo convertido en maquinaria proselitista del “Proceso” independentista.

La perversión se ahonda aún más, la misma acción parlamentaria parece dedicada a muñir sabrosas pero huecas propuestas con las que alimentar y sustentar un imaginario colectivo concienzudamente inoculado en la sociedad catalana, esta forma de actuar suele justificarse porque lo “pide una mayoría social”, es como una reedición virtualizada de una especie “mandatos imperativos sociológicos.

La estructura de este bien hilvanado relato podría ser el siguiente: desde las instituciones públicas, y gracias a un potente entramado de propaganda mediática, se manipula a la sociedad con falacias y medias verdades, se crea un ambiente de tensión social propicio a los escenarios de ruptura, se encuadra a la ciudadanía en movilizaciones públicas y, con ello, se legitima que las instituciones dejen de ser (públicamente) neutrales para pasar a representar a esa “mayoría (mediática) instrumentalizada.

Como decía un poco más arriba, el Parlamento catalán parece haberse convertido en el engranaje del espectáculo de la “construcción nacional” con el que dotar de formalidad multitud de ocurrencias y argumentos nacionalistas, cosa que, como no podía ser de otra manera, empobrece a nuestras instituciones y a nuestra democracia, esta forma de actuar la hemos visto durante todo el año 2013 y, por lo que se ve, continuará siendo la tónica del 2014.

Entre las perlas de nuestras señorías encontramos un pronunciamiento del Parlamento en contra del Lapao, ¿acaso los catalanes no tenemos suficientes problemas económicos y sociales como para que nuestros parlamentarios estén discutiendo y perdiendo en tiempo en lo que hacen en otras comunidades autónomas?

Otra de las prioridades de nuestros representantes ha sido “reconocer la bandera estelada como un símbolo que representa un anhelo y una reivindicación democrática, legítima y no violenta”, ¿no resulta extraño que la cámara de representación de todos los catalanes tengan la necesidad de reconocer y dotar simbolismo democrático lo que solo representa a una minoría?, ¿o es que para ellos esa minoría es la vanguardia que debe guiar al rebaño social?

Entre las solemnes declaraciones de nuestro Parlamento podemos encontrar la llamada “Declaración de Soberanía”, declaración que suspendió el Tribunal Constitucional, o las diez veces que ha aprobado la invención del “derecho a decidir”, pero ¿qué sentido tiene hacer grandilocuentes declaraciones a sabiendas de que no tienes competencias ni potestades para ello?, pues básicamente para dotar de dignidad institucional el ideario nacionalista.

Finalmente me gustaría ilustrar una última reflexión de la mentalidad que subyace a esta instrumentalización de las instituciones democráticas con la actuación de los europarlamentarios, Ramón Tremosa (CiU) y Raül Romeva (ICV), cuando en el año 2012 presentaron una denuncia ante la Comisión Europea por el pisotón de Pepe a Leo Messi, esa mentalidad pueril nos debería hacer reflexionar.

Reflexionar, volviendo a Cataluña, respecto a qué sentido tiene tener un Parlamento como el catalán convertido en un actor más de la maquinaria nacionalista cuyo presupuesto anual es de 51 millones de euros, plantearnos qué hemos de exigir a nuestros políticos, porque la ciudadanía no debería estar relegada a ser una mera comparsa, espectador o cliente de la arena sociopolítica, el ciudadano debería saber también “quién entra y cómo entra en el parlamento; es necesario saber qué es lo que se hace y, paralelamente, qué es o qué no se hace, y por parte de quién” (Sartori).

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