Diario de un NO nacionalista

El “diálogo” entre Artur Mas y Felipe González

El “diálogo” entre Artur Mas y Felipe González
Artur Mas, Jordi Évole y Felipe González. PD

“… ¿cómo se puede defender en democracia que unas sutiles diferencias culturales generen diferencias en derechos?, ¿eso significaría –como significa- que en Cataluña existen dos comunidades, una amparada por un derecho de pernada en forma de “hecho diferencial” y otra discriminada por no ser (tan) diferente?

Jordi Évole, el Michael Moore español, ha logrado sentar en una mesa a dos pesos pesados de la política española, al actual presidente de la Generalitat y al expresidente Felipe González, naturalmente el diálogo a versado respecto al empecinamiento independentista del gobierno catalán.

Lo cierto es que, de este debate, no me ha sorprendido el discurso de Artur Mas, si nos damos cuenta, no hubiese hecho falta dicho este encuentro, porque, básicamente, ha repetido el esquema utilizado en la carta que hizo llegar a Mariano Rajoy (excepto el recuerdo al chivo expiatorio de todos los males del nacionalismo, José María Aznar) demandando poder hacer un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

La secuencia es tan sencilla, está tan marcada por hitos políticos, que es difícil no ver que responden a un plan predeterminado, una estrategia que debería llevarnos a la actual situación, sustentado por una calculada campaña de desprestigio de las instituciones españolas, de nuestro ordenamiento jurídico y gracias a una crisis económica hábilmente utilizada por la Generalitat para afianzar la sensación de que “España nos roba”.

El resumen es el siguiente: los “buenos” nacionalistas propusieron una reforma estatutaria para lograr un “nuevo” encaje entre “Cataluña y España”, un malévolo y manipulado Tribunal Constitucional “anuló la voluntad democrática de los catalanes”, a pesar de ello Artur Mas el compasivo quiso llegar a un acuerdo para el “Pacto Fiscal” pero Mariano Rajoy le cerró la puerta…ese malestar con “España” llevó a la “gran manifestación” del 11 de septiembre, manifestación que representa a una mayoría social favorable a la independencia.

Y, volviendo al debate de la Sexta, pudimos ver cómo Felipe González, a pesar de centrar el debate en el derecho de autodeterminación y no caer en trampas lingüísticas como lo del “derecho a decidir”, asumió como válidas gran parte de los argumentos autorreferenciales expuestos por Artur Mas.

Como cuando el Sr. Mas hablaba de “…acuerdos parlamentarios muy amplios…” (tan amplios que ni siquiera podrían modificar el Estatut) y que “…tenemos manifestaciones… en la calle con una cuarta parte de nuestra población…cada año…”, a lo que Felipe González respondió con un lacónico “Yo no niego la realidad…”, ¿la realidad son unas manifestaciones alentadas por el poder nacionalista y alimentadas profusamente por los medios de comunicación al servicio de la Causa?, ¿la realidad es la magnificación hasta el absurdo de unas cifras de manifestantes que en democracia no dicen nada más que la intencionalidad de saltarse los procedimientos democráticos?

Quizás este sea el problema, cuando los interlocutores tratan el problema del nacionalismo catalán desde la lejanía, sin estar inmerso en las formas y consecuencias de la “construcción nacional, como cuándo los dos interlocutores señalaron una de las causas del crecimiento independentista en la sentencia del Tribunal Constitucional respecto al Estatut de 2006, ¿acaso el Sr. González no recordaba la editorialización única de la prensa en contra de dicha sentencia o la falta de defensa de la resolución por parte de partidos políticos y del gobierno de la Nación?

Otro de los episodios que creo pasaron desapercibidos, al menos para el expresidente, fue cuando Artur Mas dijo al respecto de un posible cambio constitucional “…reformar la Constitución…lo proponen los catalanes, ¡no, se acabó, fuera!…”, ¿reformar la Constitución para conseguir un derecho de autodeterminación inexistente en ningún marco jurídico de nuestro entorno?, y cuestión muy sutil pero que expresa hacia dónde está derivando el debate, ¿quién propone una reforma son “los catalanes” o son los nacionalistas catalanes?

Lo más preocupante de este encuentro ha sido una de las últimas intervenciones de Felipe González: “… ¿Cómo se respetan los sentimientos de pertenencia, las identidades específicas, que crean la diversidad de España y qué repercusión diferencial tiene ese sentimiento de identidad?” y “…La lengua forma parte de la cultura y dentro de la cultura hay elementos que se añaden a la cultura y conforman algunas diferencias en el derecho…el hecho diferencial lo que no tiene que alterar lo que llamo el pacto básico de ciudadanía, los derechos y obligaciones básicos tienen que ser los mismos en todo el territorio.”

¿Acaso dicho respeto y reconocimiento a la pluralidad no está reflejada ya en nuestra Carta Magna?, ¿por qué no se hace hincapié en la falta de respeto y reconocimiento de la pluralidad cultural y lingüística de Cataluña?, ¿cómo se puede defender en democracia que unas sutiles diferencias culturales generen diferencias en derechos?, ¿eso significaría –como significa- que en Cataluña existen dos comunidades, una amparada por un derecho de pernada en forma de “hecho diferencial” y otra discriminada por no ser (tan) diferente?, ¿a qué derechos básicos se refiere el Sr. González?, ¿a qué, por ejemplo, nuestros hijos sigan sin poder estudiar en las escuelas en su lengua propia?

No quiero acabar sin destacar cómo Jordi Évole, con su periodismo cercano, con su aparente neutralidad política, con su falaz equidistancia ideológica, en verdad es el arquetipo de la asimilación de una serie de premisas que el nacionalismo ha logrado introducir en el imaginario colectivo de parte de la población catalana.

No solo me refiero a la aparición de tres catalanes no nacidos en Cataluña, un auténtico compendio de los tópicos catalanistas: “…en Cataluña no hay problema con el idioma…”, efectivamente en las calles no, pero pide que a tu hijo le den clases en español, exige que tu ayuntamiento se dirija a ti en tu propia lengua, lee los protocolos de usos lingüísticos de la sanidad pública… ahí está el problema…en la discriminación institucional de todo lo español (incluidos muchos ciudadanos).

Me refiero a la presentación previa del debate que Jordi Évole hizo en el espacio de la Sexta titulado La Sexta Noche cuando dijo:

“…ahí está el meollo de la cuestión… pero yo creo que no podemos seguir rigiéndonos exclusivamente por aquella Constitución que se votó en 1978, que empieza a haber ya varias generaciones en este país que no la pudieron votar, estamos alrededor del 70% de la población que no votó aquella constitución…creo que si convertimos la Constitución en un corsé puedes ser que a veces los ciudadanos vayan por delante de la norma…”.

¿No habrá nadie que le recuerde que eso se denomina adanismo político?, ¿no habrá nadie que le recuerde que en EE.UU. y otros muchos países no hay nadie que hayan votado sus constituciones o que en Reino Unido nadie ha votado nunca una constitución, básicamente, porque nadie la ha escrito?, ¿que la Norma Básica no es un corsé sino una garantía de que España se rija por el Imperio de la Ley y sea un Estado de Derecho?, ¿qué un Estado sin norma es un país sujeto a leyes privadas, a ambiciones particulares y a execrables populismos?

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